La ciudad

Cuando los libros atacan

A partir del lunes y hasta el domingo próximo se realizará en la ciudad una nueva edición de la Semana de la Lectura.

Sábado 21 de Abril de 2018

A partir del lunes y hasta el domingo próximo se realizará en la ciudad una nueva edición de la Semana de la Lectura. Múltiples actividades buscarán seducir a los rosarinos en torno al libro y el placer de leer (ver aparte). La Capital consultó a escritores, editores, fotógrafos y periodistas para conocer sus apreciaciones sobre la problemática. En esta primera entrega, la opinión de quienes escriben.


• 1. ¿Qué es un libro?

• 2. ¿Qué implica escribir desde Rosario?

• 3. ¿Se venden los libros rosarinos? ¿En qué circuito?

• 4. ¿Qué está leyendo?


Marcelo Britos / escritor

1 Difícil ser breve con esta pregunta. Supongo que la respuesta que condensa todo es que un libro es siempre otro mundo al que uno entra como testigo para después habitarlo en los sueños. Aunque sea una frase remanida, la literatura es la posibilidad de otras realidades.

2 Ante todo, escribir es un oficio. Frente a los demás trabajos, los que están vinculados al arte son más ingratos. Pésimamente remunerados, poco reconocidos y dependientes siempre de los humores del mercado y de los gobiernos. Este gobierno nacional, particularmente, es lo peor que nos ha pasado en los últimos veinte años. Uno escribe porque no sabe hacer otra cosa para sobrevivir en un mundo cada vez más cínico, pero para comer y vestirse no alcanza con escribir.

3 Una vieja discusión. Los libros no se venden por varios motivos. No hay un escenario literario local, no hay promoción, ni difusión, ni una distribución seria del capital simbólico rosarino, lo que hace que la circulación se dé dentro de pequeños grupos. Esta endogamia va a terminar cuando la gestión cultural, los editores, autores, distribuidores y libreros entiendan que es necesario crear ese escenario. No alcanza con ferias en donde uno ve siempre las mismas caras. Hay que engrosar la cantidad de lectores y eso se hace con políticas públicas y con acuerdos sectoriales.

4 Estoy leyendo G, de John Berger; e Hijo de ladrón, de Manuel Rojas. Ambos en papel.


Diego Colomba / escritor
1 Como poeta, lo que me mueve es el deseo de escribir poemas. El libro es un objeto institucional, que se va armando sin querer y que le puede garantizar a los poemas una relativa estabilidad (en relación con las redes sociales o páginas web, por ejemplo, en donde yo publico a menudo): la posibilidad de ser encontrado y leído en una biblioteca personal o pública o en una librería. Un libro puede facilitar el reconocimiento de la propia voz, una insistencia musical, tonal, que se advierte mejor en el libro como totalidad. Aunque el libro, sobre todo en papel, sigue teniendo un peso simbólico, no legitima al autor como lo hacía en el pasado: en la actualidad un poeta puede publicar mucho (si paga, participa y gana concursos, se relaciona con editores, trabaja su faceta pública).
2 Muy poco. Publiqué cinco de nueve libros fuera de la ciudad con parecidas obsesiones temáticas y formales y con parecidos derroteros de circulación y recepción. Los libros de poemas circulan lento, hacen su propio camino y a veces causan gratas sorpresas.
3 Libros de poesía editados en Rosario se venden en todo el país gracias a las lecturas, encuentros y festivales y a las editoriales que se mueven y se esfuerzan en distribuir (Baltasara, Iván Rosado y Libros Silvestres son buenos ejemplos).
4 Palafrenero & A 9 poemas B (Paraná, Parientes Editora), de Fernando Callero, en papel.

Laura Rossi / escritora
1 Un libro es un modo de observar, de pensar el mundo.
2 En primera instancia, escribir desde Rosario es lo mismo que hacerlo desde cualquier otro lugar. No me parece que sea el proceso de escritura el lugar en el que la geografía puede funcionar o como obstáculo o como pista de despegue. Publicar, en cambio, con intenciones de trascender la ciudad me parece más arduo, más complejo.
3 No tengo muy claro el asunto de la venta. Algunas editoriales rosarinas han logrado, con gran esfuerzo, distribución a nivel nacional; otras, ni siquiera han podido generar una circulación aceptable dentro de la ciudad.
4 Felices hasta que amanezca, de Florencia Abbate, y Roma, de Edgardo Juárez. Los dos en papel.

Beatriz Vignoli / escritora, periodista y artista visual
1 Una conversación con alguien que está lejos.
2 Hacer ingresar en la literatura o en el arte la experiencia cotidiana y viceversa, estetizar la experiencia cotidiana.
3 Sí, en ferias, si los editores sostienen semejante patriada; de manos del autor si es buen vendedor y los editores les dan ejemplares, o en unas pocas librerías responsables, necesitamos más libreros así.
4 When the impossible happens, de Stanislav Grof, en PDF.

