La Ciudad

Polémica por el estado edilicio del Museo Juan B. Castagnino

La provincia apuntó contra el municipio como responsable del mantenimiento de la sala. Las obras de arte corren peligro

Jueves 04 de Febrero de 2021

Luego de que se conociera el pobre estado edilicio del Museo Castagnino, que obligó a retirar valiosos cuadros para no ser dañados por filtraciones de agua, y el abandono de las incipientes obras de ampliación de la sala de bellas artes, los funcionarios municipales y provinciales se echaron culpas sin responsabilizarse de la realidad que pone en riesgo una millonaria colección de obras pictóricas.

El ministro de Cultura de la provincia, Jorge Llonch, advirtió ayer en su cuenta de Twitter que “el mantenimiento del museo es una responsabilidad indelegable de la Municipalidad de Rosario”.

Por su parte, la concejala Germana Figueroa Casas, de Juntos por el Cambio, recordó que en noviembre del año pasado presentó un pedido de informes para que el municipio explicara por qué se habían suspendido las obras que habían sido licitadas para ampliar el museo.

Se había asignado un presupuesto importante para realizar esa obra y no sabemos por qué se suspendieron ni tampoco cuáles son los plazos para su reanudación”, señaló en su momento la concejala.

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Sin embargo, no sólo no hubo respuesta a una posible reanudación de las mejoras edilicias, sino que los trabajos se dieron por finalizados.

En estos días la Fundación Castagnino recibió el aviso de que se daban de baja los trabajos y se comenzaron a retirar las vallas. Ya se había hecho el movimiento de suelo y se habían colocado los pilotes para sostener la estructura. Ahora todo quedó en la nada.

Al límite

La remodelación consistía fundamentalmente en ampliar el museo para poder conservar las obras de arte, ya que con la estructura actual la situación está “al límite”. De hecho, el Castagnino fue construido para albergar unas 200 obras y ahora contiene 5 mil.

La situación es crítica, a tal punto que si no se invierte en una mejora, las obras de arte podrían ser trasladadas a un museo de Buenos Aires donde se las pueda conservar.

La Fundación Museo Castagnino trabajó durante cuatro años para reunir fondos y convocar a empresas que apoyaran la ejecución del proyecto. “Habíamos conseguido lo suficiente para comenzar la obra y habíamos comprometido capitales privados para las segunda etapa, pero ahora todo quedó en la nada. Nosotros no estamos exigiendo al Estado, sino que sumamos privados para que apoyen obras públicas que beneficiarán a todos los rosarinos”, acotó José Castagnino, miembro de la Fundación.

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Nadie lo dice en voz alta, pero también subyace una cuestión política porque la licitación y la adjudicación de la obra, así como el compromiso de realizarla, fue del gobierno de Miguel Lifschitz, pero cuando cambió el color político el proyecto se consideró “no prioritario”.

Desde la Fundación aclararon que entienden la situación de la pandemia, pero reclaman un espacio de diálogo para negociar otra solución para el museo, donde tal vez se puedan realizar algunas ampliaciones y no todas las que se planeaban.

El arte, una forma de superar la pandemia

El museo Castagnino fue inaugurado en 1937, en el edificio de Oroño y Pellegrini, donado a la ciudad por Rosa Tiscornia de Castagnino en memoria de su hijo Juan Bautista, coleccionista de arte de principios del siglo XX.

Consta de salas de exhibición, auditorio, biblioteca, instalaciones de restauración y depósitos de conservación de obras que ya resultan insuficientes.

Las goteras se pueden arreglar. Lo que realmente preocupa es la grave dificultad que existe hoy para guardar y conservar en buen estado las obras artísticas”, destacaron expertos en el tema.

La situación se replica en el Museo de Arte Contemporáneo (Macro), un edificio que requiere un mantenimiento inmenso y que durante todo el año pasado no se pudieron realizar las obras básicas para conservarlo.

En contraposición, los museos del mundo trabajan para preparar las salas, de manera que se conviertan en espacios de encuentro postpademia de coronavirus, donde el arte pueda ser una “terapia” que logre paliar las consecuencias psicológicas que seguramente quedarán cuando finalice la crítica situación sanitaria.

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