Todas las campanas de las iglesias de La Valletta, la capital de Malta, repicaron ayer a las 17 (hora local) para recibir al Papa Benedicto XVI, que llegó a esa isla mediterránea de 316 kilómetros cuadrados donde hace 1950 años naufragara San Pablo. Durante el vuelo, el Pontífice dijo que “nuestros pecados han herido a la Iglesia”.
El vuelo papal se concretó desde Ciampino a pesar de los numerosos problemas causados por la nube volcánica de Islandia, que llegó ayer Italia obligando a cerrar todos los aeropuertos del norte del país.
En el avión, el Papa hizo referencia a los abusos sexuales a menores por parte de miembros de la Iglesia, diciendo a los periodistas: “La Iglesia ha sido herida por nuestros pecados”. Una frase que suena como una especie de mea culpa colectivo, y probablemente será la única referencia que haga en estos dos días de visita al escándalo que azota a catolicismo. A estas alturas, el Vaticano todavía no ha confirmado si el Papa encontrará o no en privado a algunas de las diez víctimas de abusos declaradas en Malta, uno de los países con mayor implantación católica de Europa.
Al llegar a Malta fue recibido por el presidente George Abela y su esposa Margaret.
Durante la ceremonia de bienvenida, el presidente maltés mencionó el tema sin miramientos ni cortapisas. “Sería erróneo, en mi opinión, intentar utilizar las reprensibles indiscreciones de unos pocos para empañar a la totalidad de la Iglesia”, indicó, y subrayó luego que “la Iglesia Católica sigue decidida a salvaguardar a los niños y todas las personas vulnerables y ver que no puedan esconderse los que intentan causar el mal”.
Abela recomendó que la Iglesia y las autoridades estatales colaboren para “crear mecanismos transparentes y efectivos mediante procedimientos armonizados y expeditivos a fin de reducir los casos de abusos y de que no solamente se haga justicia, sino que se busque hacerla”.
“Malta ama al Cristo que ama a su Iglesia, que es su cuerpo, mismo si este cuerpo está herido por nuestros pecados”, ha dicho literalmente el Papa. “Cristo ama a esta Iglesia y su Evangelio es la verdadera fuerza que lo purifica”, ha insistido.
Al llegar a Malta, el Papa también se refirió a la inmigración. “Es un gran problema de nuestros tiempos, un gran desafío de nuestros tiempos al que debemos responder todos”, dijo.
La cuestión no concierne únicamente a la isla de Malta “que está en la primera línea”, señaló, expresando el deseo de que los inmigrantes “encuentren un espacio de vida digno”.
La idea del viaje a la isla, situada 50 kilómetros al sur de Sicilia, proviene del deseo del Papa de peregrinar al lugar donde San Pablo naufragó hace casi 2.000 años, cuando se dirigía a Roma en barco. En tres meses de estancia, el Apóstol, predicando desde una gruta situada en la población de Rabat, no lejos de La Valletta, logró crear una floreciente comunidad cristiana. El sitio parece adecuado para comenzar el camino de penitencia y renovación que estos días Ratzinger ha invocado varias veces, a caballo entre el asedio mediático y el inmovilismo de una curia aterrorizada por las reclamaciones de perdón y transparencia que lanzan las víctimas.
Ayer a la tarde, el Papa visitó la gruta de San Pablo.
Es la tercera vez que la isla de Malta recibe a un Papa. Juan Pablo II estuvo en 1990 y en 2001.

































