La ciudad

Entre la pluma y el pincel

Un libro busca dar visibilidad a María Laura Schiavoni, una mujer artista que no sólo sostuvo su tarea en ese ámbito sino que también publicó textos críticos.

Viernes 09 de Noviembre de 2018

En los trabajos de restauración de una obra, los especialistas muchas veces deben rastrear entre distintas capas para llegar a la obra original o a la firma de un autor. Sabina Florio y Cynthia Blaconá, desde otro lugar, parecen restauradoras. Sospechan cómo es aquello que buscan pero saben que no está a la vista. Ellas tuvieron que despejar varias capas para que María Laura Schiavoni aparezca como una mujer artista. Así lo expresan en sus trabajos de investigación y en particular en María Laura Schiavoni, a través de sus papeles privados, su vida y su obra más allá de los estereotipos, un libro que por estos días presentaron junto a una muestra que puede verse en El Bucle.


El libro, precioso por su contenido y por su diseño (a cargo de Malena Cosumano y Gonzalo Gigena), es el primero del sello editorial que las investigadoras acaban de fundar y que buscará publicar sobre mujeres artistas. El sello se llama Yarará y tiene su exlibris que así lo indica y obliga a cierta sonrisa cómplice con las y los lectores.

Un interesante prólogo de Paula Caldo realiza una lectura sobre el trabajo de las investigadores y busca poner en foco a la protagonista del libro. En ese marco dice que la publicación puede ubicarse en lo que se denomina antibiografía, "esa categoría analítica que permite ponderar las operaciones que los distintos contextos realizan para invisibilizar a los sujetos".

La apreciación de Caldo es precisa ya que las autoras realizan justamente ese trabajo. Se corren de los centros y buscan en la periferia porque tienen indicios no sólo del valor artístico de la obra de María Laura Schiavoni sino también de su trabajo de reflexión y crítica que, en muchos casos, fue publicado en diarios pero que en su mayoría permanece en la privacidad.

Blaconá y Florio, en diálogo con La Capital, señalan que ellas buscaron que María Laura ocupara un lugar central en su investigación. Pero aclaran, a la vez, que la idea es que ese trabajo de desmontar los dispositivos que la tornaron invisible no represente un "caso" como una cuestión excepcional sino abarca una realidad del campo artístico de entonces y de ahora.

María Laura Schiavoni nació en Rosario en 1904. Casi 11 años antes había nacido su hermano mayor, Augusto Schiavoni. Sí, ambos eligieron la pintura como forma expresiva. Augusto, no sin idas y venidas, ocupa un lugar en la historia del arte local. Sus obras integran colecciones públicas y privadas y sobre sus trabajos se han realizado investigaciones y muestras. Sobre María Laura, poco nada. Esa ausencia tentó a las investigadoras, a quienes les interesa en particular conectar la historia de las mujeres y el arte.

Entre las razones que abonaron esa ausencia en colecciones públicas y bibliotecas, un par de datos resuenan en particular. Augusto murió joven, en 1942, pero ya un tiempo antes se retiró de la producción artística. Ante lo cual cabe la pregunta sobre cómo su obra encontró lugar en el campo artístico. Fue su hermana María Laura quien se encargó de esa tarea. Donó obra a museos, se asesoró con críticos sobre cómo hacerlo y armó lo que hoy se conoce como Archivo Schiavoni. "Dieciocho carpetas confeccionadas por ella a lo largo de los años, dedicadas al registro exhaustivo del itinerario artístico de su hermano", detallan las investigadoras. Ella donó ese archivo ella en 1979 al Museo Castagnino junto con 50 obras de su hermano.

Las donaciones o las muestras que ella realizaba para dar a conocer el legado de su hermano, descubren las investigadores, se inscriben dentro de las estrategias que se daba para poder ingresar en el ambiente. Tiempo después de esas donaciones intentaba mostrar sus trabajos. Negociar para poder ser.

