Parte de la labor de la comunidad académica y profesional es la divulgación científica para convertir conceptos complejos, como lo es la energía nuclear, a unos más simples, sin obviar las relaciones y complejidades que los unen. Por su parte, como argentina, reconozco y asumo mi deber doble, de ingeniera y ciudadana, para mejorar el país.
En la Argentina, la energía nuclear provee aproximadamente el 7% de la generación eléctrica nacional, contando con tres centrales nucleares activas, Atucha I y II en Lima, Buenos Aires, y la Central Nuclear de Embalse, en Córdoba. Además, el país cuenta con tres centros atómicos que son referentes internacionales en materia de investigación, ubicados en Ezeiza, Constituyentes, y en Bariloche, donde se sitúa la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). El INVAP, empresa nacional de desarrollo tecnológico nuclear, espacial, de defensa y sistemas médicos, es otro claro ejemplo de una institución de referencia en diseño y exportación tecnológica a nivel internacional. Se destacan sus diseños de reactores de investigación y otros de carácter modular, reactores ‘pequeños’ con diseño flexible y capaces de ser construidos en serie (mejor conocidos por sus siglas en inglés, small modular reactors, SMRs), particularmente el ACR-300. Estos no son casos aislados de exportación de conocimiento y talento argentino, dado que INVAP es reconocida por haber exportado reactores de investigación a Australia y Egipto, entre otros. Además, la Argentina cuenta con centros de formación técnica y profesional de tecnología nuclear, como lo es el prestigioso Instituto Balseiro en Bariloche, junto con el Instituto de Tecnología Nuclear Dan Beninson en Ezeiza, ambos reconocidos a nivel internacional, por nombrar algunos.
A nivel mundial nos encontramos en pleno renacimiento de la energía nuclear, habiendo iniciado un periodo en el cual la construcción de reactores nucleares fue la más grande en los últimos treinta años, reporta agencia internacional de energía (IEA en inglés) en su revisión tecnológica de 2026. En la COP28 celebrada en 2023, se incluyó por primera vez en la historia a la energía nuclear en el balance mundial, reconociéndola así como una de las tecnologías de bajas emisiones de carbono necesarias para reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, en esta misma conferencia más de 20 países se comprometieron a triplicar la capacidad de generación eléctrica por medio de la energía nuclear para 2050. Es difícil no mencionar la importante contribución de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) para que este reconocimiento se lleve a cabo, con el orgullo que el director general de este organismo, Rafael Mariano Grossi, es argentino, brindando nuevamente otro ejemplo de cómo el país es un referente internacional en materia atómica.
Aún hoy, la energía nuclear enfrenta cierta aversión en la sociedad, y un análisis imparcial de esta tecnología contempla algunas de las razones detrás de esa opinión. Desde su concepción en simultáneo tanto como fuente energética como tecnología de destrucción con la bomba atómica, a los accidentes nucleares más notorios (léase, Three Mile Island en 1979, Chernobyl en 1986, y Fukushima en 2011), esta tecnología brinda un claro ejemplo de cómo el uso de esta puede ser para beneficio o daño de la sociedad. Entre los desafíos a afrontar, se destaca incertidumbre del manejo y eventual reciclaje de los residuos radiactivos, siendo importante mencionar que existen diversos proyectos que evalúan posibles soluciones a mediano y largo plazo, y que, a comparación con energías provenientes de los combustibles fósiles, el volumen de los desechos producidos es considerablemente menor. Una analogía que se hace en Estados Unidos es que todos los desechos nucleares producidos en EE. UU. en los setenta años de producción de energía nuclear (con 94 reactores comerciales activos), entran en una cancha de futbol americano (aproximadamente dos tercios del tamaño de una cancha estándar de futbol tradicional) a una altura menor a diez metros, según reporta el Instituto de Energía Nuclear de los Estados Unidos (NEI). A comparación, una sola central eléctrica convencional de carbón genera la misma cantidad de desechos en una hora.
Otra gran desventaja de los diseños convencionales de las centrales nucleares radica en que el costo y tiempo necesario de construcción, desde la selección del sitio apropiado e inicio de los requerimientos regulatorios, hasta el primer evento de criticalidad del reactor (léase, cuando comienza a generar energía), es un proceso costoso y largo. La solución a este problema es multifacética, desde los organismos regulatorios y gubernamentales, la comunidad profesional y científica con su labor divulgadora para convertir a la energía atómica en un tema accesible para el público en general, y hasta gran parte de la industria nacional, ya que el proceso de construcción de las centrales nucleares se vuelve más eficiente y barato a medida que se establece con regularidad la cadena de suministros.
La energía nuclear se renueva y reinventa día a día, con diseños variados de reactores modulares y soluciones a los problemas planteados previamente. A nivel mundial, este desarrollo va a la par con la inteligencia artificial, con gigantes tecnológicos, tales como Google y Microsoft, invirtiendo en el sector nuclear para dar respuesta a sus altos requerimientos energéticos en sus centros de datos.
Al final del día, esto es parte de un proceso y cambio que requiere el accionar de todos, y no recae únicamente en el sector energético. El cambio climático plantea el requerimiento de contemplar los efectos ambientales sin sacrificar la calidad de vida humana, particularmente en una sociedad que depende más y más de electricidad, y es acá donde se evidencia la necesidad de seguridad energética. La Argentina tiene una oportunidad única de agregar otro tipo de energía limpia a su porfolio de acción climática, destacando el rol de la energía nuclear como alternativa a los combustibles fósiles dado su capacidad de generar energía independientemente de la demanda energética o condición climática. Permitiendo una generación constante y confiable de energía, conocida como energía de capacidad de carga o base. Conjuntamente, otras energías renovables, como lo son la energía solar y eólica, deben ser implementadas para contemplar la dinámica de la demanda energética.
La energía nuclear, junto con la solar y eólica particularmente, no compiten entre sí por abastecer la demanda energética, son diferentes caras de la misma moneda en cuanto a sus fortalezas y debilidades inherentes. Estas tecnologías se complementan a la hora de responder la misma pregunta: ¿cómo proveer energía limpia a una sociedad cuyo desarrollo va en mano con el incremento de demanda energética?
Sobre el autor:
Ing. Agustina Jolly
Ing. Nuclear por la Universidad de California, Berkeley.
Doctorando en ingeniería nuclear por la Universidad de California, Berkeley.