Luis Rogers, intendente de la localidad pampeana de Lon-quimay, se negó a cerrar un cabaret porque es un lugar de "contención espiritual para los jóvenes y un establecimiento que brinda un servicio para camioneros y viajantes".
Luis Rogers, intendente de la localidad pampeana de Lon-quimay, se negó a cerrar un cabaret porque es un lugar de "contención espiritual para los jóvenes y un establecimiento que brinda un servicio para camioneros y viajantes".
El funcionario afirmó que esos locales son "lugares de esparcimiento" y que al cerrarlo se podría provocar "la clandestinidad, el tráfico de drogas y trata de menores".
La polémica comenzó en el pueblo —de unos 1.500 habitantes y ubicado a 60 kilómetros de Santa Rosa— cuando las autoridades municipales de la capital pampeana sancionaron una ordenanza estableciendo el cierre de los cabaret y wiskherías. A la medida se sumaron otros pueblos y la Secretaría de Derechos Humanos, que pidió a los municipios tomar esa política por considerar que esos negocios son sitios de prostitución y trata de personas.
Good Night, el cabaret de Lonquimay, se encuentra sobre la ruta nacional 5, una vía muy transitada por camiones.
El intendente ya anticipó que no está de acuerdo con el cierre del local y que vetaría una ordenza sobre el tema si es sancionada por el Concejo Deliberante.
Explicó que, antes de oponerse al cierre del cabaret del pueblo, se informó sobre el tema. "Un policía me explicó que los cierres de los cabaret provocan tráfico de drogas y trata de chicas", dijo. Hecho que, aclaró, no sucede en Lonquimay porque Good Night "está reglamentado". Destacó que los dueños "pagan licencias" y que las mujeres que trabajan allí reciben "exámenes ginecológicos" periódicos.
Por otra parte, Rogers admitió desconocer si en el sitio hay alternadoras. Pero resaltó que "en Lonquimay no hay trata de menores. Yo fui a muchos cabaret, a internacionales también". Y aclaró: "Cuando he estado he ido a ver un show o a tomar una copa, pero después me retiraba del lugar".


