A pocos metros aparece la segunda pieza. La histórica Parrillita de Don Alberto cerró definitivamente en marzo después de más de medio siglo y el inmueble fue demolido para construir un nuevo edificio de viviendas. El terreno fue adquirido por el empresario inmobiliario Martín Eguiazú, titular de Remax Forum.
El proyecto contempla un local comercial de aproximadamente 150 metros cuadrados en planta baja y, en este caso, el destino gastronómico fue planteado directamente por el desarrollador. Sin embargo, la construcción todavía no comenzó. Florio indicó que el proyecto se encuentra tramitando el permiso de edificación y que las obras podrían iniciarse durante 2027, con un plazo estimado de ejecución de entre un año y medio y dos años.
Los dos emprendimientos están vinculados con cambios normativos impulsados por el municipio para promover una relación diferente entre los edificios y la calle. Las modificaciones en las exigencias de cocheras y las posibilidades de incorporar balcones y plantas bajas más amplias buscan favorecer la aparición de locales comerciales y gastronómicos.
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Un nuevo centro
El subsecretario de Planeamiento explicó que la intervención forma parte de una estrategia más amplia para recuperar el centro, promover la construcción de viviendas y generar nuevas actividades comerciales. “Queremos revitalizar y volver a poblar el área central. Desde la normativa y la obra pública se están haciendo cosas para rescatar esta parte importante de la ciudad”, señaló.
Para el funcionario, tanto la plaza como el pasaje necesitaban recuperar protagonismo. “La plaza fue construida como un espacio público con objetivos urbanos muy distintos a los nuestros y estaba venida a menos. El pasaje Simeoni, lo mismo: quedaba la nostalgia de lo que ya no era”, sostuvo.
La apuesta municipal consiste en aprovechar la renovación de la plaza para modificar también la relación del pasaje con los edificios que lo rodean. El proyecto contempla ampliar la vereda del lado del espacio verde, eliminar allí el estacionamiento y generar superficie para peatones y mesas, sin interrumpir la circulación de vehículos y ambulancias.
“Ambos edificios van a tener una planta baja generosa y locales comerciales con potencial uso gastronómico. La intención de la vereda ancha es alentar a poner mesas y que se complemente con la intervención, con la aparición de los subsuelos de la plaza, para que lo nuevo y lo viejo convivan de manera muy sana”, explicó el subsecretario de Planeamiento municipal, Pablo Florio.
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Berlín
A esos dos locales se suma un inmueble mucho más grande y con otra lógica: el edificio de Pasaje Simeoni 1128 donde durante décadas funcionó Berlín. El histórico bar cerró definitivamente este año después de 26 años ligados a la música y la cultura rosarina. A diferencia de los otros inmuebles, su futuro no pasa por una demolición. El edificio fue adquirido en su totalidad por un inversor privado y Grupo AM Real Estate inició la búsqueda de operadores para darle nuevos usos.
La propiedad supera los 1.000 metros cuadrados entre subsuelo, planta baja y planta alta. La convocatoria apunta a proyectos gastronómicos, culturales, comerciales y de coworking, por lo que existe la posibilidad de que la gastronomía vuelva a tener un papel importante dentro del inmueble, aunque todavía no hay un operador definido.
Florio destacó que la preservación del edificio es una condición central para cualquier proyecto. “Es un edificio protegido, por lo cual nunca estuvo en evaluación la demolición. Por eso alentamos que se potencie y se transforme para revalorizar el patrimonio”, delineó Florio.
La recuperación de Berlín aparece así como una tercera oportunidad para reactivar el pasaje, esta vez sin reemplazar la construcción existente. Si prospera una propuesta que incluya gastronomía, se sumaría a los futuros locales de los dos desarrollos inmobiliarios y a la actividad del restaurante Donostia, ubicado sobre la esquina de Sarmiento.
“El pasaje deja de ser un lugar donde se estacionan los autos a 45 grados y pasa a ser un potencial paseo gastronómico”, sintetizó el subsecretario, que vinculó esa transformación con los nuevos edificios, la recuperación de Berlín y la actividad de Donostia.
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La plaza
La transformación privada coincide con la renovación de la Plaza de la Cooperación, ubicada entre Mitre, Tucumán y el propio pasaje Simeoni. Los trabajos forman parte del plan municipal de recuperación de espacios públicos y buscan modificar tanto el interior de la plaza como su relación con las calles que la rodean. “La idea era que la plaza deje de ser cerrada, con muros altos, y empiece a ser abierta”, explicó Florio.
