El consumo de los rosarinos en los comercios de cercanía y supermercados continúa en caída libre y la situación es "gravísima", según evaluaron referentes de ambos sectores. Los hábitos de consumo para "vivir al día" se instalaron como consecuencia de la constante pérdida del poder adquisitivo de la clase media y eso impacta de manera considerable en toda la cadena de consumo, con cierres y deudas masivas.
Hace un año, el referente del Centro Unión de Almaceneros, Juan Milito, analizaba la realidad en declaraciones a La Capital y decía: "Si no aumentan los ingresos, vamos a estar complicados". Hoy, tras conocerse el nuevo índice de inflación de marzo (3,4 por ciento), el comerciante lamentó: "Desgraciadamente el presagio estuvo acertado".
"Estamos muy complicados y sin posibilidad de ver una salida a corto plazo porque uno de los motores de la economía, que es el consumo, este gobierno no lo tiene como prioridad. La variable de ajuste es el ingreso de la población y eso impacta en los comercios de proximidad y en general", reiteró una vez más respecto a un consumo que se encuentra en caída libre en los locales de cercanía y también en las grandes cadenas de supermercados.
Caída de ventas
Milito sostuvo que la venta de artículos físicos tales como enlatados o embutidos "decae mes a mes" y que "hay artículos que se venden a la mitad respecto a lo que se vendían hace cuatro años". "Vencen las gaseosas de primeras marcas que antes eran de uso frecuente en la clase media, ya no se venden más", agregó.
También graficó una realidad instalada: "A partir del 15 ó 20 de cada mes la gente te dice que no le alcanza el sueldo. Y lo demuestra a la hora de restringir las compras. La ventaja comparativa del negocio de proximidad es que la gente no va a las grandes cadenas porque piensa mucho más la compra por la pérdida del poder adquisitivo".
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Sin embargo, la nueva lista de incrementos de las grandes marcas que acaparan el mercado de alimentos es por demás de desalentadora. "El lunes, una marca que tiene gran participación en el comercio de alimentos, aumentó un 10 por ciento; gaseosas, de primer marca, un 3% todos los meses al igual que los lácteos; aceites, en el orden del 20 por ciento; artículos de limpieza, un 10 por ciento, que se incrementa al ritmo del costo de flete", precisó.
Pedalear con la tarjeta
Milito describió que otra costumbre instalada es el hecho de utilizar la tarjeta de crédito para extender un mes el magro poder adquisitivo, aunque el fiado —una costumbre de almacén barrial— es cada vez más abultado.
"Con la tarjeta de crédito tiran para adelante y no piensan que no llegan a fin de mes, aunque el comerciante ingresó en esa órbita con el proveedor porque está en la misma situación. Sucede, además, que la lista de fiados es cada vez mayor, más allá de la confianza que existe con el cliente", reveló.
A su vez, completó con que "hay negocios que andaban muy bien y están al borde de fundirse, en tanto que otros ya bajaron las persianas". Y alertó: "Estamos en una situación gravísima, que se percibe en la cara de comerciantes y clientes cada vez que uno ingresa a un comercio de cercanía".
Supermercados en apuros
Desde la Cámara de Supermercados de Rosario, Sergio Casinerio aseguró que el consumo continúa en una meseta como consecuencia de que las paritarias de la clase trabajadora no alcanza para mejorar un poder adquisitivo acorde a la demanda del costo de vida real.
"El consumo sigue amesetado porque las pequeñas paritarias van muy al límite con los aumentos de los productos. Otra cuestión es que al incremento de alimentos, bebidas o productos de limpieza, a la gente se le sumó el aumento de prepagas, seguros, telefonía e internet y servicios, entonces el disponible de la gente nunca es suficiente", evaluó en declaraciones a La Capital el supermercadista rosarino.
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En ese marco de extremas necesidades, Casinerio observó que la gente aprendió a consumir diferente y cambiar hábitos en cuanto a la periodicidad y tipo de insumos de primera necesidad para vivir el día a día.
"Antes era normal la compra quincenal y hoy es al revés: el consumidor detecta que las marcas promocionan sus productos para evitar posibles vencimientos, entonces observan que conviene comprar lo justo y necesario", señaló.
También confirmó que el usuario medio "dejó de consumir carne vacuna y pasó a la aviar o porcina, pastas y harinas" y que "dejó de consumir productos enlatados, bebidas alcohólicas y gaseosas, y en limpieza reemplazó por segundas marcas, todo en función de poder hacer rendir mejor el salario".
Sin promociones ni rentabilidad
Casinerio señaló que el panorama de promociones entre bancos y supermercados comenzó a discontinuarse porque aseguró que las entidades bancarias sostienen que no están en condiciones favorables para otorgar esos beneficios.
"Los descuentos que antes se compartían entre el 15, 20 ó 30 por ciento entre los comercios y los bancos, hoy ya no sucede porque las entidades bancarias sostienen que no están en condiciones de hacerlo y nosotros tampoco. Es por eso que queremos que el mercado se sincere y no sigan desfigurados porque ya no se pueden sostener", apuntó.
Si bien no es ninguna novedad en ese escenario, el supermercadista comentó que la merma del consumo conlleva a serios problemas de rentabilidad. "Lo vemos incluso en las grandes cadenas, con los movimientos, salidas del país y reconversiones. El sector no está firme y se encuentra en un panorama complicado", describió.
Respecto al incremento en las nuevas listas de precios, sentenció: "La inflación siempre refleja lo que está pasando y por eso las listas que vienen con entre el 3 y 5 por ciento, pero después se especula para volver a ingresar en el radar del cliente".