Especialistas en prevención y control de adicciones aseguraron que "el consumo de inhalantes
(como el Poxi-rán) es el primer escalón adictivo para los niños de los sectores más vulnerados en
lo social y económico". Es más, remarcaron que los chicos que aspiran pegamento "son cada vez más
pequeños" y que en Rosario esta triste realidad se da con frecuencia en las barriadas más humildes
de la zona norte y oeste, donde el pegamento es la droga que más se consume.
En sintonía con esta realidad, la Guardia Urbana Municipal (GUM) clausuró en lo
que va del mes ocho comercios ubicados en zonas carenciadas tras detectar venta ilegal de
pegamento. Y a uno se le abrió una causa penal porque al momento del secuestro de la mercadería se
habría hallado a un grupo de menores de 16 años aspirando pegamento en la puerta del local. A todos
esos operativos se sumó ayer otro, pero en el microcentro. Todos tienen relación con la droga que
los agentes de salud no dudan en tildar como "el flagelo de los sectores más vulnerables" y que ya
se cobró varias muertes adolescentes en la ciudad (ver aparte).
"En sólo tres procedimientos clausuramos ocho locales ubicados en barrio toba,
Villa Banana y zona sur. Son unos 450 pomos de pegamento que van desde las primeras marcas hasta el
de parches de bicicletas, mercadería que por ley provincial sólo se puede vender en ferreterías y
pinturerías, no en almacenes o verdulerías", subrayó el titular de la GUM, Mariano Savia.
Ayer, en cambio, el operativo no fue en un local comercial de un barrio
carenciado sino en inmediaciones del Centro Cultural Bernardino Rivadavia, de San Martín y San
Juan. La GUM demoró a un grupo de 13 menores y 7 adultos, oriundos de zona sur y que tienen en su
haber cargos vinculados a agresiones, arrebatos y exhibicionismo en la zona. Se les secuestraron 16
pomos con pegamento que aspiraban los más chicos.
Más precoces. Verónica Rodríguez y Carina Cappelletti coordinan un proyecto de
Prevención y Asistencia en Adicciones que depende de la Secretaría de Salud Pública y de Promoción
Social de la Municipalidad. Trabajan con niños y jóvenes en situación de riesgo social, atravesados
por el consumo de sustancias nocivas. "La inhalación de pegamentos se da con mayor frecuencia en
los barrios con población más vulnerable, como sucede, por ejemplo, en las comunidades tobas de la
zonas norte y oeste", explicó Rodríguez y dijo que la prevalencia de sustancias tóxicas varían
según los barrios de la ciudad.
El dato pone marco geográfico a los operativos realizados por la GUM que, según
el operador de calle del área de la Niñez de Promoción Social, Mariano Darigo, fue bien recibido
por los familiares de los chicos. "En el barrio hubo repercusión, los padres estaban contentos pero
dicen que los chicos salen a buscar el pegamentos incluso por fuera de la zona", comentó.
"No nos animamos a decir si aumentó o no el consumo de inhalantes, pero sí que
bajó la edad en que se inician", explicó Darigo. Y agregó que en ambas zonas el grado de
informalidad es total. Exclusión, falta de recursos materiales y simbólicos, constelaciones
familiares desarticuladas, forman el talón de Aquiles de cientos de niños y jóvenes de amplias
barriadas y asentamientos precarios.
"La población con la que trabajamos está por fuera de los circuitos formales. No
van a la escuela, no participan de espacios colectivos; están en la calle, las esquinas,
desafiliados de las instituciones", describió Rodríguez.
En este marco, las profesionales del proyecto de Prevención y Asistencia en
Adicciones, hablan de un policonsumo. "No es una sola sustancia adictiva, es una mezcla de alcohol
y pastillas, y los más chicos son los que más inhalan pegamento", explicaron y detallaron que "en
lugares de máxima vulnerabilidad de las zonas sur y sudoeste, hay jóvenes que aspiran nafta".
Operador "A veces los chicos responden que aspiran porque el «poxi» les saca el
hambre y el frío", explicó Darigo. Y frente a eso, ¿qué hace un operador de calle? "Recorre
circuitos determinados y si detectamos niños y mamás en situación de calle, tratamos de establecer
un vínculo para poder ayudar a su inclusión en las instituciones que tengan en sus barrios",
reseñó.
A veces ese lazo se logra en una tarde, con alguna actividad lúdica mediante, en
el caso de los niños, o puede durar meses, obstaculizada porque algunos miembros de la nacionalidad
preexistente (toba o qom) hablan su propia lengua.
"Los inhalantes están asociados a los pequeños, en estos casos no se debe
intervenir. Si no hay posibilidad de diálogo hay que esperar a que, como ellos dicen, dejen de
«estar flasheados», pero si la situación se ve muy crítica, hay que llamar al Sies o a las guardias
de niñez de Promoción Social", describió el operador. Y recomendó no estigmatizar a los niños que
atraviesan por esas situaciones. "Son víctimas de una exclusión que arrancó en 1976", enfatizó.