Como pocas veces se vio, las rutas de la región que conducen a las terminales del cordón industrial y portuario se vieron colapsadas. Centenares de camiones, y otros tantos autos, quedaron varados luego de que el jueves a la noche comenzara el corte que protagonizaron los vecinos de Villa La Ribera en el cruce de las rutas nacional Nº 11 y provincial Nº 91. Algo que se veía venir, pero que nadie dimensionó: tanto que cuando empezaron los controles, ya era tarde, y el atascamiento fue total.
Como lo publicó este diario, los habitantes de La Ribera comenzaron el jueves a la noche una protesta que venían anunciando. Poco antes de las 21 horas de ese día empezaron a interrumpir el tránsito de acceso a puertos.
Los camiones que iban llegando desde aquella hora se vieron impedidos de seguir su curso, y para la mañana del viernes ya el caos era total.
La pancarta cruzaba una vez más la traza completa de ruta 11, en la intersección con la provincial 91: “Que ningún grano de cereal valga más que una vida”, es la frase de lucha.
Cubiertas ardiendo con intenso fuego y humo negro congregaba a vecinos autoconvocados. “Hoy fue imposible, el paso de camiones fue incesante”, se quejó una mujer mientras otra le reconocía que “casi me chocó un auto” mientras cruzaba a los chicos hacia la escuela.
El jueves a la noche los habitantes de Villa La Ribera se miraban entre sorprendidos por la acción e indignados. “Nosotros queremos vivir, estamos cansados de promesas y cada vez la cosa este peor”, reclamó un hombre. Los transportistas comenzaban a hacer sonar sus bocinas, y eso que apenas se iniciaba la medida de fuerza.
Ni el frío, ni la copiosa lluvia les hicieron dudar de la convicción de pasar la noche sobre la ruta o del “tiempo indeterminado” de la medida. En un momento de la madrugada apareció una guitarra, y hasta algunos sillones. Luego de los primeros acordes, se miraron y entonaron a viva voz las estrofas del himno nacional argentino al grito de “Libertad, Libertad, Libertad”.
Quizás así se resumen los pedidos: apertura para circular, para cumplir con sus obligaciones, para llegar a la escuela, para volver a casa. Rutas en condiciones para que sea de manera segura. Organización territorial hasta tanto eso suceda. Los pedidos son razonables y se agolpan entre la angustia de los años que pasaron.
La primera autoridad en llegar fue el presidente comunal de Oliveros, Alfredo Chiminello. A los minutos arribó el senador por Iriondo, Hugo Rasetto. Ambos acompañaron durante toda la noche a la comunidad de la villa tripartita.
Horas de tensión
Las primeras horas del viernes podrían describirse con el gris del cielo. El ánimo se crispaba y los transportistas ya llevaban largas horas estacionados. Las colas se hicieron de kilómetros y llegaron a los pueblos a la redonda, también colapsó la autopista Rosario Santa Fe.
Entre los conductores las posturas estaban divididas, algunos reconocían el pedido y la necesidad de más infraestructura, otros querían avanzar para cumplir con su recorrido. Empezaron a estacionar los camiones impidiendo el paso de autos particulares, sobre ambas manos del pavimento y las banquinas: “Acá no pasa nadie más”.
La incertidumbre también fue parte de la larga espera. Entre los locales estuvo el senador Rasetto, quien en diálogo con La Capital afirmó: “Mi trabajo, en este caso, fue que los vecinos se sientan acompañados, velando por la paz social. Anoche la cosa estuvo complicada, quise evitar el enfrentamiento entre vecinos y camioneros”. Para ello, indicó que coordinó acciones con las fuerzas de Seguridad Vial, la policía de la Unidad Regional X y Gendarmería Nacional.
Asimismo, detalló que contactó a “todos los funcionarios posibles a nivel provincial” y la clave estuvo en la voz del ministro de Gestión Pública, Marcos Corach, quien acordó que el director de Vialidad Provincial, Oscar Ceschi, llegará a Oliveros a una reunión. Además, entre las gestiones resolvieron “incorporar dos puestos fijos de control” que organicen el tránsito en el sector para que la comunidad tenga garantías para llevar a cabo sus actividades diarias.
Casi 16 horas después del inicio del corte, una nueva ronda se formó y convocaron a todos los presentes. El presidente comunal de Oliveros les comunicó que el lunes a la mañana, en la sede institucional, se llevará a cabo una reunión con el director de Vialidad Provincial para avanzar en las obras necesarias.
“Vamos a darle la oportunidad a la gente de Santa Fe”, comenzó diciendo Chiminello y siguió: “No se puede tensar mucho más la situación social. Confío en la palabra del ministro Corach que nos va a dar una solución hasta que logremos resolver el problema de fondo”.
No tardaron en aparecer los reclamos de los presentes, quienes sin dudas “esperaban más”. Cuando el jefe comunal lo percibió, avanzó: “Creo que se ha logrado mucho. Estoy conforme. Fue un esfuerzo de todos”.
Al encuentro popular también se sumó el presidente comunal de Timbúes, Antonio Fiorenza, junto con el secretario de Seguridad Ciudadana, Eden Bustos. Quienes previo a llegar debieron organizar la circulación dentro de la localidad, que amaneció con una larga cola de camiones cruzando el corazón del pueblo. Escucharon los pedidos, se solidarizaron con la comunidad y pusieron a disposición el personal local de la Guardia Urbana para paliar el problema de tránsito.
Proyectos
Entre los temas que se tratarán el próximo lunes hay tres proyectos que resolverían el “embudo” de Villa La Ribera: la circunvalación de Serodino y un anillo en la intersección de las rutas 91 y 11, que ya tienen sus proyectos concluidos y sólo resta licitar. Y el acceso de tránsito pesado que cruza autopista Rosario Santa Fe sobre el puente de Giardino.
En paralelo, la postal de toda la región del cordón industrial fue de caos. El impacto de la medida fue tan inesperado como contundente.
Largas colas de camiones pintaban anoche una postal de lucha en todos los pueblos y ciudades a la redonda. Todas las estructuras colapsaron, hubo accidentes y excesos de malas maniobras. Pero, lo más complejo de aquí en más no será solo enfrentar el mal vivir, sino la desesperanza de quienes escucharon muchas veces decir lo que esperaban, pero jamás acompañado de alguna acción.