Muchas veces he intentado desentrañar la expresión gubernamental "ahora vamos por todo". No puedo descifrarla. ¿Qué se esconde tras ese "ir por todo"? Si ello supone gobernar sectariamente, controlar los medios masivos de comunicación y fijar los precios en góndola, distraer montos enormes del erario público para salvar empresas insalvables, quebrar la unidad sindical, completar un equipo judicial conveniente a sus manejos, irrumpir en los patrimonios individuales, manejar a discreción los fondos jubilatorios y las reservas del Banco Central, certificar estadísticas mentirosas, mantener como vicepresidente a uno que nadie quiere, no concretar planes para construir viviendas, no intercomunicar vialmente al país, no confiar en las bondades del sistema ferroviario, no inculcar la contraprestación del trabajo a los subsidiados, entonces no adhiero al actual "vamos por todo". Ahora bien, si recordamos estar en democracia y ese "ir por todo" significa gobernar para todos los argentinos sin distinción de ideologías, combatir seriamente la corrupción con una Justicia independiente, permitir actuar con libertad a los medios de comunicación, deshacerse de elementos humanos no queridos ni apoyados, defender el ahorro popular, no debilitar el sistema financiero, permitir el reagrupamiento que les corresponde a los trabajadores, ocupar a los desocupados para construir viviendas y rutas entonces sí me adhiero fervorosamente al "vamos por todo". Que así sea.































