Hace cinco años, los frentes de las casas de la entonces Villa Corrientes (hoy barrio Corrientes, ex villa La Lata) comenzaban a pintarse en un plan de integración con el resto de la ciudad y bajo la posibilidad de establecer un “La Boca rosarina”. Pero la iniciativa se discontinuó hasta hace unas semanas cuando se retomaron los trabajos no solo para terminar esa iniciativa, sino, además, para sumar una impronta cultural y que la ciudadanía vuelva a ganar la calle. Se planea un barrio cultural y que la experiencia pueda trasladarse a otros barrios.
Antes de que empiece a pegar el calor sofocante de mitad de semana, unos cinco vecinos preparan los frentes de sus casas para continuar las pintadas. Ni bien lo ven a Taparelli le preguntan por la pintura, le muestran que están avanzando con el lavado del frente y consultan si les van a dar más para poder seguir con el trabajo.
“Esto es lo más importante: el hecho social de que los vecinos se junten. Y una vez que esté todo listo, viene el centro cultural”, anticipa Taparelli a La Capital durante una recorrida por La Lata, al que rebautizaron como Barrio Corrientes en el marco de la reconversión que llevan adelante: “Quiero que se genere un gran centro cultural para todos, que genere trabajo de todo tipo”.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
La movida la comenzó Taparelli como artista plástico en 2017, pero se discontinuó. Ahora, el secretario tiene planes mayores para que la cultura sea el vehículo de recuperación del barrio: “Hay un montón de síntomas que me dan la pauta de que hay que poner en valor la empatía cultural a través de la solidaridad. Los vecinos que ven que su vecino de enfrente está pintando, se acercan para dar una mano; se ven vecinos a la mañana pintando, parejas pintando en el fondo de los pasillos”.
Elegir el color
Para avanzar sobre cada uno de los frentes y los pasillos, unas semanas antes de los días de pintada, un equipo de encuestadores municipales va casa por casa para hacer una serie de preguntas que apuntan a conocer a los vecinos y poder trazar un vínculo.
La encuesta lleva “entre 20 y 30 minutos”, comenta el coordinador de Cultura del Centro Municipal de Distrito Sur, Federico Scavuzzo, de la que resalta que a partir de ese diálogo “se genera empatía con el vecino, que vuelca los deseos y anhelos que tiene para el barrio”.
Sobre esos anhelos planea trabajar Taparelli: “El cambio que pretendo en el barrio, que tiene grandes problemas sociales, es que se logre a través de lo cultural. Que el vecino participe, pinte su casa: transformar el barrio entero en un barrio cultural, pero no solo a través de lo pictórico”.
“Vamos a poner centros de lectura, de alfabetización. Todas las cosas que hacen falta para que sea un mejor barrio y que trascienda la cuestión edilicia”, agrega, mientras que Scavuzzo suma que en los “días de pintada se generan un montón de cosas bellísimas, como familias enteras trabajando”.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Los vecinos se anotan durante las encuestas, en las que hay dos consultas puntuales sobre el tema: si quieren participar y de qué color quieren pintar el frente de su casa. Los elementos para hacerlo (pintura, brochas, pinceles y lijas, entre otros) los brinda la Municipalidad, mientras que los vecinos son notificados dos semanas antes para que vayan eliminando con lavandina manchas de humedad, musgo, hollín o grasa de las paredes; o que retiren la pintura seca, en caso de que hubiera.
“Cuando llegás al día de la pintada, se suman vecinos. El sábado pasado teníamos anotados 55 frentes y terminamos pintando 73”, cuenta Scavuzzo.
La consulta obligada es si esto puede darse en otros barrios de Rosario, a lo que Taparelli responde no solo que “no es una idea ni una posibilidad: es una certeza”, sino que describe al Barrio Corrientes como un “laboratorio” para poder exportar, en un futuro, el proyecto a otros rincones de la ciudad: “Es un plan sociocultural con resultados concretos y con la participación de la gente. Esto es un laboratorio, para llevarlo a Tablada, a Las Flores, a otros barrios”.
"Arboles de comida"
Ana María fue, según cuenta Taparelli, su segunda madre. Una de las historias que le contaba al secretario cuando era chico era la infinidad de árboles frutales que había en la zona de los galpones, de cara al río, en la década del 30, y cómo las chicas de los barrios salían a caminar por la costanera para juntar materia prima para hacer mermeladas, que luego se intercambiaban.
Siguiendo la misma historia, Ana María relató a “Dantito”, como le decía, que la autodenominada Revolución Libertadora de 1955, gobierno de facto que derrocó a Juan Domingo Perón e instauró una dictadura cívico militar, mandó a cortar todos los árboles frutales. “¿Te parece, Dantito, cortar árboles de comida?”, cuenta Taparelli que le preguntaba su segunda madre, de lo que se desprende el nombre del proyecto que tiene para las decenas de árboles frutales que hay en el barrio que ahora está buscando reconvertir a través de la cultura y el arte.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
“Hay vecinos del barrio que tienen pomeleros y limoneros en la puerta”, describe. En total, contabilizaron “alrededor de 100 árboles frutales en el barrio. Muchos de ellos, nativos”, cuenta la proyectista Marcela Cejas, quien forma parte del equipo que lleva adelante la transformación.
Para los árboles de comida tienen planes también: “La idea es hacer talleres destinados a los vecinos para el cuidado de los árboles y sobre agroecología, con la preservación del arbolado y, en especial, de los ejemplares frutales para que los puedan mantener como un recurso”.
Huertas en las veredas
Está en proceso, además, una idea que sumará al ingeniero Antonio Lattuca para desarrollar huertas comunitarias en distintos puntos del barrio, tanto de comestibles como decorativas.
“El programa de huertas hogareñas en las veredas lo está armando el ingeniero Antonio Lattuca, que articuló todos los planes de agricultura urbana en Rosario. El proyecto está en elaboración, siguiendo ordenanzas y requerimientos de seguridad y los vecinos definirán si quieren huertas de flores, agroecológicas o de verduras”, comenta Cejas.
“Queremos recomponer el barrio y tomar este proyecto como emblema para ir a todos los barrios”, remarca Taparelli, y agrega, fiel a su estilo: “En todos los barrios con conflictos vamos a ir a tirar agua bendita con todas las herramientas de la cultura”.
“Buscamos salir a la calle para construir cultura entre todos, para ganarla. Que se vuelva a recuperar el orgullo ciudadano. La cultura es una herramienta de sanación y de orden que está por encima de las acciones de facto. Estas son acciones colectivas”, concluye.