El pasado 03/09/2012, perdíamos al hombre que más habíamos amado en toda nuestras vidas: esposo, padrazo, abuelo ejemplar, bisabuelo bondadoso, pleno de ternura y ejemplo de vida en todo sentido. Cuando el corazón parecía partirse de dolor, cuando la angustia, tristeza e impotencia eran más grandes que lo que nuestro pecho y alma podían soportar, alguien ( muy cercano a nosotros) me dijo: "hoy el cielo está de fiesta". Ahí comprendí al instante que tenía razón, que el ángel que habíamos tenido a nuestro lado por 87 años estaba siendo esperado con gran algarabía en la Casa del Señor, me imaginé a los ángeles cantando sus mejores canciones para recibirlo. Imaginé al mismo Dios esperándolo en las puertas del Cielo para darle la bienvenida, y sobre todo lo imaginé a él, feliz, sonriente, sin más pesares. Dicen que Dios no te da a llevar una cruz más pesada de la que uno pueda soportar y él la llevó sin queja alguna. El Cielo se vistió de fiesta, llegó un nuevo ángel llamado Gino. Lo vamos a extrañar por siempre, la huella que dejó fue muy fuerte, su herencia de humildad y predisposición para ayudar a quien lo necesitara quedará gravada en nosotros y esperamos poder honrarla. Ahora miro el cielo y él me roba una sonrisa, a veces cae una lágrima pero él mismo se encarga de que no sea de tanto dolor, como cuando éramos chicas. "Si me amas no me llores". Nosotros te amamos papá y por eso miramos al cielo y casi siempre sonreímos.
































