“Él se fue a comprar su porquería y ahí lo mataron. Pasaron, tiraron y le pegaron a él y a otro chico que estaba ahí”. Una hermana de Franco Alegre contaba así en febrero de 2023 cómo mataron al joven de 25 años cuando iba a comprar drogas a un puesto de venta de la zona oeste, sobre las vías del tren a la altura de Riobamba al 5000. Tres meses después, tras un enfrentamiento con policías era detenido Kevin Ojeda, el joven acusado por el crimen al que comenzaron a juzgar este miércoles, con un pedido de 19 años de prisión.
El juicio comenzó en el Centro de Justicia Penal ante los jueces Gonzalo López Quintana, Paula Álvarez y Fernando Sosa. Ojeda, de 26 años, fue acusado por las fiscales Andrea Vega y Juliana González como autor de un homicidio y lesiones, ambos delitos agravado por el uso de arma, además de la portación ilegal de un arma de guerra. El crimen de Alegre fue la madrugada del 24 de febrero de 2023, alrededor de las 3, cuando un atacante pasó caminando por las vías en dirección a calle Riobamba y sin decir nada disparó hacia el búnker donde estaba Franco.
El muchacho murió en el lugar, herido en la espalda, los brazos y una pierna. Junto a él estaba otro hombre, Jonatan M., de 33 años, al que un disparo le atravesó el muslo derecho. Lo asistieron en el Hospital Carrasco. El ataque fue realizado con una pistola calibre 9 milímetros. En el lugar se recogieron nueve vainas servidas de ese calibre. “Lo único que puedo decir es que él no vendía”, dijo entonces un vecino a este diario.
Camino al búnker
“Franco no tenía broncas”, contó una tía de la víctima que adjudicó el problema a “la droga que se lleva a los chicos nuestros como nada”. Sus allegados, reunidos en la casa familiar de Pasco y Carriego, contaron que el joven padecía problemas de adicción desde los 12 años y solía ir a comprar a ese lugar pero nunca había tenido problemas.
Alegre se dedicaba a vender tortas asadas y a veces ayudaba a paquetear su padre. Sus familiares dijeron que tenía períodos de mejoría, como al nacer su hija Ema, que tenía 4 años cuando él falleció. Su hermana solía esperarlo a la madrugada y si no regresaba iba a buscarlo al quiosco de drogas. La noche anterior a quedar expuesto a la balacera, contaron, le había pedido 200 pesos a la madre para comprar un porro. “Como ella le dijo que no, le pidió a la hermana, se fue y ahí lo mataron”, contó su papá.
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El acusado por el crimen fue detenido el 1° de mayo de ese año en la zona de Gálvez y Pascual Rosas, en Villa Banaba. Lo acusaron de haber efectuado al menos catorce disparos hacia tres policías del Comando Radioeléctrico que iban en un patrullero. Uno de los disparos impactó en el paragolpes delantero. Los policías dispararon dos veces mientras el joven corría por un pasillo y finalmente lo apresaron en una casa de Virasoro al 5000. Por esta secuencia, sumó en el juicio los delitos de intento de homicidio agravado y portación ilegítima de arma de guerra.
Seis meses después de su detención fue imputado a partir de evidencia como autor del crimen de Alegre. Según se indicó al momento del ataque, iba acompañado por un cómplice no identificado y se presumía que el ataque habría sido ordenado por una organización por disputas ligadas a la venta de drogas.