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Ardec coronó el desafío de armar un equipo de fútbol con el título nacional

La invitación para formar un equipo de fútbol para ciegos lo hizo dudar. El preparador físico Gustavo Pafumi no tenía ni idea de cómo era el deporte. Lo convenció la insistencia de Claudio Monzón, que lo había jugado en el Instituto Román Rosell de Buenos Aires. Hoy, con Pafumi como entrenador y Monzón como una de las grandes estrellas, el conjunto de Ardec (Asociación Rosarina de Deportes para Ciegos) obtuvo por primera vez el título nacional en Tunuyán (Mendoza).

Sábado 26 de Diciembre de 2009

La invitación para formar un equipo de fútbol para ciegos lo hizo dudar. El preparador físico Gustavo Pafumi no tenía ni idea de cómo era el deporte. Lo convenció la insistencia de Claudio Monzón, que lo había jugado en el Instituto Román Rosell de Buenos Aires. Hoy, con Pafumi como entrenador y Monzón como una de las grandes estrellas, el conjunto de Ardec (Asociación Rosarina de Deportes para Ciegos) obtuvo por primera vez el título nacional en Tunuyán (Mendoza).
  La consagración en el hexagonal final, derrotando en la final 2-1 a River, significó la máxima conquista de un equipo que se fue formando con mucho esfuerzo, con jugadores que de a poco aprendieron el juego, y con Pafumi leyendo libros para conocer a la perfección el reglamento y las características del deporte.
  “Era profesor del gimnasio de rehabilitación de discapacitados de Maela y ahí lo conocí a Claudio (Monzón). Y de ese encuentro, en 1997, surgió la idea de armar un equipo. Concidió también que conocimos a Norberto Catalano (hoy presidente de Ardec), quien me propuso difundir el deporte para ciegos y en especial el fútbol”, cuenta Pafumi.
  Los primeros jugadores entrenaban donde podían, en el gimnasio de la UNR o en la cancha de la plaza de la Cooperación, con todos los riesgos que implicaba por las “salientes de las paredes”. Al principio usaban una pelota con una bolsa de nylon, a diferencia del balón con el que se juega, que tiene cascabeles en su interior.
  A partir de 2002 se animaron a jugar a nivel nacional y en 2005 Pafumi interrumpió el vínculo con Ardec de manera momentánea al convertirse en el preparador físico de la selección argentina, los Murciélagos.
  De regreso al equipo, Ardec alcanzó el ascenso a primera en 2007 y en 2008 dio la primera señal de que estaba para cosas grandes al finalizar en el tercer lugar.
  En ese momento ya jugaban en la cancha construida por la Municipalidad en la plaza de la Integración, frente al club Gimnasia y Esgrima. “Esa cancha significó un cambio fundamental”, dice.
  El conjunto de Ardec ya tenía entre sus filas al defensor chaqueño Eduardo Díaz y al arquero Darío Lencina (nacido en Escobar y que llegó a atajar en Villa Dálmine en el fútbol convencional), históricos de los Murciélagos y protagonistas de las conquistas de dos Mundiales y de la medalla de plata y bronce en los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004 y Beijing 2008, respectivamente.
  “Quisieron venir a jugar acá y los aceptamos con gusto. La experiencia de ellos es fundamental”, comenta Pafumi, antes de elogiar a Claudio Monzón: “Lo que hizo durante el torneo y en el hexagonal final fue excelente. No por nada también está en el plantel de la selección”.
  “El festejo fue realmente emocionante, con los pibes llorando”, cuenta el entrenador quien espera que el título sirva para “sumar más chicos” al equipo. Con el mismo deseo que lo movilizó desde un principio. l
 

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