Antes de saltar, Fernando Pezzatti verificó que todo estuviera en su lugar. Después sacó su cuerpo del avión Cessna 185, que por entonces volaba a 3 mil metros sobre el predio del aeroclub de Alvear, abrió el paracaídas y se confió al vacío. Era un hermoso atardecer de un día soleado de invierno. Abajo, en el espacio verde sonaba la canción "Aurora" y unas 200 personas clavaban su vista en el cielo; arriba, a 2.500 metros de altura, Fernando desplegó una enorme bandera argentina de 21 metros de ancho por 31 metros de largo. Todo esto pasó en apenas 7 minutos, que el rosarino aún recuerda como uno de los mejores momentos de su vida.
Ese día, el pasado 20 de junio, el paracaidista rompió un récord: la insignia celeste y blanca fue la bandera más grande de Argentina y de América, y la tercera a nivel mundial, desplegada en un salto. Volvió a repetir la hazaña el 9 de Julio en Lobos (provincia de Buenos Aires) y con ambos registros comenzó el trámite para que la Federación Argentina de Paracaidismo inscribiera la proeza. La entidad celebró en su web el acontecimiento. "El pasado 20 de junio, en una jornada histórica para el paracaidismo nacional, Fernando Pezzatti desplegó en los cielos la bandera más grande de Argentina, estableciendo un nuevo récord oficial para nuestro país", aseguró.
Fernando todavía se emociona cuando recuerda ese momento. "Fue increíble poder hacerlo un 20 de junio, el mismo día de la creación de la bandera, y en medio del Mundial de fútbol, cuando toda la argentinidad estaba al palo; fue mejor de lo que habíamos soñado", recuerda en diálogo con La Capital. Y cuenta que, a poco más de un mes de todo eso, ya tiene en mente el próximo desafío: formar parte de un equipo de 50 paracaidistas que intentarán romper el récord de Belly flying (Vuelo de panza) formando una figura agarrados de la mano en caída libre a 200 kilómetros por hora. Pero eso es ya parte de otra historia.
En el nombre del padre
La historia de Fernando con el paracaidismo empezó el 15 de abril de 2014, cuando su pareja le regaló un salto en tándem de dos personas para su cumpleaños número 40. Recién ocho años después se arrojó solo. Y, en los últimos tres años, acumuló 560 saltos, un promedio de 15 por mes.
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Sin embargo, su amor por el deporte viene de mucho antes y remonta a su historia familiar. Su padre era paracaidista del Ejército en los 80, para después dedicarse a la actividad deportiva. Todo eso fue hasta el 91, cuando finalmente se retiró. "Desde chico me crie en ese mundo. Desde los 9 años tenía ganas de saltar, pero cuando mi papá se retiró me alejé del tema. Pero, ya de adulto, cuando pude hacer el curso, lo hice", recuerda.
De su padre, también heredó el amor por la bandera. Adrián Oscar Pezzatti participó en el 78 de la disputa abierta con Chile por el canal del Beagle y en el 82 se anotó como voluntario para participar de la guerra de Malvinas. "Tenía un inmenso amor por la Argentina y nos enseñó a honrar la bandera", cuenta. El primer salto que hizo Fernando con una bandera argentina, mucho más pequeña, de apenas dos por tres metros, fue su homenaje por los diez años del fallecimiento de su papá.
Y ese fue el germen de todo lo que vino después.
Un año de cálculos y ensayos
La bandera que Fernando desplegó el 20 de junio pasado fue diez veces más grande que la de ese primer salto: un enorme paño de 21 metros de ancho por 31 metros de largo, celeste, blanco y celeste. "La idea de hacer crecer el tamaño de la bandera surgió primero como una broma. Alguien me dijo por qué no la haces de un tamaño récord. Y ahí empezó todo", confiesa. Así, comenzó a investigar, hasta hace unos meses en el país la mayor marca la tenía un paracaidista que había saltado con una bandera de 20 por 30. En Europa, el mayor registro era de un inglés, con una insignia del mismo tamaño. Sólo sumando un centímetro de cada lado, Fernando podía saltar con la bandera más grande de América y la tercera más grande del mundo.
"A fin del año pasado, empecé a trabajar en esto. Tuve que hacer el curso pasa saltar con pasajeros porque la bandera y la mochila pesan más de 90 kilos, el máximo permitido para llevar a un pasajero. Después, convencer a una chica que hace banderas para las canchas de futbol para que confeccionara un ejemplar de ese tamaño en una tela fina y liviana", enumera. Cumplidos esos dos requisitos, en su taller de chapería confeccionó el contenedor para la insignia: una mochila con dos sistemas de apertura y de nivelación, en caso de emergencias, además de un mástil construido con cintos de seguridad de automóviles y los tres contrapesos, de 10, 15 y 25 kilos que colocó en cada una de las franjas de la bandera.
Para el mes de mayo, todo estaba listo. Entonces comenzaron las pruebas para desplegar la bandera, primero en la zona del puente Rosario-Victoria. Y pocos días antes de terminar, el mes en el aeroclub de Alvear, en un avión de la escuela de paracaidismo Saltá, hicieron la primera prueba en el aire. Todo salió más que bien.
Socios y voluntarios
El Cessna 185 que participó de la proeza pertenece al club Saltá en Rosario. Se utiliza para realizar saltos deportivos y primeras experiencias con paracaídas. Si bien es un avión chico, tiene un motor potente que le permite subir más metros y, en consecuencia, contar con más tiempo de caída libre.
Simón Ricotti forma parte de Saltá en Rosario y se convirtió en socio voluntario de la proeza de Fernando. "Todas las tareas de organización para este tipo de deportes son muy complicadas, no puede quedar nada librado al azar; hay que cumplir con pasos y procedimientos muy estrictos. Nosotros asumimos la producción de todo esto, éramos los responsables de los permisos del salto, el diagrama del avión, la ejecución y las condiciones de seguridad", explica.
También fue el encargado de coordinar con el piloto el salto y registrar las imágenes. "En ese momento tenía un montón de cosas en la cabeza: el salto, las fotos y los videos que quería hacer, la luz, las tomas. Pero cuando se abrió la bandera sentí una emoción tremenda. Tenía en la cabeza mil cosas, pero en ese momento solo pude pensar que había valido la pena", recuerda.
Fernando tiene un apellido bien italiano, pero en el ambiente del paracaidismo es más conocido como El Vikingo. La espalda ancha, el pelo y la barba larga abonan el apodo. También, dice Simón, su fuerza de voluntad. Con ese mismo espíritu va camino a cumplir su próximo desafío: calificar para participar del equipo de 50 deportistas que intentará romper el récord de Belly flying. Hasta ahora, el máximo de personas en participar de un salto en caída libre a 200 kilómetros por hora es de 44: "Estoy entrenando para esto, nunca lo hice, pero espero estar entre los 50 paracaidistas de todo el país que cumplan esta prueba".
_ ¿Otro récord?
_ Soy muy competitivo, a los 17 jugué profesionalmente al fútbol en Banfield. No pude seguir porque me enfermé de triquinosis y tuve que pasar dos años en silla de ruedas. Después empecé con el pádel y ahora me apasiona el paracaidismo, pero me gusta fijarme metas que me motiven. Y tengo gente que me acompaña: mi señora que me banca y la pasa mal cada vez que salto, mis amigos, sponsors y la gente del club. Sin ellos, no podría hacer nada.