María Laura se recibió de maestra y profesora de letras. Ejerció la docencia hasta jubilarse, algo que es leído también como otra herramienta que le posibilitó salir del hogar familiar, ser asalariada y contactarse con el mundo puertas a fueras. También la ubica en un lugar de productora ya que hay registros de ella escribiendo textos para las escuelas y sus propios cuadernos que la llevan a reflexionar sobre su obra y el arte. Augusto estudió en la ciudad y en Italia, María Laura, no. Fue autodidacta. A esos cuadernos los llamó "Autocátedra", en clara alusión a esa diferencia.

Blaconá y Florio avanzan sobre el cúmulo de estrategias, negociaciones y acciones públicas y privadas que bosquejó María Laura para sostener su obra que al verla no cesa de encantar.

—¿Quién fue María Laura Schiavoni?

—Sabina Florio: Fue muchas y fue todas las que intentó ser y pudo ser. Con eso nos fuimos encontrando a lo largo de muchísimos años que llevamos investigando en torno suyo. Yo empecé estudiando a Augusto en 2005. María Laura se colaba como la que había sentado las bases para que lo podamos recordar. Pero ella como artista fue apareciendo después, buscando material sobre su hermano. Primero, deja todas las carpetas, que es el Archivo Schiavoni y está en el Castagnino, hechas por ella y ahí aparece su letra, su obsesión por dejar constancia. Eso revela que ahí hay alguien más que una hermana abnegada, hay alguien que tiene oficio, que tiene una relación hermosísima con la palabra y alguien que tiene trayectoria en el espacio de la crítica y de la historia del arte como para poder sostener eso. Entonces ahí llama mi atención.

—Cynthia Blaconá: En 2014 nosotras presentamos un proyecto de investigación para la Universidad donde retomamos la figura de ella pero no solamente como un estudio del "caso", y para visibilizar a una mujer más, sino para dar cuenta sobre cómo se ve la construcción de la historia del arte en relación a las mujeres artistas. O sea, ella es una figura clave para pensar el campo artístico y cultural del momento.

—SF: Lo que nosotras queríamos desarmar era el relato androcéntrico del arte de Rosario que es un corolario del relato androcéntrico de la historia del arte de Occidente.

—¿Aparecen muchas capas hasta encontrar a María Laura artista?

—SF: Sí. Nosotras tuvimos que hacer una mirada crítica sobre los relatos historiográficos heredados, darnos un marco teórico y metodológico distinto y pensar una historia del arte donde hay una ausencia significativa de mujeres artistas que sí existieron.

—CB: Lo que encontramos es que hay una gran cantidad de mujeres artistas que no es que no existieron sino que no han sido estudiadas.

—SF: Dedicamos gran parte del libro a una reseña que tiene que ver con dejar constancia sobre una cantidad importantísima de mujeres participaron sistemáticamente de los salones de arte. María Laura participa en esos salones de los finales de los 20 y principio de los 30. Y a diferencia de las narraciones que dicen que la inscripción de estas mujeres a estos lugares es amateur, muy por el contrario, mandan sostenidamente a todos los salones, son admitidas y muchas veces son premiadas. María Laura llegó a ser jurado y sin embargo en los relatos historiográficos no aparece, ni ella ni muchas otras. Los relatos además de ser androcéntricos son patriarcales. Hay que desarmar todo una sociabilidad.

—CB: A eso se suma la diferenciación dentro de los salones entre las artes mayores y menores. En arte decorativo aparece una gran cantidad de mujeres con una reconocible experiencia profesional pero que son soslayadas, no sólo por ser mujeres sino también porque hacen arte decorativo (ilustraciones de mayólicas, diseños de objetos).

—SF: Nosotras tras los pasos de María Laura desandamos distintas pistas que ella va dejando. Creemos que ella negoció con el campo artístico, con las posibilidades que tenía. Por eso partimos de preguntarnos: "¿Qué posibilidades tenía en la ciudad de Rosario en la década del 30 una mujer para ser percibida como artista?". Y lo que vimos es que ella por un lado participaba de salones, pero eso nos llevaba también a ver hasta donde se extendía esa posibilidad siendo la hermana de un varón artista. La familia le paga la formación al varón. María Laura es autodidacta. Ella tiene un cuaderno de notas personales y de autoenseñanza que llama "Autocátedra". Es fuerte eso, asume que debe formarse sola.

