Según el diccionario de la Real Academia Española, charlatán es aquél que habla mucho y sin sustancia. En este sentido, quien escribe no tiene dudas: éste es el país de los charlatanes, de los que prometen y nunca cumplen, de los verborrágicos, de los que despiertan ilusiones y entusiasmo en los demás, de los que aseguran que harán algo y ese algo jamás se hace realidad. Lamentablemente, por esa gente, los argentinos no somos creíbles adonde vayamos. Hay mentirosos, embaucadores que le producen daños al conjunto social. Están enfermos mentalmente, necesitan un terapeuta urgente. Piensen los lectores en las situaciones que han padecido gracias a estos personajes, llámense funcionarios, jefes, gerentes, ciudadanos comunes. Seguramente, podrán escribir un libro al narrar cada caso. Esto hay que cambiar para conformar una sociedad mejor, donde todos sus integrantes sepan que mentir o engañar no conduce a nada. Pero, ese cambio es a partir de uno mismo, desde lo individual, tomando conciencia que ser veraz, transparente, consecuente, en suma, da como resultado una nación diferente. Los argentinos, muchas veces, somos reticentes a modificar ciertas costumbres, y por ese empecinamiento cometemos gruesos errores que perjudican a la comunidad toda. Y, así nos va.