Hasta ahora, el espacio tenía accesos únicamente por las esquinas. La intención es modificar esa configuración y mejorar especialmente la conexión con Simeoni. La intervención incluye una ampliación de la vereda que bordea la plaza sobre Simeoni. El objetivo es recuperar para el uso peatonal el espacio que actualmente ocupan los autos estacionados a 45 grados, manteniendo una franja de circulación vehicular.
“La vereda de la plaza hacia el pasaje se ensancha de manera que pueda seguir pasando autos y ambulancias, pero el lugar de estacionamiento, que es el recorrido de la plaza, se convierta en espacio usable, que se complemente con los usos de la planta baja de los dos edificios”, detalló.
La decisión también responde a una limitación que históricamente condicionó los proyectos para la cortada. La posibilidad de convertir Simeoni en un paseo completamente peatonal fue evaluada en distintas oportunidades, incluso con referencias a pequeños corredores gastronómicos de ciudades europeas. Sin embargo, el acceso de ambulancias al Policlínico Pami I, sobre calle Sarmiento, obliga a preservar la circulación.
Por eso, el municipio optó por una intervención intermedia: mantener el paso vehicular, pero darle mayor protagonismo al peatón y generar condiciones para que la actividad gastronómica pueda extenderse hacia el espacio público.
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Los subsuelos
Durante los trabajos de remodelación apareció además un elemento inesperado que obligó a modificar el proyecto original: cámaras y estructuras subterráneas vinculadas con el antiguo Mercado Norte, que funcionó en ese sector hasta fines de la década del 70. El hallazgo llevó al municipio a reprogramar los trabajos y definir una intervención que permita incorporar esos restos a la experiencia de la nueva plaza. Se espera que la obra culmine entre fines de noviembre y principios de diciembre.
En lugar de volver a ocultar las estructuras, la decisión es dejarlas parcialmente a la vista. “Vamos a hacer lo contrario a lo que se hizo en aquel momento. Se tapó y se escondió. Vamos a dar cuenta de que existe y lo vamos a mostrar”, afirmó. El proyecto contempla incorporar superficies vidriadas en el piso para que los visitantes puedan observar los espacios subterráneos. También se dejará un acceso de mantenimiento que permita ingresar para realizar tareas de iluminación y limpieza.
El funcionario descartó, además, que se esté evaluando construir estacionamientos subterráneos en ese sector. Según explicó, una intervención de esas características requeriría destruir tanto la plaza como las estructuras históricas encontradas. “Los rosarinos del futuro decidirán qué hacer con ese subsuelo. Será una decisión de próximos gobiernos”, sostuvo.
Calle Tucumán
El potencial gastronómico de Simeoni no aparece de manera aislada. Según Florio, forma parte de una transformación más amplia que ya comienza a observarse sobre calle Tucumán y sus alrededores, donde en los últimos años se multiplicaron las propuestas para comer y tomar algo: la convivencia de establecimientos históricos como Doppio Zero con propuestas más recientes como El Rosarino Barra, La Josefa, Gota, Tutto Passa, Panza Llena Corazón Contento y Love Café son muestra de ello.
La transformación de Simeoni también está vinculada con una apuesta municipal por incrementar la población residente en el área central. La construcción de nuevos edificios, especialmente con departamentos destinados al alquiler, es uno de los instrumentos que el municipio busca impulsar para atraer habitantes y sostener la actividad comercial.
Florio señaló que las características de las unidades que se están construyendo podrían generar una oferta importante de alquileres y resultar atractivas para personas jóvenes que buscan vivir cerca del trabajo, los servicios y el transporte público. En esa demanda potencial incluyó tanto a quienes ya viven en Rosario como a estudiantes provenientes de otras localidades de Santa Fe y Entre Ríos, interesados en residir cerca de las universidades y contar con servicios cotidianos a poca distancia.
Más que inventar un nuevo polo gastronómico, la transformación de Simeoni parece recuperar una condición que el pasaje ya tuvo. El futuro del pasaje, entonces, no parece estar en convertirse en una peatonal tradicional, sino en un corredor de escala reducida donde convivan la circulación vehicular, veredas más amplias, mesas al aire libre, una plaza abierta y una mayor concentración de propuestas gastronómicas y culturales.