Los vecinos que viven en las cuatro manzanas que rodean el anunciado centro de diversión nocturna de Zeballos y Presidente Roca tienen a partir de ahora junto a los problemas ya comunes de estacionamientos, desvalorización de sus propiedades y consecuencias derivadas de las aglomeraciones juveniles el de la indiferencia de nuestras autoridades al momento de atender sus reclamos. Quienes vivimos en zonas de "atracción turística", como se ha denominado el fenómeno del por ahora rectángulo delimitado por las calles Córdoba, Oroño, Avellaneda y el río sabemos de los problemas que genera en las noches la afluencia de cientos o miles de jóvenes deambulando con conductas que poco tienen que ver con la diversión y mucho con las excesivas ingestas de alcohol, el descontrol, daños a las propiedades, mobiliario urbano, ruidos de escapes de autos y motos, y alarmas que hacen imposible un descanso reparador. Desde orinar palieres, umbrales, sembrar de vidrios rotos de botellas vacías, pasando por las clásicas tocadas de timbres o pulsadores trabados con palitos o escarbadientes a tener que baldear veredas defecadas, son parte de los "encantos" de vivir en zonas de centros de diversión nocturna que los vecinos debemos soportar sin que autoridad alguna tome con responsabilidad las normativas de la convivencia, por otro lado ignoradas por nuestra sociedad y de nada fácil solución. Entiendo a los vecinos del nuevo emprendimiento que pese a las oposiciones se habilitará, porque la insonorización que implica altas inversiones en nuestra ciudad no cuenta ya que nuestras ordenanzas no solamente dejan huecos sin cubrir sino que el propio municipio es un colador, como quedó demostrado con el autódromo "clandestino" de la zona Sur luego de más de 25 años sin controles, con una muerte y disculpas de los funcionarios cuyas renuncias deberían estar ya en la mesa de la ética.



