—CB: No se quedó con el título de maestra. Cuando una mira "Autocátedra" vemos una María Laura formada, con una potencia que impresiona.

—SF: Ella se posiciona entre la pluma y el pincel. Quiere instalarse en el campo intelectual no sólo desde la producción autoral sino también desde la crítica disciplinar.

—¿Eso muestra una intención?

—CB: Sí, claramente. Su obra aparece como muy ligada a las emociones, entonces para no quedar inscripta en esa descripción que daba cuenta de la mujer artista como emocionalidad pura, ella hace reseñas críticas. Busca un linaje en la historia del arte que le permita inscribir su obra. Ese linaje es Gauguin. Entonces, escribe y publica en un diario un artículo sobre ese autor, donde analiza cómo pensar la emocionalidad. Esa operación le permite que su obra no sea mirada como una mujer a pura emoción.

—SF: Ella da parámetros de lectura para ser percibida de otra manera, desde una modernidad estética. Ella se ubica en la modernidad.

—¿También algo dice sobre ella su elección del género artístico al que adscribe su obra?

—SF: Sí, elige el paisaje, un género que era cultivado por varones. En general, otras mujeres pintaban niños o retratos familiares. Ella libra muchas batallas al mismo tiempo porque quiere ser moderna y defiende en sus escritos a autores incomprendidos. Defiende un linaje que tiene que ver con Gauguin y con Delacroix, con un color que se libera de ciertas ataduras, con la representación del paisaje pero no naturalista, no realista, no la copia directa sino la observación con una fuerte marca de subjetividad autoral.

—¿Ella fue premiada en un salón pero algunos lo ponen en duda, porque también participaba su hermano?

—Ella recibe un premio estímulo, en torno al cual hubo cierta polémica. Fue un momento donde era difícil sostener los salones entonces no se pusieron en juego ciertos mecanismos de selección. Hay una hipótesis que sostiene que se llamaba premio estímulo a cierto apoyo económico. Pero ese premio está otorgado, se lo dieron.

—CB: Hace pensar tanto cuestionamiento. ¿Se habría dicho lo mismo si ese premio estímulo se le otorgaba a un artista varón? No sé, da para pensar.

—Muchos consideraron a su hermano como un pintor maldito, pero lo cierto es que su reconocimiento no fue sencillo. ¿Eso debe haber impactado en ella también?

— SF.: Ella negocia su relación con un apellido ilustre.

—CB.: Establece estrategias de negociación. Una fue reseñar, hacer críticas, para inscribir su propia obra en un linaje que le permitiera desarrollar esa subjetividad autoral que tiene que ver con una pintura ligada a las emociones y que no se viera como una "catarsis", como alguien lo describió.

—SF: En realidad, el problema con Augusto más que maldito fue que estaba fuera del canon. Eso de loco o maldito es una estratagema para no pensarlo como autor. María Laura discute con quienes lo ubican en ese lugar. Ella discute esa figura de "pintor maldito".

—CB: Por eso publicamos el libro sobre ella, para develar cuáles fueron sus estrategias: el envío a los salones, la escritura, sus publicaciones en diarios, las conferencias, su participación en instituciones ligadas al arte, a los escritores.

—SF: Lo que nosotras encontramos en sus papeles privados es que ella cada vez que organiza una muestra con obra del hermano, al año siguiente ella lleva lo suyo a esa institución. Es muy interesante poder verlo.

—CB: Ella no dona todo junto, sino que lo hace de a poco. Construye de a poco. Construye la figura de su hermano pero siempre pensando su propia figura.

—¿Hay obra de ella expuesta o integrando colección?

—CB: Muy poco. Integra colecciones privadas. Ante eso uno ve que nadie llevó adelante una política como la que ella desarrolló respecto de la obra de su hermano. No hay un cuerpo de obra reunido en algún lugar.

—¿Se puede decir que la ciudad tiene una deuda con ella?

—CB y SF: Enorme.

Muestra

En el espacio cultural El Bucle, J.J. Paso 1415, se exponen obras de María Laura Schiavoni. Las pinturas estarán en exhibición mañana, de 10 a 19, y el jueves próximo, de 14 a 18. La exposición se realiza en el marco del libro sobre la artista.


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