Interesado en conocer detalles de la Copa Mundial de Clubes de Fútbol, que se disputa en Japón, hace unos días me informé que el miércoles pasado jugarían las semifinales los clubes River Plate, de Argentina, con Sanfrecce Hiroshima, campeón de futbol japonés, y ayer los clubes Barcelona con Guangzhou, de la República Popular China. Y que los ganadores de esos dos partidos se enfrentarán en la final de la Copa, este domingo.
Al dormirme comencé a soñar con esos eventos, y a pesar de que despierto pensé en que era muy difícil que el equipo japonés pudiera vencer al equipo argentino, mi sueño me llevó al triunfo del club de Hiroshima.
Luego avancé hasta el domingo y contra todo el sentido común, en mi sueño volvió a ganar Sanfrecce Hiroshima contra el equipo más cotizado del mundo, con Messi, Suárez, Neymar y muchos otros de fama mundial. En mi sueño, en todo el mundo, a partir de la finalización del partido se armó un clamor en favor del equipo japonés y se pasó a elogiar su hazaña.
Se recordó la coincidencia con una fecha fundamental de la historia humana. Hace setenta años, el 6 de agosto de 1945, Hiroshima, su población, fue víctima de la explosión de la bomba atómica que provocó la muerte de cerca de ciento cincuenta mil habitantes y dejó heridos gravemente a más de cien mil.
Sigo soñando y llego a ver y escuchar expresiones en todo el mundo, desde los pueblos a sus gobernantes, elogiando la hazaña de Sanfrecce y asociándola al tremendo episodio de hace 70 años.
Obama, Putin, Hollande, Cameron, Xi Jinping, hacen referencias vinculantes. En todo el mundo se alza la voz de los pueblos. Es el momento.
Ban ki-Moon convoca a la Asamblea General de las Naciones Unidas y se resuelve iniciar el camino de la supresión de las armas nucleares con la conformidad del Consejo de Seguridad.
Me despierto. Sacudo mi cabeza. La realidad es otra. ¡Qué lástima, pero qué bueno es haberlo soñado!
Víctor Brindisi / Maestro uruguayo/Movimiento Educadores por la Paz