El aberrante ataque sufrido por “Negra”, la perra comunitaria de barrio Godoy, no solo generó conmoción social, sino que también reabrió el debate sobre las consecuencias penales que puede enfrentar una persona que comete abuso sexual a animales en Argentina.
En términos legales, el abuso sexual contra animales está contemplado dentro del delito de maltrato y crueldad animal, regulado por la Ley Nacional 14.346, una norma vigente desde 1954 que establece sanciones penales para quienes maltraten o hagan víctimas de actos de crueldad a los animales.
Según esta ley, incurre en actos de crueldad toda persona que someta a un animal a sufrimientos innecesarios, lo torture o lo haga objeto de prácticas que afecten gravemente su integridad física o psíquica. En ese marco, la jurisprudencia argentina ha considerado al abuso sexual animal como una de las formas más graves de crueldad, aun cuando la ley no lo nombre de manera expresa.
Las penas previstas
La Ley 14.346 establece penas de prisión de 15 días a 1 año, además de multas económicas, para quienes resulten responsables de estos hechos. En caso de que se compruebe la autoría del ataque, el agresor podría enfrentar una condena dentro de ese rango.
Si bien se trata de penas consideradas bajas por organizaciones proteccionistas y especialistas en derecho animal, la Justicia ha avanzado en los últimos años en interpretar estos delitos con mayor severidad, sobre todo cuando existen pruebas audiovisuales, lesiones comprobadas por veterinarios y un claro daño al animal.
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En algunos casos, además, los jueces han dispuesto medidas complementarias, como prohibiciones de acercamiento a animales, tratamientos psicológicos obligatorios o tareas comunitarias vinculadas al cuidado animal.
Una ley cuestionada y un debate pendiente
El caso vuelve a poner en discusión la actualización del marco legal. Diversos proyectos impulsados en el Congreso nacional buscan elevar las penas por maltrato animal y tipificar de forma explícita el abuso sexual contra animales como un delito autónomo, con sanciones más severas.
Mientras tanto, las causas se investigan bajo la ley vigente, con intervención de fiscalías penales ordinarias y el apoyo de áreas especializadas como la Policía Ecológica y los institutos municipales de sanidad animal.
Desde el ámbito judicial y veterinario insisten en que denunciar es clave. La intervención temprana permite preservar pruebas, constatar lesiones y evitar que el agresor vuelva a actuar. En este caso, la existencia de registros fílmicos y el rápido accionar de una vecina fueron determinantes para que el hecho no quedara impune.