Opinión

Un manotazo de ahogado presidencial

Claves. Fernández cambió un gabinete repleto de porteños y bonaerenses por otro de similares características. Optó por lo que tenía a mano y no por una estrategia de largo plazo

Domingo 19 de Septiembre de 2021

Alberto Fernández cambió un gabinete repleto de porteños y bonaerenses, por otro repleto de porteños y bonaerenses. Asombra ver que solamente dos de los ministros (el jefe de Gabinete y el de Justicia no representan al eje porteño-bonaerense céntrico. Paralelamente, lo único que sostiene por ahora al presidente de la caída final es el apoyo de los gobernadores.

  El gobierno de Fernández es un caballo de Troya que lleva en su panza de madera lo mejor y lo peor del peronismo. Cómo será la actualidad de este gobierno que tienen que convocar a Aníbal Fernández, uno de los peores conceptuados entre toda la dirigencia política y responsable de la derrota en 2015 para que se haga cargo de la (in) seguridad.

  Cómo será el desastre de la administración que el presidente tuvo que llamar al más machirulo de los gobernadores a hacerse cargo de la Jefatura de Gabinete. Para todes. Para todas y todes, chicas del pañuelo verde. Cómo será la falta de ideas y de asunción de los problemas de parte de Fernández, que el peor jefe de Gabinete que se recuerde cobra un premio mayor al ser designado como canciller.

Peronizar es la tarea

Fernández cree que poniendo peronistas va a lograr romper el circulo vicioso de su no gestión. Es lo mismo de siempre: cuando las papas queman se terminan los discursos progresistas, alfonsinistas e inclusivos. El nuevo dueño de la mesa del poder, el tucumano Manzur, es un lobbista calificado de los empresarios nacionales, casi un oximoron de lo que Cristina pregona. Pero Cristina también sabe cantar en un lado y poner el huevo en otro lado.

  “Por ahora, la jefa está satisfecha”, dijo una fuente que merodea a la presidenta. Nadie en el gobierno puede explicar porqué se queda Martín Guzmán, el hombre del 50%. ¿Por qué? Porque hay 50 por ciento de pobres, 50 por ciento de inflación. En verdad se sabe, a Guzmán lo dejan para negociar con el FMI. Una vez que ese episodio se produzca y lleguen algunos dólares, el ministro también volará por el aire.

  Hablemos de real politik. A Fernández no le quedaba otra que recular, aunque sea en chancletas. La jefa suprema del peronismo movió el mantel y se le vino abajo hasta el alma. Sin retroceder, su gobierno no duraba ni lo que duran dos hielos en un whisky entre las rocas. Sabina dixit. Tampoco uno cree que Cristina se va a involucrar demasiado en un gobierno que perdió por paliza las primarias y se encamina a otra derrota.

  Para observar cómo está la potencia del gobierno siempre hay que mirar qué hacen Perotti y el cordobés Schiaretti. Ninguno de los dos se movió de sus provincias. Nada de ir a La Rioja, no sea que todo esto termine en un desastre. Esta vez, la propuesta superadora vino de otro lado.

  El gobierno tiene que implementar ya medidas de emergencia para las clases media-media baja. Así como a Perotti se le ocurrió sacar de la galera una medida populista rabiosa, como la Billetera Santa Fe, Fernández tendrá que mandar a la cancha populismo rampante. Sin consumo, el voto peronista se le seguirá cayendo. Habrá que estar atentos a la decisión. Hasta aquí,el único que interpretó —guste o no a la oposición— a la clase media fue Sergio Massa, con su proyecto sobre Ganancias. Es por ahí.

  Lo que hizo Fernández el viernes por la noche fue tomar la salida de emergencia, agarrar lo que tenía a mano. La arquitectura de un gobierno verdaderamente federal es otra cosa. Pero Fernández no está preparado para semejante labor de ingeniería. Y la relación con Cristina quedó pendiente de un hilo.

Cacerolas y depresión

Toda la saga de boutades, desde el domingo de las elecciones hasta hoy, ocurrió sin reacción de la sociedad. Sin cacerolazos. Es tan grande la depresión social, que la bronca queda limitada por ese estadío del alma. En el medio de dos procesos eleccionarios, los opositores creen que la bronca se canalizará en las urnas. Es probable, pero no deben subestimar ni cerrarle los ojitos al peronismo antes de tiempo.

  En Santa Fe, la saga, fue un duro golpe para el oficialismo, que tiene en mente la certeza de la posibilidad de dar vuelta las elecciones. Imaginan que si la situación se normaliza Marcelo Lewandowski —la nueva cara visible del peronismo santafesino— puede sumar votos, y que muchos sufragios radicales podrían redireccionarse hacia Clara García, la candidata del Frente Progresista.

  Empieza lo más lindo de la política, las mesas de arena entre las dos paradas electorales, la elucubración de tácticas y estrategias. A diferencia de otras provincias, en Santa Fe existen alternativas al Frente de Todos (con Manzur ya no sirve decir “todes”) y a Juntos por el Cambio. El Frente Amplio Progresista deberá sacar todo lo que tiene y buscar dar el batacazo.

  Pero esas historias se escribirán más adelante, ahora es tiempo de ver cómo el gobierno porteño-bonaerense de Fernández arrima el barco a la costa, tras dos años de andar al garete sin timonel.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario