Agustin Rossi, presidente del bloque oficial de diputados nacionales en su incesante búsqueda de "palenque pa´rascarse" aseveró que en la Argentina no hay una estadista como Cristina Fernández. En contraste, la señora presidente, con su habitual inteligencia y conocimiento de sí misma, reconoció durante su primer mandato no poder ser una estadista, sino una gobernante o conductora. Y tenía razón: si hubiese actuado como lo haría un estadista y no una dirigente partidaria no estaríamos atravesando lamentables situaciones sociales, económicas, desencuentros. Una persona con dotes de estadista rodeada del equipo adecuado hubiese unido a la Nación cortando por lo sano tanta habladuría, fricción, descontrol, corrupción, mentiras. Tengo una antigua enciclopedia Sopena como ayuda memoria que describe así las virtudes del estadista: paz y tranquilidad interior, equilibrio espiritual para tomar inmensas decisiones, muy desarrollada responsabilidad para gobernar todo un territorio, conocer población, folklore y necesidades de su pueblo y la entera Nación. Todo eso para ser autoridad política, gobernante, conductor y guía, mandatario y presidente, un eficaz administrador. Aún no lo tenemos.































