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Marcelo Odebrecht, el príncipe caído

Antes de cumplir los 50, Marcelo Odebrecht dirigió la mayor constructora de América Latina. Fue el responsable de obras en todo el mundo, desde el estadio del equipo de básquet Miami Heat a usinas hidroeléctricas en Angola. Repartió sobornos, formó parte de un cartel de constructoras para repartirse licitaciones en Brasil y también en gran parte de América latina. El juez Sergio Moro, líder del proceso Lava Jato, lo detuvo y lo condenó a más de 19 años prisión. Entonces, el ex emperador de la obra pública firmó un acuerdo de delación premiada: habló, delató y redujo su prisión a 10 años de libertad bajo vigilancia. Después de dos años y medio en prisión, se fue a su mansión paulista, pero con una tobillera elecrónica que aún lleva.

Martes 18 de Junio de 2019

Antes de cumplir los 50, Marcelo Odebrecht dirigió la mayor constructora de América Latina. Fue el responsable de obras en todo el mundo, desde el estadio del equipo de básquet Miami Heat a usinas hidroeléctricas en Angola. Repartió sobornos, formó parte de un cartel de constructoras para repartirse licitaciones en Brasil y también en gran parte de América latina. El juez Sergio Moro, líder del proceso Lava Jato, lo detuvo y lo condenó a más de 19 años prisión. Entonces, el ex emperador de la obra pública firmó un acuerdo de delación premiada: habló, delató y redujo su prisión a 10 años de libertad bajo vigilancia. Después de dos años y medio en prisión, se fue a su mansión paulista, pero con una tobillera elecrónica que aún lleva.

A Marcelo Odebrecht le decían "el Príncipe": nieto del fundador y tercera generación de presidentes del grupo constructor de la familia, formó un conglomerado con actividades en otros sectores, como ingeniería, agricultura y petroquímica. Fue la mayor empresa privada de América latina y una de las más grandes del mundo en el rubro de las construcciones. Pero era un imperio hecho en gran medida al menos con sobornos. Pagaba tantas coimas que se debió crear un departamento contable interno dedicado a lo que se llamó en la jerga "caja dos".

Casado con Isabela y padre de tres hijas, Odebrecht cayó en desgracia el 19 de junio de 2015, día en que, por orden del juez Sergio Moro, fue detenido y acusado de pagar coimas a decenas de políticos de todas las tendencias para obtener contratos en la estatal Petrobras. El Lava Jato se había iniciado el año anterior, pero escaló ese día a la categoría de terremoto. Marcelo Odebrecth vio desde una celda cómo su apellido se convirtió en sinónimo de corrupción e ignominia, en Brasil y en el mundo.

Marcelo Odebrecht seguramente especuló con la impunidad de los poderosos. Creció como un heredero al trono de una casa real. Su vida fue entre algodones y llena de éxitos al frente de una multinacional impecable, fundada por su abuelo Norberto, en 1944, en Bahía. Hacia 1964 la compañía ya construía rutas, hidroeléctricas y centrales nucleares, como la de Angra dos Reis. Para 1979, se extendía a Perú y Chile y de "ahí al infinito y más allá", convirtiéndose en la mayor constructora de América latina y una de las mayores del mundo. El imperio crecía y Marcelo estudiaba: ingeniería civil primero, y maestría en negocios, después, en la exclusiva Suiza. Para 1992, ya ocupaba un sillón en la empresa familiar. Y sin cumplir aún los 40 años, asumió el control total del imperio. Con Marcelo Odebrecht, la empresa floreció con el viento de cola de la gestión de Lula da Silva, y luego de Dilma. Bajo los gobiernos del PT, Brasil se lanzaba a erigir obras faraónicas, y allí estaba Odebrecht para hacerlas realidad: nuevos estadios de fútbol, autopistas, aeropuertos. El Mundial de 2014, los Juegos Olímpicos. Y en el mundo se habrían más frentes de trabajo en decenas de países. Aquello era el paraíso para un monstruo empresarial. Pero para 2015, el implacable juez del Lava Jato Sergio Moro, desde un juzgado en Curitiba, se cruzó en el camino. Los fiscales del Lava Jato indagaron en los contratos públicos que dejaron al descubierto la trama corrupta de Odebrecht. El príncipe se vio entre rejas, en una celda de 12 m2. No tardó mucho en "hablar".

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