En la casa de un profesor rosarino (el profesor Marcelo Gullo) comí, años atrás,
con Helio Jaguaribe. Varios periodistas lo hicimos. Cuestiones de edad me dejaron frente al
escritor, sociólogo y politólogo brasileño. De buen y apacible comer. De muy buen comer, diría.
Argentina estaba saliendo de Duhalde y entrando en Kirchner. Aún la pelea por el poder en el
conurbano bonaerense y su fábrica de votos cautivos no era tan ostensible.
Jaguaribe repitió, una vez mas, su frase: Argentina está condenada al éxito.
Sólo que la expresó de modo más completo: en un destino común con Brasil en Latinoamérica.
De mi parte la charla no fue tal, apenas preguntas. Sobre Getulio Vargas,
aquella dominante y trágica figura de los años 50 y claro, su contrafigura: Prestes y la larga
marcha. Recordaba muy bien a Getulio, al adorado y trágico Getulio Vargas. También a Goulart, a
Kubitschek, no le agradaba la resolución de Janio Quadros y sonreía ante la pregunta sobre su
colega en diversos claustros y profesorados: Henrique Cardoso. Sobre el hombre que escribiera tan
claramente sobre el desarrollo (la dependencia) en America latina, en conjunción con Faletto, dijo
una frase que aún recuerdo. "Henrique no sabía ni la regla de tres simple. Un presidente que no
sepa de Economía queda preso de los sacerdotes de la economía"… bebió un mínimo sorbo de buen
cognac y agregó: … "Y un economista nunca será un buen presidente". Conciente de la atenta
escucha concluyó. "Un presidente debe saber de economía, para que no lo engañen, pero primero de
política y la política es el bienestar del pueblo y la relación con el mundo… y eso muchas
veces no es economía…"
Han pasado varios años y cada tanto, por alguna razón, aparece su figura de la
regla de tres y los políticos. De la economía y los políticos.
Helio Jaguaribe estuvo cerca de presidentes brasileños en momentos cruciales, a
veces demasiado cerca, pero su narración no perdió de vista Brasil, Argentina, América latina.
Reivindicó el origen latino, no lo despreció. Diferenció nuestro origen, distinto de "el otro
pueblo" que también hizo colonias de este lado del Atlántico. Acaso, no lo pregunté, no es un
adicto a Weber.
Creo que el profesor Jaguaribe, defendiendo a San Pablo, la diversidad cultural
de su país, que domina un subcontinente, América del Sur, donde estamos, definía un destino que se
encargaba de subrayar: condenados al éxito…juntos. Brasil entiende eso, Argentina no.
Algunos acontecimientos de la política en manos de CFK y NK muestran hasta qué
punto el poder actual en Argentina ignora las ventajas de una alianza amistosa antes que un
casamiento forzado. Que Cristiano Ratazzi (FIAT) indique: "Fabricamos en Argentina pero venderemos
en Brasil, si no hay integración no hay fábrica, es una resolución demasiado visible para que se
eluda la realidad. Acuerdo forzado. Que la televisión digital ( sus dueños) digan: "Es mejor una
sola línea de conversión, idéntica a la del Brasil", es más que una sugerencia. En ambos casos la
alianza se impuso, no se consensuó, porque NK no mide esas cosas. Su destino de perseguido, que
evidentemente lo acompaña desde sus tiempos de muchacho, a quien las bromas estudiantiles pusieron
a la defensiva, le impide encontrar en una sonrisa y una invitación a la alianza otra cosa que una
broma por sus defectos. Los perseguidos no tienen juicios serenos. Su compañera es eso: compañía.
Lo acompaña, acaso cambiando de tailleur, ahora en colores más cercanos al negro y gris señora, al
tranquilo color de las mujeres de más de cincuenta, sin saturar de rojos, bordós y azules
eléctricos los salones de encuentros y agasajos. Salones sin bombitas de bajo consumo. De Economía
ya se ha visto y leído: ignora todo. Cree que la economía del primer mundo es una burbuja. Ni
hablar de cúal sería su definición de primer mundo. Ni soñar con preguntárselo. Muertos Josip Brosz
(Tito), Gamal Abdel Nasser, Getulio Vargas y Perón aquella definición de Tercer Mundo ha quedado
tan alejada como sus sostenedores que, ante una coyuntura, entrevieron una salida distinta para los
acuerdos de Yalta, las tramoyas de Breton Woods y sus arrabales. Para una coyuntura de la
historia.
Queda pendiente, sin embargo, en mitad del aislamiento internacional, que no
deja caer un dólar, una rupia o un maravedí hasta nuestras pampas, pensar en una cuestión tan
elemental como esta: Brasil dice que tenemos un destino común. Don NK y doña CFK deben resolverlo.
Ahora.
Hay amigos que me cuentan de las bondades de Punta del Este, donde se encuentran
en verano con los brasileros, hablan de hoteles, sol, inversiones. Yo escucho con un mapa en la
cabeza. Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil. Hasta el nombre existe: Mercosur.
Las cifras dicen que somos el 20 por ciento de la economía de Brasil o que
Brasil es cinco veces más grande que Argentina y que, si se sumase en un censo San Pablo y Gran San
Pablo, el total de habitantes sería el de Argentina. Que San Pablo lee los datos de la bolsa de
Rosario. Que Itamaraty (donde hace mas de 100 años que se planifica en la misma dirección) recibe
información diaria de nuestros problemas. Escucho e intento, sin las matemáticas cerca, resolver
esta pregunta: alianza amistosa o violación. No hay dudas, la conclusión es una. Una alianza
amistosa.
En tal sentido tiro una botella al mar de las dudas de los políticos argentinos.
En su interior unas líneas que transcribo: "Como se ha comentado, la regla de tres es un mecanismo
sencillo y extremadamente útil que sólo se puede establecer cuando existe una relación de
linealidad entre los valores que pueden tomar las variables que intervienen. Sin embargo no es
siempre fácil averiguar si existe tal relación, de modo que es necesario utilizar para ello el
sentido común y la experiencia."
Me permito aconsejar: algunas cosas están en el Google, un artilugio del Primer
Mundo (con o sin burbuja). Sigo con mi sospecha: no hay banda ancha en Balcarce 50.