Después de que las esquirlas salpicaran a diestra y siniestra, es tiempo de barajar y dar nuevo en Central, donde la marea subió a su punto máximo en el ciclo del Kily González. Es justamente el entrenador quien quedó en el ojo de la tormenta y quien está obligado a ver de qué manera puede arreglar esto que, por lo visto ante Barracas Central, no parece sencillo de remendar. Es difícil centrarse en estas horas en cuestiones estrictamente futbolísticas cuando lo que dominan son las sensaciones de malestar, pero tarde o temprano llegará el momento en que lo futbolístico vuelva a ser “el” tema. ¿Qué va a hacer el Kily con el equipo después de lo que fue el rendimiento en este último partido? En la previa de Barracas Central se habló de que el once que el DT ponía en cancha era el “ideal”, con Juan Cruz Komar ya adentro y con Marco Ruben recuperado, pero paradójicamente a ese equipo ideal lo papeles se le prendieron fuego.
Ahora es todo un mar de dudas para el entrenador, que tiene la posibilidad de analizar en una semana larga, pero bajo las certezas de que muchos de los rendimientos individuales estuvieron muy por debajo del nivel esperado. Es más, nadie podría sorprenderse, alzar la voz o molestarse si le tocara salir. Claro que dentro de un terreno imaginario, porque difícilmente el Kily se atreva a meter mucha mano.
Por supuesto que cabe la lectura de que cuando la mayoría de las individualidades no funcionan es porque la estructura es la que falla, y ahí es donde las responsabilidades recaen también sobre el DT, pero todo forma parte de esa desidia futbolística que parece encarnada en este Central.
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Ruben fue uno de los pocos que salvó la ropa en Central. El 9 anotó de penal.
Héctor Rio / La Capital
Desde estas mismas páginas se escribió que antes del inicio del torneo el Kily pensó un equipo al que, sabía, debía ir agregándoles piezas y en el que los retoques fueron siempre mínimos. Hasta que se llegó a la aparición de Komar (fue titular por primera vez en Santiago del Estero) y, al toque, a la reaparición de Ruben. Todo para un partido en el que el canalla no podía fallar, por las limitaciones del rival pero sobre todo porque se trataba de la previa del clásico. Lo cierto es que falló.
A ese equipo ideal le alcanzó para manejar el balón e imponer condiciones mientras Barracas Central jugó a no jugar, desentendiéndose por completo del protagonismo. Porque, paradójicamente, a partir del gol de Ruben se vio lo peor de Central.
Y cuando se habla de que casi todos mostraron un bajo nivel es porque fue lo que verdaderamente sucedió. Porque Martínez falló más de lo que acertó; Komar cometió un error grosero en un momento clave; Blanco, salvo un par de buenos centros, estuvo errático; Ojeda se perdió por completo; Montoya e Infantino jamás pesaron por las bandas; Vecchio otra vez falló en la conducción; Gamba no logró desequilibrar. Es decir, a todos esos futbolistas que para el Kily son titulares indiscutidos el marco los sobrepasó. Que a los que ingresaron tampoco les hayan salido ni una (Benítez, por ejemplo fue un desconcierto pelota al pie) es también un contrapeso, pero abona la teoría de que si la estructura cruje no hay parche que valga la pena.
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Los jugadores de Barracas Central festejan, los canallas sufren.
Héctor Rio / La Capital
El Kily tiene todos esos argumentos a mano como para patear el tablero y buscar una respuesta que pueda gestarse a partir del cambio de algunos nombres, aunque las probabilidades de que eso ocurra no serían demasiadas. Es que el Kily es de los técnicos que suele bancar a sus futbolistas y sin dudas está convencido de que esto que viene poniendo en cancha es lo mejor que tiene a mano. Por eso, hasta sería esperable que en estos días previos al clásico ponga más énfasis en lo emocional que en otra cosa.
Si lo que puso el sábado por la noche el Kily lo considera el “equipo ideal”, habrá una vuelta de tuerca que deberá darle para que la cosa mejore. Con estos nombres o con cualquier otro que puedan meterse en la pelea.