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Melodías y ritmos para recuperar la salud

La musicoterapia puede ayudar a promover el bienestar, aliviar el dolor, mejorar nuestras capacidades cognitivas y comunicacionales y ayudar en la rehabilitación neurológica. ¿Cómo se aplica? ¿Cuáles son sus diferencias con la educación musical? ¿Qué otros alcances tiene? El panorama en Rosario.

Domingo 23 de Junio de 2019

Desde la cuna, o incluso antes, desde el período de gestación, la música está presente en nuestras vidas y juega un papel preponderante. Es sabido que el latido del corazón de una madre propicia un estado de calma en el recién nacido; los bebés también responden a sonidos y melodías, moviéndose ante el placentero estímulo. Durante la adolescencia, la música ayuda a "modular" la personalidad y acompaña fuertemente los estados de ánimo: en ese período de rebeldía o melancolía suele ser un gran refugio. Ya en la vida adulta, es parte de nuestros días, de lo cotidiano. En la radio, en el celular, en el dispositivo que elijamos, la música está: antes de acostarnos, cuando nos sentimos bien, cuando queremos volver a ciertos recuerdos, en un concierto, cuando tenemos sexo, cuando nos levantamos, cuando buscamos paz...

Si se la piensa en relación con la salud, ¿de qué manera la música impacta en nosotros? ¿Puede ayudarnos verdaderamente a mejorar la calidad de vida? ¿Hay alguna terapéutica que, a través de la música, pueda ser beneficiosa en el tratamiento de enfermedades neurológicas? ¿Puede reducir el dolor y la depresión? Hay que decir que sí. La musicoterapia es "el uso controlado de la música con el objeto de restaurar, mantener e incrementar la salud mental o física. Es la aplicación sistemática de la música, dirigida por un musicoterapeuta, en un ambiente terapéutico, con el objeto de lograr cambios de conducta", según la definición de la Amta (Asociación Americana de Musicoterapia, en castellano). Y desde el punto de vista clínico y científico puede dar respuesta a aquellos interrogantes.

Su aplicación es vasta: se utiliza en personas con Alzheimer, Parkinson, autismo, demencia, trastornos de depresión y ansiedad; también en niños con problemas de conducta y neurodesarrollo; en pacientes con enfermedades gravísimas, o para reducir el dolor luego de intervenciones quirúrgicas y mucho más.

Antecedentes

La utilización de la música como terapia tiene raíces prehistóricas, ya que se sabe que estuvo presente en los ritos mágicos, religiosos y de curación. El primer antecedente escrito que alude a la influencia de la música sobre el cuerpo humano se encuentra en papiros egipcios descubiertos por Flinders Petrie, un importante egiptólogo británico, en la ciudad de Lahum, en 1889. Estos papiros datan de alrededor del año 1500 a. C y en ellos ya se racionaliza la utilización de la música como un agente capaz de curar el cuerpo, calmar la mente y purificar el alma. Además se creía que la música tenía una influencia favorable sobre la fertilidad de la mujer, incluso con música de la voz del Dios Tot. En el pueblo hebreo también se utilizaba la música en casos de problemas físicos y mentales. En esta época se hizo el primer relato sobre una aplicación de musicoterapia.

En la antigua Grecia, Pitágoras, Platón y Aristóteles plantearon los fundamentos científicos de la musicoterapia. Fue este último quien formuló la famosa teoría del Ethos, un término griego que puede ser traducido como "la música que provoca los diferentes estados de ánimo".

Presente y futuro

"La musicoterapia provee distintas herramientas terapéuticas para poder acompañar los procesos de las personas que están transitando momentos particulares y problemáticos", describe el licenciado Mario Permingeat, director regional de Rosario de la carrera de musicoterapia de la Universidad Abierta Interamericana. En diálogo con Más, dejó en claro las diferencias entre un musicoterapeuta y un educador musical, explicando que este último se encarga de formar a las personas en cuestiones del orden de la ejecución musical: "El músico está formado técnicamente con el fin de ejecutar un instrumento, mientras que el musicoterapeuta posee instrucción para hacer lecturas de lo que se produce en contacto con ese instrumento, y desde esa producción que realizan los sujetos, conocer cómo ellos se organizan, apropian y ponen en juego con dicha conexión. Es un observador de las realidades humanas".

Sabrina Carini, directora en Rosario del Departamento de Musicoterapia del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), brindó detalles sobre qué es la musicoterapia: "Es el ámbito donde se utiliza a la música desde un abordaje clínico. Personalmente me especializo en lo que es rehabilitación neurológica. Allí la música se usa para restaurar o estimular algunas funciones que están disminuidas. En el área motora eso puede darse a causa de la enfermedad de Parkinson, personas que hayan sufrido ACV o parálisis cerebral, accidentes, lesiones varias o enfermedades que generen alguna disfunción. Lo que hacemos, entonces, es utilizar a la música como una herramienta para rehabilitar o restaurar, como puede ser el caso de una persona que tiene afasia, producto de un ACV".

Al igual que su colega de la UAI, Carini marca diferencias con los músicos académicos: "Los profesionales de educación musical enseñan al alumno o alumna música; nosotros no hacemos eso, sino que mediante ella producimos herramientas que puedan rehabilitar al paciente. No es que enseñamos a cantar; sí utilizamos la voz, otros instrumentos y el cuerpo, pero con un enfoque clínico".

La música libera dopamina en el cerebro, realiza cambios fisiológicos y bioquímicos, estimula la comunicación y las relaciones interpersonales, ayuda a reducir el estrés, la depresión y la ansiedad, promueve el desarrollo cognitivo

de niños y niñas, y tiene, además, muchos otros beneficios. ¿Por qué “el arte de las musas”, como la denominaban los griegos, es tan fundamental en nuestras vidas? Mario Permingeat lo explica: “Hay un gran canalizador en ella que es la sensibilidad. El aporte que hace la música es sensibilizar y, de acuerdo a cada persona, pone en juego determinadas cuestiones”. Acto seguido, aclara que la música en sí no es la que cura o mejora situaciones, es la persona la que hace el trabajo. “Nosotros acompañamos el proceso; tratamos de que nuestras intervenciones sean a partir de lo que observamos, a través de lo que ocurre en cada individuo. Para eso, durante cinco años, adquirimos los recursos necesarios para poder participar acompañando, no interpretando lo que sucede, sino acompañando desde donde esa persona nos habilita para que lo hagamos. El que va a terminar resolviendo la problemática es el sujeto, nosotros no curamos. La musicoterapia facilita que el sujeto pase por procesos que quizás él o ella puedan resolver y lo lleven a su propia cura o mejoría”.

Por el lado de Ineco, Carini, desde su rol de musicoterapeuta especializada en rehabilitación neurológica, coincidió con Permingeat en que “la musicoterapia no cura necesariamente sino que establece un cambio favorable en las disfunciones”.

“Puede ser que cure, yo en lo personal no ví que lo haga, pero sí he notado en varios meses cómo las personas mejoran, ya sea en gente con demencia, Alzheimer, u otras enfermedades”.

Respecto del ejercicio de la profesión, ella menciona que es primordial que los musicoterapeutas amen lo que hacen: “Si no estamos convencidos no podemos ayudar a mejorar la calidad de vida y el estado de ánimo de los pacientes. Eso es fundamental. Vos les ponés música ¡y se les transforma la cara! Sonríen o incluso a veces lloran porque recuerdan una canción que a lo mejor los transporta a momentos con su esposo, su esposa, con otro familiar que ya no está... Se generan un montón de cosas, es algo muy sensible. Tenemos que estar ahí para ellas y ellos”, subraya.

En la práctica

Quizás mucha gente haya oído hablar de la musicoterapia en algún programa televisivo o leído alguna publicación pero tenga dudas acerca de cómo se lleva a cabo una sesión y de qué modo se trabaja. Ante todo hay que saber que cualquiera puede acudir, sin necesidad de poseer conocimiento musical alguno. Permingeat explica que en ocasiones se puede llegar a consultar a un musicoterapeuta tras una derivación por parte de un profesional de la medicina o por interés propio. A partir de una entrevista con el paciente se evalúa la posibilidad de una sesión individual o grupal. “El espacio clínico en sí es un lugar físico con instrumentos musicales. Allí se pondrán sobre la mesa algunas cuestiones que tienen que ver con procesos de sensibilización, a través de manejo de técnicas corporales que faciliten dichos procesos y que luego propicien el contacto con los instrumentos, la exploración, y vincularse con lo sonoro. En ese proceso, que nosotros llamamos de abducción, el sujeto va a experimentar movimientos en su vida que quizás lo corran de un lugar en el cual estaba estancado y que no le permitía resolver una problemática determinada”, explica el licenciado. Asimismo, destaca que la “persona que viene es un sujeto que está atravesado por cuestiones relacionadas con lo social, cultural, político, religioso y familiar, aspectos que no se pueden dejar de tener en cuenta a la hora de abordar las problemáticas que se deben tratar”.

