¿Qué es la justicia?, una pregunta fundante de la filosofía, medular en los diálogos socráticos que inmortalizaron “La Repúbica” de Platón, volvió ayer como si no hubieran pasado 25 siglos.
Cómo hacer justicia con la tragedia de Cromañón, las respuestas son distintas, incluso entre los propios familiares de las víctimas y entre los pibes sobrevivientes de la noche trágica del 30 de diciembre de 2004 en el boliche del Once.
“No nos cuenten qué pasó en Cromañón, nosotros estuvimos ahí”, decían en un afiche impreso los jóvenes que terminaron festejando la absolución de la banda Callejeros, ayer, frente a los Tribunales de Buenos Aires.
Qué es la justicia preguntaba Sócrates en la Grecia antigua, en sus diálogos, y qué es la justicia sigue siendo una pregunta sin respuesta hoy, en la Argentina, a propósito de la tragedia del Once. Agustina Claromut, de 22 años, hizo la vigilia ayer desde temprano, frente al palacio de la calle Talcahuano para esperar sentencia. Estaba nerviosa y casi rogaba por la absolución “del Pato y todos los músicos”.
Agustina explica: “A mí me sacó el saxofonista, a ellos les debo la alegría, la música, y también les debo la vida”. La lógica de los sobrevivientes, que finalmente fue la que ganó el criterio del tribunal se basa en que “Callejeros nos convocó para escuchar música, no para cuidarnos, el que debió cuidarnos fue el Estado, y no nos cuidó”.
La plaza Lavalle amaneció húmeda, fría, y con las banderas de tributo a “Los ángeles Callejeros”. Dos centenares de fans de la banda −entre ellos muchos sobrevivientes de la noche trágica− le hicieron el aguante al Pato y la banda. “Yo lo vi al Pato tirarse del escenario, negro del humo, y sacar gente”, contó Pablo Pettinaroli a La Capital mientras esperaba la sentencia ayer en Plaza Lavalle.
Pablo, de 25 años, del barrio porteño de Villa del Parque, cree que “hilando fino somos todos responsables, aunque no todos tenemos responsabilidad penal”. Cuando encendieron las candelas que luego provocaron el fuego que a su vez desató el desastre que costó 194 muertos, Pablo estaba ahí, a pasos. “También soy responsable porque tuve una actitud pasiva, yo no dije «no prendas la candela»”, reconoció. Pablo, igual que Federico, también sobreviviente y de 25 años, no la pasó fácil desde la noche de la tragedia hasta hoy. “A mí me pegó con picos de depresión, que por suerte fui superando, pero conozco muchos pibes que no pudieron entrar nunca más a un cine, que nunca más pudieron subirse a un subte”.
A menos de una cuadra de los sobrevivientes y fans de Callejeros, un grupo de familiares esperó la sentencia con banderas negras y la consigna “justicia”, como toda expresión. Para estos familiares la “justicia” sobre la que indagó obsesivamente Sócrates hace dos 2.500 años, no tiene idéntico significado que para los fans de Callejeros. Más bien lo contrario.
Para los familiares, también sobre Callejeros debió caer la condena. Y el tribunal los defraudó.
La banda toleraba el uso de pirotecnia, incluso la alentaba. Pero ante la catástrofe quedó arrasada, y entre las víctimas. El tribunal entendió que no merecían condena.
Muchos padres sintieron ayer bronca porque entendieron que fueron también los músicos quienes llevaron a sus hijos al callejón de la muerte.
¿Qué es la justicia?, desde la Grecia antigua a los tribunales de Buenos Aires, la pregunta sigue retumbando. l





























