Un ladrón de 21 años muerto por un balazo en el pecho, y su hermano de 17
detenido, fue el resultado del robo a un locutorio y cíber de la zona sur de la ciudad ocurrido la
tarde del sábado. Hasta anoche, los investigadores del episodio decían no tener claro de dónde
partió el tiro que terminó con la vida del joven, aunque reconocieron que de la confusa sucesión de
hechos participó un sargento primero que atinó a pasar por el lugar y que efectuó "al menos un
disparo intimidatorio al aire" para abortar la fuga de los maleantes a bordo de una moto. Ese
efectivo ayer permanecía preso y su arma reglamentaria había sido secuestrada por disposición de la
Justicia para ser peritada.
Todo se desencadenó a partir de las 18.45 del sábado en el
locutorio ubicado en bulevar Oroño 3619, local que estaba a cargo de Jésica L., de 29 años. En ese
momento, dijeron los voceros, había un solo cliente en el lugar y fue entonces que dos jóvenes
llegaron a bordo de una moto.
Asustado por el chillido de la
alarma, el ladrón le arrebató al ocasional cliente un billete de 100 pesos que tenía en la mano y a
paso rápido salió a la calle, se subió a la moto en la que lo esperaba su cómplice y huyeron a toda
velocidad, en contramano y por bulevar Oroño hacia 24 de Septiembre.
En esos pocos metros que hicieron por
el bulevar fueron vistos por el sargento 1º Luis G., quien presta servicios en la comisaría 4ª y
que atinó a pasar por el lugar después de haber estacionado su vehículo particular en las
cercanías. El uniformado, aunque vestido de civil, "al escuchar la alarma del negocio y ver la
actitud sospechosa de los delincuentes que escapaban haciendo disparos al aire, les dio la voz de
alto y efectuó al menos un disparo intimidatorio al aire para detener la huida de los malhechores",
dijo un vocero policial.
"Un joven quedó sentado sobre la moto que estacionaron sobre la
vereda, frente a la puerta del locutorio, y su cómplice ingresó al local con un arma en la mano",
confió un pesquisa que participó de los primeros momentos de la investigación. Así las cosas, el
maleante amenazó a Jésica y le exigió la entrega del dinero. Pero la chica no se amilanó y, a
cambio de la poca plata recaudada, hizo sonar la alarma del negocio conectada al Comando
Radioeléctrico.
Disparos y forcejeo.
En tanto, junto a la moto quedó
tendido y sin vida el hermano y acompañante del menor, identificado como Sergio Daniel S., de 21
años y prontuario abierto. Tenía un balazo en el pecho que le afectó órganos vitales y terminó con
su vida en el acto.
Anoche, los investigadores del hecho
no contaban con el resultado de la autopsia que se le iba a realizar al joven ladrón fallecido y
que iba a permitir conocer el calibre del proyectil que lo alcanzó en el pecho. "Podría ser del
policía como de alguien aún anónimo que intervino en el episodio. No está establecido todavía
porque según el sargento Luis G. la moto cayó al pavimento después de escucharse un par de tiros y
él dice haber efectuado uno solo, al aire y en forma intimidatoria", confiaron las fuentes.
La comisaría 15ª inició las
actuaciones por su jurisdicción en el lugar del hecho pero, como el principal implicado es un
policía, la jueza de Instrucción 1ª, Roxana Bernardelli, dispuso que las mismas sean derivadas a la
División Judiciales de Jefatura y ordenó un estricto secreto de sumario que hizo casi imposible
reconstruir con certeza la secuencia que concluyó con la muerte del asaltante.
Lo cierto es que al llegar al cruce de Oroño y 24 de Septiembre los
ladrones, para evitar chocar contra un auto, rodaron por el piso con la moto. Enseguida llegó
corriendo el sargento Luis G., quien se tiró encima de quien conducía el rodado, forcejeó con él,
lo redujo y pudo esposarlo para detenerlo. Se trata de Cristian Eduardo S., de 17 años, quien según
los informes de Jefatura tendría antecedentes penales.
l
Silencio
En los dos casos que se relatan en estas páginas imperó el silencio. Primero de las
fuentes oficiales que dieron a conocerlos a 24 horas de ocurrido. Después, de la jueza de
Instrucción en turno. Es llamativo, porque en ambos episodios intervinieron agentes policiales que
no estaban en servicio.