El jueves Santo fui a ver un partido de fútbol que jugaba el hijo de un amigo en el hermoso predio de Renato Cesarini. Los chicos de la categoría 96 nos estaban deleitando con un hermoso partido en el cual a pesar de estar el equipo local siempre arriba en el marcador (1 a 0, 2 a 1), no había diferencia. Era un partido de fútbol normal dentro y fuera de la cancha. Al regreso del descanso no sé qué le pasó al árbitro. Cuando el partido ya estaba 2 a 2, en una falta a favor de Renato Cesarini expulsó a dos jugadores de éstos (al 5, que manejaba el medio campo, y al arquero), inclinando la cancha de una manera tendenciosa. De ahí en más todas las faltas que cobró fueron para Central. Sé que no debería escribir esto porque fui a ver ganar a Central, pero yo no lo quiero ver triunfar así, con trampa no. Estoy seguro que si el rival y la cancha hubieran sido otros, donde corre mucha cerveza, esto terminaba con un árbitro golpeado y en las noticias policiales. Por eso, ya que hace una campaña contra la violencia, la liga rosarina tendría que revisar a los elementos que manda a las canchas por el bien de los jóvenes y del deporte.


































