Por una iniciativa del Ejecutivo, que demuestra así cuáles son sus prioridades o lo que entiende por las necesidades que reclaman los ciudadanos, el Parlamento, con la mayoría del partido gobernante, se dispone a aprobar una ley que autorizaría a votar a los extranjeros. En lo conceptual, y despojado de toda subjetividad, la medida no contradice los ideales libertarios de nuestra Constitución. Sin embargo, me parece que el análisis no debería realizarse considerando el impacto que esa medida pudiera tener en el presente o en el futuro inmediato, sino en el largo plazo y entonces habría que considerar variables subjetivas difíciles de cuantificar y definir pero que podrían poner en peligro la autodeterminación del pueblo argentino en el futuro. Veamos: en vastos sectores limítrofes de nuestro país la población asentada, y a veces en mayoría, son extranjeros, pero extranjeros con un concepto de Patria y de deber hacia con esa Patria que los hace actores dependientes, obedientes y dispuestos soldados a llevar adelante las políticas que se deciden en sus países de origen. En mi opinión, se harán ciudadanos argentinos con derecho al voto, pero estrecharán filas luego, y terminarán, en el largo plazo, votando a sus connacionales de nacimiento o a sus descendientes, quienes más tarde impondrán en la región o provincia las políticas que se originen en nuestros vecinos países. Se podría cuestionar este pensamiento, pero la sola posibilidad, aunque remota de que ello ocurra, debería, a mi juicio, desactivar la iniciativa.































