El domingo a la tardecita Rosario Raúl Vera pasó a visitar a una de sus hermanas por su casa del barrio Toba de zona sur y se sumó a una reunión familiar en un pequeño patio delantero. “Tío, ¿querés comer pescado?”, lo invitó su sobrina de 15 años. El hombre accedió y se sentó a comer ahí mismo, pero la situación se desbordó y terminó en un crimen. Su cuñado intentó pegarle a su hermana, él salió a defenderla y terminó apuñalado, con una herida justo a la altura del corazón, que en pocos minutos se cobró su vida.
Por el crimen de Vera, un cartonero de 50 años y padre de un nene que vivía en la zona de Uriburu y Circunvalación, pocas horas después se entregó en la comisaría 19ª su cuñado Luis Medina, de 40 años. Es empleado municipal y trabaja en el Distrito Oeste, en un pañol de herramientas. Hoy será indagado por homicidio en el juzgado de Instrucción Nº 9.
“Mi tío era un hombre bueno. Tenía caballos, cirujeaba. No se metía con nadie”, lo describió casi en un lamento su sobrina María, de 15 años, que ayer a la tarde quedó al cuidado de la casa mientras su mamá y otros familiares acudían a la seccional. Todavía esperaban que les devolvieran el cuerpo de su tío para organizar el velorio.
Todo ocurrió en la casa donde vive la hermana de la víctima, Adela Vera, de 30 años. La vivienda está a la altura de Rouillón al 4300, pegada al centro de salud del barrio. La mujer vive allí desde hace 14 años. Al frente atiende un almacén con ayuda de sus hijos. “Flete” y “corto césped” dicen dos letreros pintados en la pared sin revocar. Dos actividades que la mujer realizaba con su pareja para mejorar una deshilachada economía familiar. Ella es mamá de María y de un nene de 7 años de una relación anterior. Junto con su actual marido tuvieron tres hijos: dos mellizos de 10 y una nena de un año.
En el pequeño patio tapialado del frente, el domingo alrededor de las 18 se habían reunido unas diez personas, entre ellas varios chicos. Luis Medina, el empleado municipal, estaba sentado en un banco y había bebido mucho, contó su hijastra y a la vez nuera, ya que María está en pareja con un hijo de Medina con quien tuvo un bebé. En ese estado, contó la chica, su “suegro” solía ponerse violento y golpeaba a Adela.
“Ella tiene un ojo de cristal, una pierna destrozada, una puñalada en la espalda. Muchas veces él le pegó. Mi mamá tiene miastenia gravis desde hace ocho años (una enfermedad autoinmune que provoca debilidad muscular,) y tiene que tomar medicación. No ve casi nada y no puede ponerse nerviosa”, dijo la chica.
En ese momento, contó, Luis quiso golpear a su mamá como otras veces pero el hermano de Adela se interpuso. “No le pegués a mi hermana porque va a haber problemas”, reaccionó Rosario Vera, a quien le decían Raúl, desde la mesita en la que empezaba a degustar el pescado. “Entonces vamos a tenerlos ahora”, respondió el dueño de casa. Vera le pegó una piña en el rostro. Desde adentro de la casa, uno de los cuatro hijos de Medina de un matrimonio anterior, “le alcanzó un cuchillo liso con el que Luis lo hincó a Raúl”. La hoja se hundió entre las costillas del cartonero, justo bajo el corazón.
El vidrio roto. Su contrincante entró en la casa y, desde adentro, le arrojó a su mujer un botellazo que rompió en pedazos la ventana que da al patio, donde Vera comenzaba a desangrarse. Luis se fue por una salida lateral. “Llamamos a la ambulancia pero acá no entra nadie. Un vecino llevó a mi tío en una chata hasta el hospital. Cuando llegó respiraba”, relató María. Su tío murió a poco de llegar al Heca.
Medina se presentó enseguida en la seccional 19ª. “Esa tarde mi tío le dijo a mi mamá que venía a visitarla porque era su hermana preferida. Después de lo que pasó estamos muy mal”, narró ayer por la tarde María, sentada en el mismo patio donde los recuerdos del crimen se mezclaban con juguetes caídos en el piso y, justo bajo una moto, una oscura mancha de sangre que revelaba el sitio exacto donde Raúl Vera encontró la muerte.