A medida que se afianzaba como país agroexportador, la Argentina de fines del siglo XIX reclamó la integración de su territorio a través de ferrocarril, un servicio esencial para conectar la producción con los puertos. Por eso, entre 1880 y 1890 empezaron a funcionar en el país las grandes empresas férreas Ferrocarril Sud y el Nuevo Ferrocarril Central Argentino, que ampliaron la red vial, construyeron talleres y grandes playones de concentración de trenes en cercanías de los puertos, así como estaciones. Para albergar a su personal jerárquico y técnico, las compañías fundaron pueblos y aldeas suburbanas: ese fue el origen del "pueblo de Fisher" o, siguiendo la voz británica, de "Fisher Town".






