Federico Ferroggiaro / escritor
1 El libro, así, sin más, es un objeto, el soporte de algo mayor, en importancia, que es un texto y que, a veces, puede ser un texto literario. Me gustan los libros, viví mi infancia y vivo rodeado de ellos y leer es una de las actividades que más amo. Claro, leer libros o textos literarios, de literatura. En esos casos es cuando siento que son válidas todas esas felices y gastadas comparaciones: el libro como viaje, como puente, como puerta, como pasaje, como descubrimiento. Sin embargo, me resisto a idealizar al libro, mientras sigo idealizando y teniendo una fe inmensa en el poder de la literatura: sea en el soporte libro, como en una hoja manuscrita o circulando oralmente. No hay que olvidarse, por ejemplo, que Mein Kampf (Mi lucha, de Adolf Hitler) se publicó como libro, un libro horrible, espantoso. Al libro como objeto, como soporte, pueden ocurrirle muchas cosas. Transformarse en algo distinto, ser desplazado, reemplazado, aniquilado por otro soporte. Lo que pienso que no va a morir es el deseo de contar, de jugar con las voces, con las palabras, de trabajar estéticamente con ellas. Es decir, lo que no puede morir, pese a todas las transformaciones y cambios que experimente, es la literatura.
2 Escribir creo que no presenta demasiadas diferencias con hacerlo en cualquier otra parte. Pienso que la complicación, a partir de la emergencia y consolidación de las editoriales independientes, tampoco está por el lado de editar o publicar. Lo difícil, me parece, es llegar a los lectores, a más lectores. Tal vez falte "marketing", o visibilidad. Posiblemente, el desafío para el futuro inmediato es hacer conocer lo que se escribe y se publica en Rosario a cada vez más personas, por todos los medios que se nos ocurran.
3 Sí, se venden. Mucho más que hace quince años. Las presentaciones son el momento de mayores ventas concentradas, pero ahora también hay librerías que saben qué libros tienen de escritores de Rosario y que los recomiendan en pie de igualdad con los de los escritores de mercado que están de moda, como Schweblin o Enríquez. También las ferias son un espacio de circulación y encuentro con los lectores.
4 Estoy leyendo, en papel: La isla de Arturo, de Elsa Morante, y La feroz belleza del mundo, de Javier Núñez. En la compu, de un PDF, estoy con la obra de Ibsen, El enemigo del pueblo.

Cristian Molina / escritor, profesor y editor
1 El libro se ha vuelto una tecnología sofisticada, o una especie de arma, de aparato, que me permite sobrevivir a un mundo que se derrumba en todos los niveles, cada vez más. El libro me permite imaginar un mundo donde todo es posible, siempre.
2 Editar es una forma de amar a los otros y de demostrarlo. Escribir es una intensidad inevitable, que te encuentra, siempre. Desde Rosario, o desde cualquier lugar en el universo.
3 La respuesta es siempre positiva, independientemente de qué entendemos por libros rosarinos. Si nos referimos a libros escritos por autorxs rosarinxs, hay innumerables muestras de que se venden en diferentes circuitos, desde los independientes, una autora como Maia Morosano o como Diego Colomba se venden en redes de circulación propia en diferentes micromercados; mientras que una autora como Angélica Gorodisher vende también en las grandes líneas editoriales. No hay parámetros unívocos en un mundo —el de los libros— donde todo es posible. Incluso si nos referimos a los libros editados en Rosario, la cuestión no es diferente. Tenemos editoriales independientes o estatales que tienen grandes circuitos de circulación, incluso a nivel internacional (Beatriz Viterbo, o la EMR, entre otrxs), y otras que tienden lazos y formas de circulación nacional importantes con impactos diversos (Baltasara editora, por ejemplo, entre otras), y hasta hay otras que se mueven y venden en microcircuitos en construcción, como Editorial Búnker, o Abend, o Libros Silvestres, por nombrar solo tres microeditoriales hermosas. Los libros de Rosario no solo se venden, si no que circulan cada vez más, no sin dificultades y sin esfuerzo, pero el saldo es cada vez más positivo.
4 Leo siempre varios libros a la vez. De Rosario, estoy leyendo La era del fármaco, de Franco Bedetti; Néstor Perlongher. Para una política sexual, de Javier Gasparri; 112, de Marianela Luna, y releyendo Soy fiestera. Poesía reunida ,de Mercedes Gómez de la Cruz. Otros que estoy leyendo son Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara y varios libros de y sobre Sade, para mis clases en la Universidad. El único en soporte e-pub es el de Mercedes Gómez de la Cruz; los demás, en papel.

