La ciudad

Brasil enfrenta al coronavirus y Bolsonaro, los cacerolazos

El jefe del Estado insiste en minimizar la pandemia y en enfrentarse a los gobernadores que ordenan la cuarentena.

Viernes 27 de Marzo de 2020

Jair Bolsonaro se destacó negativamente en medio de la emergencia global por Covid-19 por su liviano negacionismo, que puede resultar letal no sólo para su país, Brasil, el más poblado de América latina con 210 millones de habitantes. Cierto que no es el único en la región: estuvo acompañado hasta hace pocos días por su colega mexicano, Andrés Manuel Löpez Obrador, quien llamaba a los mexicanos a salir a pasear y cenar. Luego cambió bruscamente de enfoque. Y Nicolás Maduro en Venezuela se hizo famoso por difundir recetas caseras y medicinas milagrosas cubanas que nunca llegan. Pero Brasil es el único país importante que persiste en el negacionismo abierto de su jefe del Estado. Afortunadamente en el sistema federal brasileño los gobernadores tienen poderes amplios y dispusieron cuarentenas rigurosas. Además, el país cuenta con 27 mil tests de tipo tradicional y anunció que comprará 10 millones de kits rápidos (ver aparte).

Pero el presidente sigue siendo el mayor problema. El martes 24 de marzo, Bolsonaro hizo un discurso que quedará en los anales del ridículo y la estupidez humana. Esa noche habló por cadena nacional. Era la oportunidad para dar marcha atrás con su necedad y anunciar una política responsable y severa, en coordinación con gobernadores y alcaldes de las grandes ciudades. Hizo todo lo contrario. Los medios nacionales y extranjeros lo masacraron con toda justicia. Jair Bolsonaro criticó a la prensa, reprendió a los gobernadores y volvió a calificar a la pandemia como "histeria" y "resfriado" ("resfriadinho" y "gripecinha", la llamó el estadista). El 24 de marzo, cuando habló al país, Brasil ya tenía 2.200 casos de coronavirus y 46 muertes. Un panorama grave en una nación enorme de 210 millones de habitantes, con gigantescos aglomerados urbanos como el Gran San Pablo, donde el virus puede moverse a sus anchas si no se le ponen obstáculos. A pesar de este panorama, Jair Bolsonaro volvió a minimizar esa noche el impacto de la pandemia y afirmó que los gobernadores que adoptaron medidas de cuarentena "ponen en riesgo la economía" con una política de "tierra arrasada". "Algunas autoridades de estados y municipios deben abandonar el concepto de tierra arrasada: la prohibición de transporte, el cierre del comercio y el confinamiento masivo porque debemos mantener los empleos y preservar el sustento de las familias", alegó. El presidente argumentó: "El grupo de riesgo es el de las personas de más de 60 años. ¿Entonces por qué cerrar escuelas?". Horas antes, el estado de San Pablo, el más rico y poblado del país, puso en marcha una cuarentena de todos los servicios no esenciales.El presidente aseguró que "hay raros casos fatales de personas sanas con menos de 40 años de edad. El 90 por cientode nosotros no tendremos ninguna manifestación si nos contaminamos. Debemos tener extremo cuidado en no transmitir el virus a los otros, en especial a nuestros queridos padres y abuelos, respetando las orientaciones del Ministerio de Salud". En esa línea, dijo que si él es infectado por el virus "no necesitaría preocuparme. No sentiría nada o, como mucho, una pequeña gripe o un pequeño resfriado". Ante este planteo, que parece limitarse a cuidar a las personas mayores de 60 años y seguir la vida normal como si nada pasara, la prensa brasileña y la internacional pusieron toda su artillería sobre el presidente. Es cierto que una cuarentena total tiene un efecto durísimo sobre la economía. Pero los países "emergentes" o subdesarrollados, con grandes porcentajes de sus poblaciones por debajo de la línea de pobreza y viviendo en condiciones precarias, no tienen las opciones de Japón o Corea del Sur, que mediante tests masivos pudieron controlar muy bien −hasta ahora− al Sars-cov-2 sin necesidad de paralizar todo. No es por cierto el caso de Brasil, con sus interminables favelas.

El diario británico The Guardian calificó el discurso presidencial como "incendiario". "El discurso fue terrible para muchos críticos de Bolsonaro que creen que su respuesta al coronavirus será el fin de su carrera política", dijo el diario inglés, que recordó con ironía que el jefe de Estado negó la posibilidad de ser golpeado por Covid-19 por su "récord atlético". Bolsonaro tiene en realidad un estado de salud delicado, luego de las tres cirugías por las que debió pasar luego de ser atacado con un cuchillo durante la campaña electoral. Estuvo al borde de la muerte y sufrió una infección grave. Además, tiene 64 años. Ya se ha sometido dos veces al test de Covid-19, y ambas dieron negativo. Al anunciar el primer resultado, el 13 de marzo, Bolsonaro acompañó la información con una foto de él haciendo un corte de mangas.

El New York Times, por su parte, reprodujo frases del discurso que enfatizan la intención del presidente de minimizar el poder del virus. "Bolsonaro se ha enfrentado a crecientes críticas por su actitud descuidada hacia el virus, que consideraba una ‘fantasía' y una ‘gripe'''. El discurso de Bolsonaro fue acompañado en muchas ciudades brasileñas por masivos cacerolazos. Mientras Bolsonaro hablaba, estallaban las cacerolas en los balcones de Brasilia, Río de Janeiro, Porto Alegre, Recife, Belo Horizonte, Salvador y San Pablo. Las protestas iban acompañadas por gritos de "Fora Bolsonaro". Según el diario español El País, existe un "abandono institucional" que sólo podrá agravar la crisis del coronavirus. El diario recuerda que Bolsonaro está envuelto en una disputa política con los gobernadores João Doria (del partido opositor PSDB) y Wilson Witzel (PSC) de San Pablo y Río de Janeiro, respectivamente, los dos estados de mayor importancia y peso político de Brasil, y "minimiza los riesgos de la pandemia". "Y los riesgos son gigantescos. Las declaraciones oficiales de que dispone de recursos suficientes para luchar contra el tsunami (por la pandemia) son difíciles de aceptar", alerta El País, que califica la actitud del Bolsonaro como "la peor de todos los líderes sudamericanos". Ayer, aquel cuadro de contagios de la noche del 24 ya se había agravado notoriamente. Según la OMS, Brasil tenía 2.567 infectados, 60 muertos y apenas dos recuperados. Brasil se encuentra en el puesto 20º de países con mayor cantidad de infectados. Pero para el presidente Jair Bolsonaro se trata de una "gripecita".

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