Para Central el semestre casi, casi que llegó al final. Es cierto, le faltan un par de partidos más, pero nada moverá el amperímetro de lo logrado en este primer tramo del año, en el que parte de la sentencia emergió en el Campeón del Siglo, donde no pudo meter en el bolso esa clasificación a octavos de final de la Copa Libertadores que fue a buscar.
Y no hay mucho por analizar de manera gruesa: el objetivo de la Copa grande del continente ya no podrá ser y lo que quedó fue el paso que nadie quería dar, hacia la Copa Sudamericana, en la que deberá jugar un play off contra uno de los segundos de esa competencia. Después, habrá infinidad de cosas más pequeñas para analizar y entre ellos deberá figurar, sin dudas, lo cerquita que estuvo de lograr su cometido, pero el no haber sabido aprovechar su momento en el partido fue otro de los pecados capitales que este equipo cometió a lo largo de una Libertadores de la cual se despidió.
No había otra forma de encarar lo que podía salir de esta noche en Montevideo sin hacer referencia, sin tener en cuenta que era triunfo o nada, que era Libertadores o Sudamericana, que era el oro o la plata. Y fue de todas ellas la segunda opción. Eso es lo que quedó de estos últimos 90 minutos en los que el equipo estuvo a casi nada de meter la heroica, pero que ante el mínimo error la persiana se le cayó en la cabeza.
Central venía con aires renovados, sobre todo desde lo emocional por lo que fue ese anuncio de Marco Ruben como refuerzo que alborotó a todo el mundo canalla, pero el fútbol es algo más que emociones y un buen momento. El fútbol y el trabajo hacia una clasificación es un largo camino y este Central lo transitó sin la firmeza que debía, de lo contrario no hubiese tenido que viajar a Uruguay con la obligación de ganar para lograr la clasificación.
Después de aquella consagración en Santiago del Estero esta Copa Libertadores se puso como objetivo primordial y la encaró con el compromiso y la ilusión del caso, pero el tránsito por la misma le fue poniendo distintos espejos al canalla, para que observara imágenes sin deformaciones.
Se sabe que el fútbol generalmente se define en detalles, con resultados van forjando a un equipo. Y a este Central por momentos le faltó la contundencia necesaria para que las aspiraciones nunca decaigan.
Hay pruebas que están a la vista y son evidentemente claras. Frente a una zona de grupos en la que, se sabía, había un equipo bastante más flojo que el resto, había momentos en los que era necesario marcar la diferencia. Y Central no lo hizo.
Haberse tenido que jugar el cuero en estos 90 minutos en Montevideo frente a Peñarol mucho tiene que ver por no haber podido ganar en Venezuela y, además, por fallar en un partido clave de local, como lo fue contra Atlético Mineiro, donde la sinrazón de algunos hinchas le dio al rival la ventaja de jugar como en un entrenamiento, sin gente en las tribunas. Peñarol, por ejemplo, lo resolvió de manera distinta con su gente.
Pero Central llegó a la última fecha con chances de clasificar y eso fue altamente meritorio. Y ni hablar de lo sucedido en estos 90 minutos, en los que estuvo cerca de meter una estocada de aquellas. Porque después de aquel flojo primer tiempo en el que quizá se haya ido al descanso en desventaja de manera injusta llegó ese complemento en el que cuando pisó el acelerador los nubarrones amagaron con desaparecer. Y estuvo tan cerca que se lamentó muchísimo ese error de Lovera en tres cuartos que desembocó en el segundo de Peñarol y la sentencia.
Con Ruben en un palco dispuesto a entrenar ya, con algunos viejos conocidos que podrían pegar la vuelta o con los que sea, Central ya no tendrá por delante la Copa Libertadores, sino que será Sudamericana. Es un desafío enorme también y por demás de tentador, pero no es lo que el canalla vino a buscar al Campeón del Siglo. La hazaña no pudo ser, pese a lo digno del intento.