Javier Núñez / escritor, coordinador de talleres
1 En tanto lector, un libro es un viejo y querido barco en el que crecí y empecé a forjar un modo de ver el mundo. Se ha dicho que uno es, también, los libros que ha leído. Sin duda son un instrumento del que nos valemos para descifrarnos a nosotros mismos y aprender el pulso del mundo: ese espacio que permite la maravillosa intimidad entre un autor y un lector que genera la lectura.
2 Escribir desde Rosario implica lo mismo que en cualquier otro lugar: tenés influencias locales y universales que te moldean y tratás de escribir para el mundo sin perder identidad ni traicionarte. Otra cosa muy distinta es hablar de publicación y del mercado. El centralismo del mercado editorial sigue siendo un problema: nueve de cada diez libros se editan en Buenos Aires y eso genera una enorme invisibilización de lo que pasa en otros lugares. Pero no se trata solamente de un problema de distribución: cuando no estás en Buenos Aires siempre es mucho más difícil que te reseñen o inviten a festivales, lo que te deja siempre en los márgenes. Entre tantas cosas, faltan también políticas activas que busquen la ruptura de esa lógica en lugar de propiciarla.
3 Los libros rosarinos que se mueven lo hacen sobre todo en circuitos específicos pensados para la circulación, donde hay un público que busca eso: en las presentaciones, ferias como la FER y en un puñado de librerías locales que trabajan literatura rosarina. En las librerías que son de cadenas es imposible encontrar literatura local: son la representación de la lógica de centralización de mercado incluso dentro del territorio propio. Lo que falta, a lo mejor, son modos de llegar a lectores nuevos. Hay una gran cantidad de lectores en la ciudad que no se acerca a la literatura rosarina o bien porque no la conoce o bien porque faltan espacios de legitimación o mediación entre el público y estos libros.
4 Suelo abordar más de una lectura a la vez: uno que llevo a cuestas, otros en la mesa de luz. Todo en papel. Un reino demasiado breve, de Mauro Libertella; el volumen Variaciones del fantástico, de la colección Rosario Se Lee; y El oficio de vivir, de Cesare Pavese.

Natalia Massei / escritora
1 Un libro es un artefacto que ofrece posibilidades infinitas: expande horizontes, provoca emociones, ideas, despierta preguntas; no se agota en una lectura, se comparte, se interviene.
2 Escribir y editar en Rosario es un desafío, considerando la concentración histórica del mercado editorial en Buenos Aires. Sin embargo, creo que desde los años noventa ese centralismo pierde terreno. A partir de la emergencia de las editoriales independientes como fenómeno generalizado y de las mayores (y más complejas) posibilidades de edición y circulación que brinda la tecnología, esa concentración se vuelve relativa y se afianzan nuevos polos. Rosario puede ser uno de ellos.
3 No tengo datos precisos sobre la venta de libros rosarinos para opinar con conocimiento de causa. Sí me consta que la distribución y visibilización fuera de la ciudad sigue siendo un problema.
4 Acabo de leer Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara; estoy leyendo El cuento de la criada, de Margaret Atwood; y una serie de novelas de autores rosarinos sobre las que estoy trabajando: DAF, de Beatriz Vignoli; La deriva, de Osvaldo Aguirre; y Las carnes se asan al aire libre, de Oscar Taborda. Leo en formato papel y en e-book.

Melina Torres / escritora
1 Voy a responder con el título de un libro: Un libro es la posibilidad de una isla.
2 Yo escribo no desde Rosario sino desde el Litoral, desde una humedad insoportable, a veces un clima irrespirable, caótico, urbano y natural a la vez. Ese es el universo donde me muevo y me siento cómoda. Trabajo ese espesor en los personajes que moldeo, tienen un decir muy propio y se los respeto. Me gusta rastrillar hasta encontrar no solo lo verídico sino lo auténtico en ellos. Creo que eso sumó puntos en Ninfas de otro mundo a la hora de cosechar lectores y lectoras. De movida y en lo personal, implica salir a la cancha con la camiseta que te gusta, eso tiene un plus ¿no?
3 El sello que me editó, Iván Rosado, tiene mucha fuerza por fuera de esta ciudad, quieren los libros, viajan a ferias y están en puntos clave en algunas ciudades y son parte de una movida "independiente", como la Sensación que pisa fuerte en Buenos Aires. Por otro lado, está el trabajo de hormiga que hace el autor o la autora. Yo me contacto con periodistas, muevo el libro, hablo con otras escritoras y escritores. Incluso con los libreros que al fin y al cabo son los que te tienen que conocer para poder venderte. El trabajo de acompañar el material es muy importante. Creo que hay una movida importante que no hay que desestimar, desde los concursos de novela corta de la editorial municipal, donde por ejemplo en un mismo año salieron seleccionados Francisco Bitar y Mario Castells, dos voces fuertes hoy de la literatura argentina contemporánea, a los concursos de Baltasara, en el que en 2015 salió seleccionada Mariana Travacio y la semana pasada presentó su libro con Tusquets. En Rosario creo que hay un circuito muy rico a nivel poesía y sobre todo mujeres poetas que se mueven mucho y tienen su público: Gabi De Cicco, Ana Wandzik, Ale Benz, Julia Enriquez, Ivana Romero, Beatriz Vignoli, Maia Morosano, Claudia del Río, Nati Massei y Rocío Muñoz. Salen notas y reseñas de ellas en suplementos literarios de tirada nacional.
4 Terminé la semana pasada Magnetizado, de Carlos Busqued; estoy leyendo La Frantumaglia, de Elena Ferrante; y me espera Los bordes del cielo, de Laura Rossi.

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