La Ciudad

Mensajes cargados de emoción a un año de la muerte del psiquiatra Ernesto Rathge

Fue un reconocido profesional, mago, ávido lector, escritor y columnista de La Capital. Pacientes, colegas, amigos, familiares lo recordaron con mensajes y textos destacando su personalidad y su legado

Jueves 28 de Enero de 2021

Fue una de las voces más lúcidas del ámbito académico de Rosario. Fundador y director de la Red Psicoterapéutica de Rosario, diseñó y puso en marcha un sistema de atención en salud mental que dejó huellas en la ciudad y en la zona sur de provincia. Ávido lector, poseedor de una biblioteca cargada de libros de ciencia y filosofía, ensayos y ficción, era un amante de las charlas extensas y profundas. Asistió a cientos de pacientes durante su carrera, formó a colegas, y dejó una marca imborrable en cada una de las personas con las que alguna vez tuvo un encuentro en un bar, en un congreso, en una reunión informal y también en las redes, porque en los últimos años participaba a diario de Twitter donde volcaba opiniones, comentarios, intercambiaba ideas y debatía con entusiasmo, dejando siempre abierta la posibilidad de la reflexión.

Murió el 28 de enero de 2020 a causa del agravamiento de un cáncer, enfermedad con la que lidió por años. Y cuando ya tenía el diagnóstico y sabía que se enfrentaba a un camino complicado y seguramente doloroso, aceptó una invitación de La Capital para escribir en forma habitual en los suplementos Salud y Más. Sus textos siguen circulando y sorprendiendo por su calidad y calidez. Muchos de esos escritos hoy forman parte del libro Cajas Chinas, que sus hijos editaron pocos días antes de su fallecimiento.

En esos días previos, en los que la enfermedad avanzaba sin pausa, Ernesto llamó a muchos de sus amigos y conocidos para despedirse. Lo hizo a su modo: con entereza, con afecto, con una mezcla de tristeza por dejar la vida que tanto amaba y de agradecimiento por todo lo vivido. Por estas horas, en Ahatsapp y en distintas redes sociales se multiplicaron los mensajes recordando al hombre que además de prestigioso psiquiatra, gran amigo, padre y abuelo generoso, fue el Mago Randhi. La temprana muerte de su hija (que acababa de ser madre) lo alejó para siempre de la magia, una actividad que lo acompañó durante gran parte de su historia.

"La vida fue transcurriendo, y mi padre, y la familia toda, sufrimos el más grande dolor imaginable, la pérdida de una hija, de una hermana, de una madre que acababa de serlo, la pérdida de la hermosa, inteligente e infinitamente generosa Juli. Papá quebró entonces sus varitas y las enterró junto a ella y junto al mago, porque jamás volvería a disfrazarse de Randhi, porque nunca más entraría a su habitación mágica donde atesoraba las mil y una ilusiones que había acumulado a lo largo de la vida. Sin embargo, su otro yo, el doctor Rathge, seguiría adelante, no dejaría de trabajar, no abandonaría a sus pacientes, ni sus constantes estudios", escribió en estos días Federico, uno de sus hijos.

En ese texto, el joven rememora paso a paso la trayectoria profesional de su padre y los aspectos profundos y humanos de su existencia. Amante de los libros de Montaigne, Marina, Berger, Maturana, Spinoza, dejó a sus hijos una biblioteca preciosa en la que siguen descubriendo "secretos" de ese hombre inmenso, de gesto severo por momentos, que podía mostrar la mejor sonrisa, con la que todo cambiaba a su alrededor, con la misma que sedujo por generaciones a los chicos de Rosario y de la zona cuando se ponía el traje de mago.

"Ernesto, de aún 10 años, pidió que le regalasen una caja con trucos de magia. Sus buenos padres cumplieron y a los pocos meses, Melchor el mago, daría su primera función ante un orgulloso auditorio suizo-italiano". Melchor era justamente su segundo nombre.

"Se podría especular entonces que sin el desparpajo italiano, un libro que estimulase fantasías y dos atentos padres que apoyasen el entusiasmo, el mago Randhi jamás hubiese nacido (Randhi fue su segundo y definitivo nombre artístico, se le ocurrió a los 20 años cuando a propósito de la lectura de una biografía del Mahatma sintió tal admiración que decidió renombrarse Gandhi, pero con la R de Rathge) y nosotros, mis hermanos y yo, jamás hubiésemos tenido una infancia rodeada de galeras y conejos, de circos y payasos, de cientos de viajes y shows donde El Mago Randhi actuaba para nosotros y para todos, y donde nos enseñaba lo feliz que se puede ser provocándole felicidad a otros.on la que sedujo por generaciones a los chicos de Rosario y de la zona cuando se ponía el traje de mago", describe Federico Rathge.

Memoria y afecto

Desde temprano hoy circularon en las redes y entre sus amigos y conocidos mensajes que lo recuerdan en sus distintas facetas. Todos lo hacen con amor y admiración.

El cardiológo Carlos Vozzi escribió: "28 de Enero de 2021. Paso un año sin Ernesto. Fue un gran amigo con quién compartí estos valores: solidaridad en la adversidad, cultura y educación sostenida en el tiempo y pasión por su profesión. Un verdadero compañero de diálogo. Un hombre que sabía disentir con empatía y comprendiendo al otro. Gran lector y escritor limitado en sus entregas que atesoro. En este tiempo tuve encuentro con sus hijos Federico y Nicolás y recordamos vivencias del Mago. Te recuerdo querido Ernesto Rathge con respeto, intenso afecto y un poco de tristeza por no contar con tan valioso y humano interlocutor".

Kuki, una persona cercana a Ratghe, destacó: "Hoy hace un año que te fuiste. Se te extraña y mucho. Cada tanto te leo. Gracias por todo lo que dejaste en este mundo. Besos al cielo".

"Mi querido mentor, quien nos enseñara el mejor truco: hacer con otros. Sigue presente en el trabajo de tantos colegas y en las vidas de tantas personas que supo acompañar con inteligencia, generosidad, ética, empatía, capacitación y sabiduría", escribió la psicóloga Natalia Marún.

Y así termina el texto que amorosamente hizo circular en las últimas horas su hijo: "Se ha cumplido ya un año desde que su cuerpo descansa en paz en el hermoso cementerio de los disidentes de Rosario. Junto a él yacen su hija, su nono suizo y su nona italiana, y miles de almas protestantes, calvinistas o anglicanas, pero también agnósticas, como terminó siendo él (no ateo como le gustaba decir, porque no quería presumir de ninguna certeza). Me gusta pensar (quizá lo necesite) que esa agnosis de mi padre se resolvió con el inesperado descubrimiento de algo más que aquel dios spinoziano que le gustaba citar, me gusta imaginarlo reencontrado con amigos, con sus padres y abuelos, abrazado infinitamente a Juli, mirándonos desde arriba, plácidos, con orgullo". Las Cajas Chinas "se siguen abriendo, adentro, su foto en la solapa, el gesto inseparablemente cortés y sonriente (con tanta razón lo extrañamos), releemos sus palabras y suena el eco de su voz pronunciándolas. Tomamos las lapiceras que nos legó y subrayamos, pues, otra frase más".

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