Podría contarme entre el 60 por ciento de los rosarinos que están conformes con vivir en esta ciudad. Aclaro que no reniego de mi origen santafesino, pues vine de Santa Fe para estudiar hace 60 años y me convertí en rosarino de adopción. "Está buena Rosario", podría decir Macri (¡Dios nos libre!). Pero no debemos regodearnos con el brillo de la cantidad de edificios altos y de vehículos nuevos, que se refiere solamente a lo grande y deja de lado lo más conveniente. El ladrillo, el cemento y los motores, además de las barreras de construcciones que limitan la circulación del aire, acumulan un calor que en todas las ciudades del mundo aumenta desde la periferia al centro por los motivos indicados. Esto no aparece únicamente en los libros especializados, sino que se ensaña con nosotros en los días veraniegos. Y se combina con otros rasgos de nuestro modo de vida "occidental y cristiano". Por ejemplo, dependemos de los aparatos que combaten el calor y que funcionan generalmente con energía eléctrica. Las instalaciones y mecanismos que producen y distribuyen la electricidad enfrentan dos desafíos. Uno es conservar su eficacia y el otro crecer para servir a cada vez más gente y cada vez más máquinas. O sea que se necesita prever crecimientos y prevenir dificultades. Estas son tareas lentas y poco visibles que no aportan votos. Aclaro que no concentro los cargos en los gobiernos actuales, porque existe una larga tradición de gobernantes que trabajan para los votos y no para la gente, preocupados por chicanas y pichuleos, arreglando las cosas con alambre y descuidando otras importantes que no lucen y son a largo plazo. ¿A quién se le ocurriría prever y reglamentar el crecimiento de una ciudad para que no sea caótica y se vuelva contra sus habitantes? Hay que cuidar los votos y además nunca faltan los que odian la palabra "reglamentar" y dicen defender una libertad que sirve para que se enriquezcan unos pocos. Si continuamos en el "cortoplacismo", tanto los que votamos y queremos resultados inmediatos, como los votados que no se animan a parar la pelota y la patean para adelante, nos esperan muchos veranos de horno.


































