Sistemáticamente, cada tres meses, aumenta todo y el carrusel sigue girando en una marcha inflacionaria, tratándose de una enfermedad incurable en nuestra querida República. Es como si viéramos a la rueda gigante del parque de diversiones, donde a veces estamos arriba y otras veces abajo, y siempre igual. Esta situación, llevémosla a la vida cotidiana, donde los precios suben, los salarios suben; pero en algún momento los precios quedarán arriba y los salarios abajo, en forma constante. ¿No sería más convincente dejar en claro las reglas de juego donde las partes se comprometan (pero muy en serio) a no subir los precios y los salarios por lo menos en esta etapa, durante los próximos cuatro años, controlando todo de una manera adulta para que de una buena vez lograr congeniar una nación seria? Si yo me doy cuenta, ¿nuestros gobiernos de turno están en el limbo? Con qué envidia observo que en el primer mundo (mal llamado así), las más grandes fortunas están destinando el 50 por ciento de sus fondos para hacer estudios referentes a enfrentar en sociedad el nuevo futuro que ya se avecina; mientras, acá todavía se sigue acumulando las riquezas, cada vez en menos manos, haciéndonos creer que la culpa de todos los males la tiene la clase media. Yo creo que merecemos una clara explicación de lo que significa ser clase media, pues no es solamente tener dinero, sino que también es tener buena educación, buena formación laboral. Por otra parte, en los países del primer mundo es la clase media que los hace grandes. ¿Cómo es posible que no nos demos cuenta, que con esta inflación que vivimos se licuan constantemente todos los aumentos de sueldos conseguidos y a conseguir? Como dicen en los países serios, Argentina, es un país muy rico pero está lleno de habitantes pobres.



































