Brasilia._ Cuando Dilma Rousseff reciba mañana la banda presidencial de manos de Luiz Inacio Lula da Silva será un momento histórico para Brasil: el primer mandatario obrero entregará el poder a la primera mujer electa para gobernar el país. Lula delegará el mando a su ex ministra y aliada en la cúspide de su popularidad, con la economía en crecimiento y una sólida posición internacional.
Sin embargo, detrás de este cuadro favorable, emergen grandes desafíos para consolidar los avances económicos y sociales que permitan mejorar las condiciones de vida de la población, según analistas.
Los dos líderes, ambos del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), parecen figuras opuestas: mientras Lula no completó la educación básica y llegó al poder a base de su carisma, liderazgo y fuerte identificación con el pueblo, Rousseff es una economista de perfil técnico con fama de administradora eficiente.
Los analistas consideran que la futura presidenta, de 62 años, deberá empeñar toda su capacidad administrativa y experiencia de ocho años en el gobierno de Lula para afianzar los logros del mandatario saliente, que deja el poder con índices de popularidad de hasta un 87 por ciento.
"No es fácil". "No es fácil cuando se viene detrás de alguien tan popular", comentó el analista político Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación de Economía y Política en Washington. "La economía es lo que hizo a Lula tan popular: en su período el ingreso per cápita creció un 23 por ciento comparado con el 3,5 por ciento de su antecesor. El salario mínimo creció un 60 por ciento en términos reales, el desempleo cayó al nivel más bajo de la historia y se retomó la inversión pública. Los programas sociales aumentaron su popularidad entre los más pobres", agregó.
A su juicio, si Rousseff mantiene y expande esas iniciativas, no debería tener mayores dificultades para comandar los destinos de Brasil. No obstante, admitió que los desafíos aparecen con nitidez en el horizonte: un tipo de cambio sobrevalorado que afecta al sector manufacturero, tasas de interés excesivamente altas adoptadas para contener la inflación y la ausencia de una política de desarrollo.
Por su parte, el experto Amaury de Souza, de MCM Consultores en San Pablo, coincidió con esta visión. "La inflación está creciendo y el gobierno continúa gastando mucho con los beneficios para jubilados del sector público. El gasto público tendrá que ser reducido", advirtió Souza.
Rousseff también despertó cuestionamientos por el gabinete de gobierno que armó, aparentemente más orientado a satisfacer las demandas de los 10 partidos que sustentaron su candidatura que a ejecutar las políticas que pretende aplicar en su mandato.
Sin embargo, Lula -su más ferviente defensor- está convencido de que la futura presidenta tiene todas las condiciones para darle continuidad a su gobierno. Incluso anticipó que Rousseff será su candidata en los comicios de 2014 en caso de que ella decida disputar la reelección, un mensaje destinado a aplacar los rumores de que Lula aspirará a regresar a la presidencia ese año.
Una gran ventaja. Weisbrot acotó otra ventaja de Rousseff: su sólida capacidad administrativa, el talento que llevó a Lula a nombrarla ministra de Minas y Energía en su primer mandato (2003-2006) y secretaria general del gobierno en el segundo (2007-2010). "Ella tiene mucha experiencia administrativa, parece ser muy competente y tiene mucho conocimiento de cómo funciona el gobierno, en especial el sector energético", dijo Weisbrot.
Para Lula, esas ventajas son la garantía de que Rousseff "tendrá éxito, y mucho éxito, en el gobierno".