La ciudad

La odisea de una escuela en donde ya robaron siete veces

Está en Nuevo Alberdi y hoy le harán un abrazo simbólico para exponer públicamente la ola de inseguridad que vienen padeciendo.

Viernes 26 de Octubre de 2018

Para evitar los robos, en la escuela Nº 133 "20 de Junio" ya no saben qué estrategias desplegar. Alarmas, rejas, cadenas y candados no lograron evitar los siete atracos que ya sufrió durante este año, casi uno por mes. En uno de los últimos, los ladrones usaron el contenedor de residuos orgánicos para trasladar los botines. Desde entonces, el recipiente permanece atado a uno de los árboles del patio.


Hoy, a media mañana, docentes, personal escolar, alumnos y sus familias realizarán una jornada de convivencia que terminará con un abrazo simbólico al edificio de Vieytes al 2900, en el barrio Nuevo Alberdi. La actividad busca visibilizar la tarea que realiza la escuela dentro del barrio y, al mismo tiempo, invitar a los vecinos a cuidarla.

"La escuela queda vacía los fines de semana y padece las mismas situaciones de inseguridad que se viven en el barrio", señala Judit Sansoe, vicedirectora de la escuela primaria. "Ya no sabemos qué hacer para evitar robos. Pusimos alarmas, rejas, candados; pero ya no podemos más. Nos indigna, nos enoja y nos preocupan estos hechos", suma su compañera Carina Gómez.

El armario de la dirección de la escuela está lleno de cajas de archivo, cuadernos y útiles escolares. Entre todo eso, una carpeta transparente acumula cada una de las denuncias por los robos que sufrió la escuela este año. Las actas dan cuenta de siete intrusiones, las primeras fueron semanas antes de las vacaciones de invierno; la última el fin de semana pasado.

En sus primeras visitas, los ladrones se llevaron las herramientas utilizadas para la construcción de un salón de usos múltiples en el primer piso del colegio o, directamente, los materiales acumulados en un rincón del patio escolar: bolsas de cemento, perfiles o ladrillos.

Cuando ya no quedó nada, los botines fueron más magros: la cafetera de la sala de porteros, un aire acondicionado de una de las aulas móviles, una computadora de la biblioteca o las carpetas con los dibujos de los chicos de cuarto grado.

Después de cada robo se reforzaron rejas, se colocaron barras de hierro en portones, se agregaron sensores de las alarmas. En una de las entraderas, notaron que los ladrones habían arrastrado el contenedor de residuos reciclables para saltar sobre la medianera, entonces decidieron atar el recipiente a un árbol con cadena y candado. "Pero todo parece poco", señalan las docentes.

Este mes, las noticias sobre robos en escuelas se repitieron en la agenda de los medios de comunicación. Hace diez días, la comunidad de la primaria Nº 1.080 Gabriela Mistral, se movilizó para denunciar los constantes atracos de los que son víctimas.

En total sumaron cuatro en el año, en el último los ladrones se llevaron tres mil pesos de la dirección, causando además destrozos en distintos lugares del edificio de San Lorenzo 8854.

Un día después, la escuela Nº 6.018 Victoriano Montes, de Larralde al 3300, tuvo que suspender las clases porque los delincuentes robaron inodoros, dañaron los baños y se llevaron hasta el metegol con el que jugaban los chicos en el recreo.

Para el secretario general de Amsafé Rosario (gremio que nuclea a los docentes de escuelas públicas), Gustavo Terés, este mes se vio un recrudecimiento de este tipo de situaciones, sin embargo no consideró que exista un crecimiento cuantitativo en el número de atracos a escuelas.

"Cada tanto suceden estas cosas en distintos barrios, pero no hay un salto importante en la cantidad", apuntó.

Lo que mas duele

El edificio de la escuela Nº 133 fue creciendo al compás de las necesidades del barrio.

La matrícula de la escuela subió significativamente en los últimos años, acompañando el crecimiento de las viviendas sociales del barrio Roberto Fontanarrosa, más conocido como Zona Cero.

Actualmente la escuela primaria, que suma 832 alumnos, comparte las instalaciones con una escuela secundaria y otra de nivel medio para adultos.

El edificio está lleno de patios, con medianeras bajas que invitan a ser saltadas.

"Todas las cosas que nos roban pueden parecer menores, pero son cosas que nos cuesta mucho reponer. Todo es dinero y, en estos tiempos, es lo que escasea en las familias de nuestros alumnos", afirma Gómez mientras recorre la escuela, recibe abrazos de lops chicos y ata zapatillas, casi al mismo tiempo.

Aunque lo que más duele, dice, no son tanto las pérdidas materiales o los trámites administrativos que hay que seguir después de cada robo, sino ver las caras de los chicos cuando encuentran que la puerta del salón está rota o que faltan cosas en el armario. "Eso es lo más duro", dice.

Como el contenedor era usado para llevar lo robado, lo ataron con candado.

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