Para conocer cómo se construye este ecosistema, Negocios de La Capital recorrió las historias de tres startups que reflejan este potencial biotecnológico y la capacidad de llevar un desarrollo de laboratorio a escala industrial. Bioheuris, Syocin y Agrosintex demuestran cómo lo lograron a partir de soluciones que van desde la edición génica en plantas, hasta el diseño de proteínas específicas para combatir bacterias y soluciones para mejorar la nutrición animal. Todas buscan resolver problemas concretos y generar impacto productivo y ambiental en el agro, un sector estratégico que demanda innovación constante.
La revolución de las proteínas
Combatir bacterias con proteínas diseñadas a medida es la propuesta de Syocin, una startup liderada por la biotecnóloga Julia Roulet que busca cambiar la forma en que se protegen los cultivos. A través de herramientas de biología sintética, la empresa desarrolla biomoléculas capaces de atacar exclusivamente a las bacterias que provocan enfermedades en las plantas, preservando al resto de los microorganismos que contribuyen a la salud del suelo.
“Las proteínas son biomoléculas y cada una puede diseñarse de forma específica según la bacteria que se quiere eliminar y el cultivo donde será aplicada. La posibilidad de desarrollar soluciones a medida es uno de los aspectos más innovadores de nuestra tecnología”, explicó Roulet.
El desarrollo que llevan adelante desde sus oficinas y laboratorios, ubicado en Zona I del Polo Tecnológico de Rosario, es pionero en Argentina y en el mundo. La generación de soluciones para la protección de cultivos basados en proteínas todavía es un mercado incipiente a nivel internacional. De hecho, recién hacia fines de 2025 se aprobó el primer fungicida para cultivos que las utiliza. En ese escenario, Syocin busca convertirse en la primera empresa en llevar al mercado un bactericida desarrollado sobre esta tecnología.
Pero no solo es innovador en términos de alcance, sino también en el grado de eficiencia que garantiza. Según la biotecnóloga, cuando se habla de producto biológicos para la protección de cultivos, generalmente se usan microorganismos vivos. Estos deben adaptarse al ambiente donde se los aplica y, justamente por esa razón, muchos productores encontraron limitaciones para incorporarlos ya que su desempeño puede variar según las condiciones climáticas, de suelo, el tipo de planta y otras variables.
Julia Roulet es biotecnóloga, co-fundadora y CEO de Syocin.
Foto: gentileza Syocin.
“Las proteínas tienen una ventaja muy importante, podemos hacer que funcionen siempre de la misma manera. Los desafíos tecnológicos para desarrollarlas son mucho mayores, pero una vez resueltos permiten obtener soluciones mucho más precisas y consistentes. Hoy trabajamos sobre bacterias que afectan distintos cultivos, entre ellas Xanthomonas y Pseudomonas, y estamos desarrollando soluciones para enfermedades que afectan a los cítricos”, aseguró Roulet, quien también es Doctora en Ciencias Biológicas.
Un modelo comercial en ascenso
Aunque la tecnología ya fue validada a nivel de laboratorio, el principal desafío ahora es atravesar el proceso regulatorio que les permita convertir el desarrollo en un producto listo para salir al mercado. Mientras atraviesan ese camino, Syocin trabaja a través de alianzas estratégicas con compañías de protección de cultivos, tanto con aquellas que ya comercializan productos biológicos como con empresas que comenzaron a migrar desde soluciones químicas hacia alternativas más sustentables. “Nosotros desarrollamos proteínas a medida para otras empresas”, sintetiza Roulet.
Ese modelo de negocios comenzó a generar los primeros ingresos de la startup, aunque el crecimiento sigue apoyándose en el financiamiento de fondos de venture capital que son quienes posibilitan a Syocin cumplir objetivos. Si bien sus primeros inversores fueron argentinos, después se sumaron fondos de Estados Unidos y Europa. “Hoy buscamos que la empresa sea autosustentable a partir de los acuerdos comerciales, pero el desarrollo tecnológico y los procesos regulatorios requieren montos importantes que recibimos de nuestros inversores”, señaló la biotecnóloga.
