“Desde que nació, mi hijo necesita distintos apoyos. Tiene una relación muy especial con sus terapeutas y ellos jamás cortaron una terapia aunque no les paguen”, cuenta emocionada Carolina, mamá de Ciro, un niño que tiene síndrome de West y retraso madurativo.
Su testimonio es uno de los tantos que por estos días se escuchan entre las familias de personas con discapacidad que lidian con los retrasos en los pagos a los terapeutas y que hoy están en alerta frente a otro posible ajuste en la asistencia.
Desde el gobierno nacional descartaron un recorte presupuestario en el área. Sin embargo, los profesionales y sus pacientes se movilizaron este martes en todo el país para reclamar por la demora en el pago de honorarios que, en algunos casos, llegan hasta los seis meses. En Rosario, el reclamo se hizo sentir con fuerza en el Monumento a la Bandera.
"Vamos a defender como sea la salud de nuestros hijos", repite Carolina conmovida. Su mamá, y abuela de Ciro, asiente. “Los profesionales hace meses que no cobran y no dejan de atender. Me parece una tremenda injusticia lo que les hacen”, dice.
Luciana, la maestra especial del nene, no puede contener las lágrimas: “Lloro de la emoción por este apoyo inmenso. Sostener el trabajo sin cobrar es tremendo. Esto sucede desde hace años y con casi todas las obras sociales, pero ahora se están atrasando más de lo habitual. Siempre nos piden más y más papeles, siempre falta algo para que nos paguen por nuestra tarea. Existe una desvalorización enorme de lo que hacemos, y encima somos monotributistas, tenemos que estar con todo al día y muchas veces sin un peso”.
Un pedido unánime
“¡No al ajuste en discapacidad!”, la consigan, a viva voz, se escuchó durante horas en el Monumento a la Bandera donde cientos de terapeutas, transportistas, docentes de educación especial, pacientes y familiares se reunieron para reclamar a las autoridades nacionales y provinciales, a las obras sociales y prepagas que cumplan en tiempo y forma con los pagos de quienes sostienen los tratamientos de chicos y adultos con problemas crónicos y severos.
A los dos lados de avenida Belgrano profesionales y familias se ubicaron con carteles hechos a mano en su mayoría, y pancartas, mientras recibían el apoyo de la gente que pasaba a pie o en auto y que se unían con aplausos o tocando bocina.
En la cara de muchos de los presentes se notaba la angustia. Muchas mamás y papás con su niños pequeños o adolescentes en sillas de rueda, o con dificultades notorias para caminar o moverse, se secaban las lágrimas mientras se abrazaban con otros, sin conocerse.
El objetivo era claro: defender, como sea, los derechos laborales de los terapeutas de sus hijos.
Los adultos fueron la voz de muchos de los chicos que no pueden reclamar por su cuenta ni expresar el apoyo a sus terapeutas.
Ellos son los que en definitiva se llevan la parte más difícil, poniendo el cuerpo, el tiempo, tolerando horas y horas de trabajo con distintos profesionales, bancándose traslados a los centros de salud, día a día o varias veces por semana.
Ellos son los que entienden y sienten ese vínculo tan particular que se establece con sus kinesiólogos, maestros, fonoaudiólogos. Ellos son los que conocen como nadie el amor y la dedicación que esas personas ponen en sus tareas, aun cuando no cobran casi nunca a tiempo.
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Representantes de los profesionales que trabajan con personas con discapacidades y familiares se concentraron este martes en el Monumento.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Un grito nacional
La movilización en Rosario se replicó en casi todas las provincias de la Argentina ante el hartazgo por un tema que desde hace años no se resuelve: el pago en tiempo y en forma de quienes prestan servicios a personas con discapacidad.
Sol Mateo, de TGD Padres TEA Rosario (una entidad que lucha por los derechos de chicos con trastornos del desarrollo), advierte que “el gobierno nacional pretende cambiar el financiamiento de las prestaciones básicas en discapacidad" y afirma que la situación se extiende a las obras sociales. "Iapos, por ejemplo, recién está pagando febrero a los terapeutas. Lo mismo pasa en otras obras sociales, en su mayoría. Este es un reclamo de autoconvocados, de muchos grupos que somos eslabones de una gran cadena: organizaciones, familias, terapeutas, maestros, todos unidos como nunca y con toda la fuerza para defender lo que les corresponde a cada uno”.
Fernanda es psicopedagoga y señala que “como si fuera poco, hace unos días el gobierno nacional dijo que se va a imponer un recorte en el Fondo Solidario de Redistribución que afecta en forma directa a las prestaciones más complejas en discapacidad, y encima la Superintendencia de Servicios de Salud no está cumpliendo con la liquidación a las obras sociales que nos demoran los pagos a nosotras”.
Celeste Zelayeta, es terapista ocupacional desde hace más de 20 años. Trabaja en el área de neurodesarrollo infantil en el instituto Inti Raymi y con adultos en el Hospital Geriátrico provincial. Para ella, sobran motivos para reclamar. “Atrasos en los pagos, el corte que se dio este mes debido a una retención que nos hizo la Afip. Pero lo cierto es que nunca recibimos los pagos a tiempo. Discapacidad es un área que siempre está atrasada en los pagos. Pasamos todos los meses de enero sin cobrar y a veces recién en abril se empiezan a poner al día con lo del año anterior, ¿quién puede vivir así?”, enumera.
“Hay obras sociales que pagan solo 4 u 8 sesiones mensuales, y en muchas ocasiones nosotros trabajamos mucho más por nuestra cuenta y eso los padres lo saben, por eso están hoy con nosotros”, agrega la profesional.
Por Julieta, por todos
“Con la salud de los niños no se negocia”, advierte Johana, la mamá de Julieta. La joven califica como una “enorme injusticia que los profesionales que sostienen las terapias de nuestros hijos cobren con tantas demoras”.
Mientras sostiene un enorme cartel que hizo, prolijamente, con sus manos, dice: “Vine al Monumento para defender los derechos de mi hija y por todos los chicos que necesitan terapias para vivir mejor. Muchas veces somos los padres los que solventamos los gastos que no cubren las obras sociales, los que ponemos plata para pagar dispositivos o materiales que necesitan los chicos. Sostenemos su salud las familias y los terapeutas. Julieta tiene distintas actividades de apoyo, seis veces a la semana, y la mayoría de sus terapeutas no cobra a tiempo, pero todos continúan con amor aunque les paguen a 60 o 90 días por su tarea. Mi hija ha tenido transportistas, que se ocupaban de sus traslados, y que jamás cobraron. Este país así es inviable, encima hacen recortes a los más vulnerables”.