La pesca indiscriminada puso al sábalo al borde de su extinción
A pesar de que conserva su mítico color marrón, el río Paraná cambió y mucho: en la última
década la explotación del sábalo jaqueó su riqueza ictícola y comprometió al resto de los peces.
Para adaptar su exportación a las exigencias de Nigeria, Brasil y Colombia se extraen ejemplares
pequeños que ni alcanzan a desovar. Con esta estrategia de rindes jugosos, los frigoríficos
vendieron miles de kilos sin valor agregado y exprimieron a esta especie hasta límites
críticos.
1 de noviembre 2009 · 01:00hs
A pesar de que conserva su mítico color marrón, el río Paraná cambió y mucho: en la última
década la explotación del sábalo jaqueó su riqueza ictícola y comprometió al resto de los peces.
Para adaptar su exportación a las exigencias de Nigeria, Brasil y Colombia se extraen ejemplares
pequeños que ni alcanzan a desovar. Con esta estrategia de rindes jugosos, los frigoríficos
vendieron miles de kilos sin valor agregado y exprimieron a esta especie hasta límites críticos. En
2004 salieron del país 32 mil toneladas, tres años después el gobierno puso cupos para enderezar la
situación, pero una que otra válvula abierta siempre distorsiona las cifras. Este año se declararon
11 mil toneladas para el extranjero aunque cabe aclarar que la Aduana no suele ser la única salida.
Para el 2010 la provincia de Santa Fe fijó un techo: 4 mil toneladas por año.
¿Por qué el sábalo se lleva ahora todas las miradas? Esta especie que
representa el 60 por ciento de la fauna ictícola del Paraná se convirtió en filón comercial cuando
una década atrás comenzó a reemplazar al bocachico, un pez colombiano que sucumbió a una
sobreexplotación por consumo. El negocio así iniciado se posicionó con creces al caer la
convertibilidad. Sólo a modo de ejemplo, en el exterior se llegó a vender a cuatro dólares el kilo
de sábalo que los pescadores entregaban como mucho a ochenta centavos.
Congelados y eviscerados, sin más valor agregado que acomodarlos en
cajas de 20 o 22 unidades de un kilo o 900 gramos cada una, los sábalos del Paraná participan de un
circuito comercial que alteró seriamente la cadena trófica (secuencia de especies que viven en un
ecosistema) en los 700 kilómetros de costa santafesina. En esta pirámide, los dorados y surubíes se
alimentan de los huevos y larvas del sábalo, por lo que su sobre pesca cambió el perfil biológico
de estas dos especies.
En el río Paraná conviven las pescas artesanal, deportiva y comercial.
Fuente fértil de unas 220 especies, unas más apreciadas que otras, este curso de agua es el
sustento vital para los isleños y habitantes de la ribera que llevan generaciones recorriendo su
cauce y adentrándose en todos sus secretos. “Soy pescador desde siempre y lo que le está
pasando al río me afecta en lo económico y en los sentimientos porque es parte de mi vida”,
sintetizó Julián Aguilar, desde el espigón frente a la cancha de Rosario Central, en la última
jornada de trabajo, horas antes de comenzar la veda.
Estrago. La convivencia de los tres sistemas de extracción de recursos del río se alteró cuando
una década atrás la pesca industrial se robusteció sin respeto por la sustentabilidad de la fauna,
en especial en la zona de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. El sábalo se posicionó como base de
alimentación en Brasil, Bolivia, Colombia y Nigeria, con una demanda en alza que superó la
prudencia y rompió el equilibrio biológico de esta
especie.
“El sábalo representa el 80 por ciento de lo que se exporta y,
como no tiene que superar el kilogramo, se llevan piezas pequeñas que ni alcanzaron a
desovar”, explicó Gerardo Massari desde su puesto de venta sobre la avenida de la Costa. Para
proveer sábalos pequeños las mallas se achicaron más allá de los 16 centímetros permitidos entre
nudos. En la época de pique fuerte los pescadores llegaron a ganar 1.200 pesos por jornada y los
acopiadores, muchos informales, no daban abasto para trasladar cargas completas a las cámaras de
los frigoríficos que tienen alta capacidad de almacenamiento.
En ese marco de alta producción, los precios llegaron a valores
insólitosçs. “Se pagaban súperbaratos, a menos de 60 centavos el kilo sin vísceras y las
diferencias se hacían entregando miles de kilos”, relató Massari, quien integra una
asociación que defiende el río como recurso sustentable. Claro que semejante presión de pesca,
multiplicada por cientos de redes y extendida durante diez años impactó de lleno en el Paraná para
la pesca artesanal, de la que viven miles de familias.
En medio del boom del sábalo, no pocos desocupados del campo y la ciudad
se sumaron al río extendiendo la mano de obra sobre una fauna que menguaba temporada tras
temporada. “Los frigoríficos los proveían de redes y canoas, pero esa gente ahora sólo puede
sobrevivir, duele ver las condiciones en que quedaron sobre todo en las islas de Entre Ríos”,
comentó un pescador con años de oficio.
¿Cómo vive un pescador? “Al día”, retrucó Aguilar. Con pocas posibilidades de
sostener un monotributo y ni hablar de obra social; con un gasto fijo de 60 u 80 pesos (nafta y
aceite para la canoa) y con jornada de pesca artesanal de 120 o 150 pesos para las buenas
temporadas. Pero cuando falta el pique la diaria apenas alcanza los 70 pesos y la ventaja de llevar
algún pescado para el plato del mediodía.
“Los peces son cada vez más chicos y hay menos”, dijo
Massari. Desde la Cooperativa de Pescadores, de Nansen y Frondizi, Diego corroboró la visión.
“Ayer vino un hombre que sacó ocho sábalos y tiró cinco veces la red; terrible, se llevó 61
pesos a su casa por no menos de seis horas de trabajo, antes ganaban entre 150 y 200 pesos por
día”, relató.
Pero la exportación no parece ser la única presión negativa sobre la
fauna del río. Quienes estudian el tema y quienes tienen en el río su vida cotidiana completan la
lista: el túnel subfluvial, el puente Rosario-Victoria y las industrias sobre las riberas. Además
de las empresas ganaderas y cerealeras que “rellenan con topadoras las bocas de las lagunas
en las islas ganando terreno, reformando el humedal y alterando el ecosistema con veneno para
carpinchos y aves”, relató Julián Aguilar sólo a modo de
ejemplo.
Veda. Por lo pronto hoy comienza la veda pesquera que se extenderá hasta el 2 de febrero. Pero
para cuando la actividad se retome la provincia de Santa Fe ya tendrá una batería de normas para
regularla. Controles que desde hace tiempo reclaman distintos ámbitos, incluidos los ambientalistas
que dieron voces de alerta sobre la
situación.
El miércoles se conocerá el nuevo padrón de pescadores que recibirán un subsidio mensual de
850 pesos durante ese período. Según trascendió, la cantidad rondará los tres mil trabajadores,
sensiblemente menor a los 5.614 que se adjudicaban el
rol.
El viernes, en el marco de la segunda reunión de la comisión regional
del Consejo Federal Agropecuario (que se realizó en Rosario), Santa Fe y Entre Ríos, provincias que
comparten un 47 por ciento de la exportación (el resto lo aporta Buenos Aires), firmaron un
convenio para aunar criterios en el manejo responsable y sustentable del recurso pesquero. El
acuerdo tiene como objetivo armonizar las normas sobre períodos de veda, artes e instrumentos de
pesca (redes), además del tamaño de las
piezas.