La estrategia de internacionalización también comenzó desde una etapa temprana. Parte del desarrollo científico de la compañía se realizó en Estados Unidos, donde Roulet completó un trayecto de su formación académica en California y donde hoy la empresa mantiene presencia por tratarse de uno de los mercados más relevantes para este tipo de tecnologías.
“California concentra una parte muy importante de la producción de frutas y vegetales de Estados Unidos, algunos de los cultivos más afectados por enfermedades bacterianas. Por eso era estratégico estar allí y pensar la empresa con una mirada global desde el inicio”, sostuvo y aclaró que, aunque falta camino por recorrer, ya tienen diseñado el formato de aplicación del producto. Las proteínas podrán comercializarse tanto en formulación líquida, pulverizando cultivos, como en polvo, pudiendo disolverse antes de su aplicación.
Editar el futuro del agro
“Mucha gente nos decía que estábamos locos”. Así recuerda Lucas Lieber los primeros años de Bioheuris, la startup rosarina que dirige y que apostó por la edición génica cuando todavía era una tecnología incipiente para el desarrollo de cultivos. Hoy la empresa trabaja en soluciones para acelerar el mejoramiento vegetal, atraer inversiones y llevar su tecnología a algunos de los principales mercados agrícolas del mundo.
“Mi familia hace agricultura en Argentina desde hace tres generaciones. Cuando era niño podía ver el efecto que tenían tecnologías como la siembra directa y los cultivos con tolerancia a insectos y herbicidas. La productividad que lográbamos en nuestro campo era enorme y me despertó el interés por desarrollar soluciones similares”, explicó Lieber, quien estudió la carrera de Agronomía en Rosario, donde conoció al docente Hugo Permingeat, con quien fundó su primera startup en el año 2009.
Lucas Lieber es el cofundador y actual director ejecutivo de Bioheuris.
Foto: gentileza Bioheuris.
Tras esa experiencia inicial, Lieber continuó su formación e investigación en el Imperial College de Londres, una de las universidades más prestigiosas de Europa. En 2015, mientras se encontraba en el Reino Unido, Argentina se convirtió en el primer país del mundo en aprobar un marco regulatorio específico para los desarrollos de edición génica. Al identificar el potencial que abría la nueva normativa, decidió regresar al país y, junto a Permingeat y otros socios, fundó Bioheuris.
El objetivo era desarrollar tecnologías genéticas que aportan tolerancia a insectos, sequías o herbicidas. “Muchos no lo entendían y pensaban que no íbamos a poder porque compañías como Bayer, Monsanto y Syngenta invertían cientos de millones de dólares en este tipo de desarrollos, mientras nosotros buscábamos hacerlo con una inversión cincuenta veces menor y en cinco años, frente a los quince que les demandaba a esas grandes empresas”, señaló Lieber.
Finalmente, focalizaron el trabajo en resolver uno de los problemas más importantes que tienen los productores: el control de malezas. “Un productor elige la variedad que quiere sembrar y, casi inmediatamente, empieza a pensar cómo va a controlar las malezas. Nosotros queríamos ofrecer una solución que redujera tanto los tiempos como los costos”, aseguró Lieber.
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Venderle a las grandes semilleras
Cinco años después de su fundación, Bioheuris logró llevar al mercado su primer desarrollo: Sauron, una tecnología aplicada al sorgo que permite tolerancia a múltiples familias de herbicidas. Fue realizado con una inversión inferior a los u$s 2 millones, financiada a través de rondas de inversión y acuerdos de codesarrollo con empresas semilleras. La compañía ya comercializa esta tecnología en Argentina y proyecta su llegada a Brasil y Estados Unidos.
Su modelo de negocio se diferencia del de las compañías tradicionales del sector. “Nosotros no vendemos semillas. Lo que hacemos es vender inteligencia, licenciamos nuestras mejoras genéticas a las empresas semilleras para que ellas incorporen esa tecnología a sus variedades”, explicó Lieber.
