Central tenía la mesa servida para conseguir un sueño importante, como era la clasificación a la próxima Copa Sudamericana. Dependía de vencer a Huracán en el Gigante. Incluso al mediodía se había anunciado la continuidad del Kily González para el 2022, en la previa de lo que podía ser un gran día en Arroyito. Pero todo salió patas para arriba. El equipo canalla fue un zombi en la cancha, por momentos arrastró la propia cruz de sus limitaciones con producciones individuales bajísimas para la primera división, incluyendo desde los juveniles a los experimentados, y así el quemero le propinó una goleada terrible. Los auriazules, perplejos, vieron como las chances coperas se esfumaban en cada estocada letal del globo, en lo que fue un inapelable 1-4, como le sucedió en la última fecha del torneo pasado ante Platense cuando no pudo clasificar a los cuartos de final. Un cierre de año pobrísimo para un equipo del Kily que remó muchísimo durante el torneo para meterse en el ruedo internacional y se ahogó en la orilla, en su orilla junto al río Paraná, en la soleada tarde del sábado. Un golpe tremendo a la ilusión de un Gigante repleto que iba por la clasificación.
A Central le salió todo mal, pero eso justamente ocurrió por impericia propia. Porque la puesta en escena fue, tal vez y justo en el día de la ratificación del Kily, la peor del ciclo por lo que había en juego. Porque además tenía el respaldo de la gente, dependía de sí mismo y enfrente no tenía ningún cuco, más allá de que el equipo de Kudelka parecía con nivel de Champions comparado con la apatía y la desarticulación del conjunto canalla.
Central fue una sombra casi toda la tarde, más allá del tiro en el palo del inicio del pibe Infantino. Después el local se apagó para siempre, no tuvo respuestas con la pelota en el juego, ni anímicas para vender cara la derrota.
Fue superado ampliamente por un equipo absolutamente mundano como Huracán, que incluso jugó 25 minutos con un hombre menos, por la expulsión de Hezze y en ese lapso llegaron los goles de Matías Cóccaro y Walter Pérez.
Ese dato es el que grafica con más claridad que Central era un descalabro táctico y que nunca esbozó una reacción real para dar vuelta la historia y forzar al pasaje copero que tanto ansiaba.
La gran decepción en el cierre del año fue porque Central llegaba al último capítulo dependiendo de sí mismo y habiendo sacado adelante partidos chivos, como la victoria ante Colón y los empates con River y Lanús. Por eso Huracán se visualizaba como un escollo complejo, pero que podría superarse en base al poderío goleador del canalla en las últimas fechas. Pero Marco Ruben fue asistido poco y nada, Vecchio estuvo desaparecido en acción y atrás el equipo fue un espanto, con el punto más flojo en Facundo Almada en las coberturas defensivas.
Sin fútbol, sin sustento colectivo, errático y previsible con la pelota, Central le dio al rival todas las ventajas posibles y Huracán las capitalizó al máximo. El globo no tuvo un desempeño de alto vuelo, pero aprovechó cada regalo navideño de la defensa canalla.
Por ello al partido incluso le sobraron los minutos finales y fue lo más preocupante de la tarde de Arroyito, ya que si había algo que enaltecía al equipo del Kily era que con aciertos y errores nunca levantaba la bandera de la rendición antes de tiempo. Pero ayer lo hizo por impotencia y nerviosismo. Y el propio DT lo sufrió en carne propia y eso no puede suceder nunca más en el futuro.
Claro que el balance final del Kily en el año es positivo y por ello le renovaron la confianza. Debió arreglarse con los pibes, un puñado de jugadores de experiencia y con refuerzos que en su mayoría estuvieron lejos de ser soluciones reales.
Y con lo que tuvo a mano el Kily armó un equipo competitivo, con errores repetidos en el retroceso, pero corajudo y picante en ofensiva.
Claro que con Huracán se vio tal vez la peor cara de Central y justo cuando hubo un espaldarazo de confianza que vino desde afuera de la cancha de parte de la dirigencia hacia este proceso, pero que no tuvo eco en el terreno de juego.
Todo indica que Avila regresará a Boca, que se necesita urgente un arquero para suplantar a Broun, que faltan un par de jugadores de jerarquía más que rodeen a Ruben y Vecchio y que el Kily tendrá que definir la conformación del cuerpo técnico.
En el día de la ratificación, hubo más dudas que certezas.