Rehabilitación neurológica

Desde el Departamento de Musicoterapia de Ineco, Carini y su equipo, que se completa con dos musicoterapeutas más, realizan una minuciosa evaluación durante la cual se indaga sobre los gustos musicales del paciente, si suele escuchar música, si canta o no; si posee conocimientos en la materia y otros aspectos. Luego de esa instancia, se formula una serie de preguntas y se agrupa a cada persona según patología, diagnóstico y edad, con el fin de que el tratamiento sea más eficaz. “No todos los pacientes tendrán las mismas dificultades y objetivos, por eso se los reúne”, aclara la profesional.

Carini explicó que en lo referente a su especialidad se llevan a cabo diferentes intervenciones terapéuticas específicas, teniendo en cuenta, como se mencionaba anteriormente, a cada persona con sus particularidades. “En el área motora, por ejemplo en el casos de pacientes con Parkinson, se trabaja a través de lo que es la sincronización rítmica, también la coordinación melódica, pero más que nada lo respectivo al movimiento, el equilibrio; estimular la sensibilidad de los patrones rítmicos y favorecer la marcha a través de la música. Por otra parte, en personas con demencia o Alzheimer, lo que hacemos es utilizar canciones como herramientas para recordar historias; tiene que ver con lo atencional. Se apunta a que el paciente intervenga en un determinado momento con frases que tiene en su memoria innata o que podemos utilizar para hacer una intervención musicoterapéutica y clínica. Y en trastornos de neurodesarrollo trabajamos, entre otras cosas, lo referente al favorecimiento de las habilidades sociales y la estimulación cognitiva”, detalla la musicoterapeuta. Todo ello, mediante un acompañamiento que generalmente se puede dar a través de teclado o guitarra.

El lenguaje

“Donde fracasan las palabras, la música habla”. La frase, perteneciente a Hans Christian Andersen, escritor y poeta danés del siglo XIX conocido por obras como El patito feo, La Sirenita y La Reina de las Nieves, e ilustra una realidad muchas veces invisible: puede que la comunicación verbal no permita expresar sensaciones interiores que quizás sí afloren a través de la música. Teniendo en cuenta que la musicoterapia tiene, entre otras cosas, al lenguaje como objeto de estudio, cabe preguntarse: ¿Puede ser esta disciplina más eficaz que las palabras? Mario Permingeat, tras inspirar y exhalar profundamente, reflexiona: “Es un tema. Para un musicoterapeuta, sí. Creo que cuando uno empieza a trabajar en esto, y antes, se vivencia todo el proceso de formación, se expone el hecho de lo sensible, y la palabra muchas veces no lo puede representar. Es algo impresionante. Muchas veces los psicólogos terminan derivando pacientes a musicoterapeutas porque como están todo el tiempo trabajando a través de la palabra, hay momentos en los cuales la persona no puede transmitir desde ahí qué siente. En cambio, en ocasiones, poniendo en juego la sensibilidad, generando un contacto con el instrumento, puede resolver esa determinada dificultad. Se pueden mover resortes que ni siquiera podemos comprender. El musicoterapeuta, desde lo sonoro y corporal, observa lo que pasa. A partir de allí estratégicamente construirá hipótesis clínica y, en base a eso, va a poder pensar una intervención y acompañar el proceso de esa persona”.

Carini considera que “uno puede hacer con la música lo que no hace con el lenguaje, ya sea este verbal o no verbal en lo referente a lo facial. La música es comunicación y ayuda a ello, tanto en la sesión grupal de musicoterapia como en la individual. “Es otro tipo de comunicación, no es lo mismo que (por dar un ejemplo) ir al psicólogo. La musicoterapia sensibiliza al paciente y a veces nos revela cosas que ella o él no cuentan en una sesión de terapia psicológica. Puede pasar que cuando la música entra al cerebro y estimula al sistema nervioso, el cuerpo se relaje, anime o motive a hacer cosas que no haría en una clase de educación musical”, diferencia.

La especialista relata: “Hay un paciente que se trata aquí que tuvo un ACV, a quien le cuesta terminar una oración completa, y sin embargo, puede cantar el tema Zamba de mi esperanza, entero. A nosotros no nos importa la afinación sino la expresión”.

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