Otro cultivo que miran con potencial es el arroz. La idea es aplicar su tecnología para mejorar el manejo del cultivo y contribuir a una producción más eficiente en el uso del agua y con menor impacto ambiental. Esto se debe a que el arroz suele cultivarse en campos inundados, una práctica que favorece la generación de metano por la baja disponibilidad de oxígeno en el suelo, convirtiéndolo en uno de los cultivos agrícolas con mayor aporte a las emisiones de gases de efecto invernadero.
“No queremos hacer todo, queremos enfocarnos en resolver problemas concretos y trabajar en red con otras compañías. Creo que esa forma de trabajo es una de las claves del éxito para una startup”, resumió.
Ganadería más productiva y saludable
Agrosintex nació a partir del cruce entre la ciencia y los negocios. La empresa fue creada por los biotecnólogos Fernán Gizzi y Gonzalo Martínez Peralta, quienes desarrollaban un proyecto científico, junto con Lucía Belga, licenciada en Administración de Empresas y actual CEO de la compañía. Se conocieron mientras cursaban en la Universidad Austral, cuando Belga se sumó a un equipo de investigadores para participar en una competencia de modelos de negocio, aportando la mirada empresarial.
Lo que en un primer momento era una idea incipiente se transformó en un proyecto que ganó una incubación durante 2024 y, hacia fines de ese mismo año, constituyeron formalmente la empresa. En 2025, se incorporaron a la incubadora del INTA Rafaela, con el objetivo de convertir una investigación científica en una solución tecnológica aplicable a la producción ganadera: un aditivo alimenticio capaz de reducir hasta un 90% las emisiones de metano del ganado bovino, uno de los principales responsables de la huella ambiental del sector.
El equipo de Agrosintex está formado por Gonzalo Martínez Peralta, Fernán Gizzi y Lucía Belga.
Foto: gentileza Agrosintex.
“Las bacterias metanogénicas vuelven menos eficiente al animal porque generan inflamación y consumen parte de la energía proveniente del alimento. Observamos que cuanto mayor es la proporción de pasturas en la dieta, mayor es la proliferación de bacterias metanogénicas. No buscamos eliminarlas completamente, sino inhibirlas para mejorar la salud del animal y aprovechar mejor la energía del alimento”, explicó la CEO de Agrosintex.
Del laboratorio al campo
Con esa evidencia en mano, decidieron abrir una primera ronda de inversión ya que el equipo tenía en claro que una cosa era validar una hipótesis bajo condiciones controladas y otra muy distinta comprobarla en un establecimiento productivo. “Hicimos una ronda ángel por menos de u$s100.000. Era una ronda chica, pero nos permitió salir del laboratorio y desde hace dos meses estamos realizando ensayos a campo en Buenos Aires junto a uno de nuestros inversores, haciendo pruebas en 20 animales”, explicó Belga.
Los primeros resultados mostraron una tendencia prometedora. “Queremos que el productor gane dinero reduciendo la cantidad de alimento necesaria para engordar el animal. Incluso creemos que podemos lograr una mayor ganancia de peso. Estamos viendo una disminución cercana al 8% en el consumo diario de alimento y creemos que podría llegar hasta un 15%. La hipótesis que estamos validando es que los animales coman menos y mantengan la misma ganancia de peso”, señaló la emprendedora.
Los socios prevén iniciar la etapa comercial en el 2026, aunque antes deberán estandarizar el producto que lleva el nombre de Bamax y se fabrica en formato de pellet seco por su facilidad de ser agregado a la alimentación vacuna. Otro de los principales desafíos será atravesar el proceso regulatorio del Senasa. “Las startups de innovación solemos encontrarnos con que nuestras tecnologías no encajan dentro de las categorías regulatorias existentes y hay que construir nuevos esquemas de evaluación”, explicó Belga.
En paralelo, preparan una ronda de inversión semilla que espera lanzar en Argentina hacia fines de este año. El objetivo es financiar la etapa de escalado y el ingreso al mercado. “La idea es consolidarnos primero en el mercado argentino, que es enorme, y después pensar en la expansión”, señaló la CEO.