Solo el coraje de la selección argentina mantuvo vivo el sueño hasta el final del Mundial. Ese remate de Giuliano Simeone en adicional del suplementario que se fue apenas alto, pudo darle el pasaje a los penales. Pero era demasiado. España lo superó y aprovechó el desgaste de todo tipo que sufrió el equipo de Scaloni.
Indudablemente, la épica victoria ante Inglaterra, una verdadera final anticipada, desgastó a la ya desgatada selección. Se notó. No por nada el técnico de la selección metió tres variantes respecto a ese equipo: a la cancha Gonzalo Montiel, Rodrigo De Paul y Nicolás González, afuera Nahuel Molina, Leandro Paredes y Giuliano Simeone.
La realidad fue que uno salió en el entretiempo (González), el otro a los 58' (Montiel) y el último en la pausa de rehidratación (De Paul). Clara señal de que nada funcionó de ese once ideal.
Las lesiones, otro dolor de cabeza para Scaloni
Pero hubo mucho más. Lisandro Martínez debió corregir un mal pase en ofensiva de De Paul, cortó a Oyarzabal, vio la amarilla y se lesionó, con una molestia en el cuádriceps derecho. No había terminado el primer tiempo. Entró Nicolás Otamendi.
>>Leer más: Argentina vs. España: Lisandro Martínez fue amonestado y tres minutos después salió lesionado
En la pausa de rehidratación, el que salió junto a De Paul fue nada menos que el Cuti Romero, baluarte hasta ahí de la defensa, y adentro Facundo Medina. Ya un rato antes de salir Montiel, apenas iniciado el complemento, Scaloni casi hace dos cambios juntos de los laterales, porque Nicolás Tagliafico dio señales de molestias. Todo estaba mal parido.
Para colmo, a Enzo Fernández le sacaron una amarilla por protestar que no le habían dado una falta y al final de los 90' fue con todo a evitar la posesión en mitad de cancha de Cubarsí, segunda amarilla y roja.
El árbitro esloveno, demasiado quisquilloso para sacarle la primera amarilla a Fernández, no pudo evitar la segunda. No hizo lo mismo cuando Oyarzábal en el final del primer tiempo y Laporte al final de los 90', le dieron duro a Messi. Y así Argentina jugaría con diez hasta el final.
Muchas contras soportó el equipo entonces para detener a una ambiciosa pero tibia España, que había vencido con mucho más tranquilidad a Francia en semifinales de lo que lo hizo Argentina con Inglaterra.