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La isla se quedó sin don Taco, todo un emblema

El paraje conocido como El Charigüé, frente a Rosario, perdió a uno de sus vecinos más emblemáticos.

Domingo 06 de Enero de 2019

El paraje conocido como El Charigüé, en las islas entrerrianas frente a Rosario, perdió a uno de sus vecinos más emblemáticos. Joaquín Cirilo Orellano, más conocido como don Taco, falleció a los 92 años, tras padecer una larga enfermedad.

   Don Taco tenía un parador sobre el brazo de las Lechiguanas, que era asiduamente visitado por navegantes, que pasaban jornadas bajo su quincho, comían y disfrutaban de su pan dulce. Por allí pasó de todo: visitantes ilustres a comidas inolvidables, anécdotas y hasta un programa de radio en vivo.

   Orellano era don Taco, pero muy pocos lo conocían por su verdadero nombre. Había nacido el 9 de marzo de 1926 en el brazo conocido como el Paranacito. De muy pequeño la familia se vino a tierra firme, pero a los ocho años se asentó nuevamente, esta vez en las Lechiguanas, donde se crió con sus 12 hermanos hasta los 20 años. La milicia y la vida volvieron a sacarlo de las islas, hasta que en la década de 1950 volvió y ahí se quedó para no irse más.

   En una entrevista que le hizo La Capital en 2013, contó que cuando llegó a vivir a la zona, el monte que se encuentra frente a su casa no existía. "Esto era todo río. Cuando recién llegamos, de acá a unos 300 metros había un timbó colorado que había quedado de una creciente y ahí se empezó a formar un banco, y después un montecito hasta formarse esta isla (la que separa las Lechiguanas del brazo principal)".

   Pero don Taco nunca se enojó con el río, por más que el agua hiciera de las suyas. "Y mire que viví crecidas bravas, como la del 98, donde el agua subió un metro", recordaba en aquella nota.

   Su parador se fue haciendo famoso y tuvo muchos visitantes, como "el Negro (Alberto) Olmedo, el Flaco (César Luis) Menotti, el Pato (José Omar) Pastoriza y Quique Pesoa". Pero a principios del milenio, cerró el boliche, aunque el lugar siguió siendo destino obligado de vecinos y navegantes. Sobre todo por su pan dulce, conocido entre la gente de la isla, pero que trascendió las fronteras del Charigüé.


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