No pude dejar de pensar al ver la película "Invictus" en ese arcoiris multiétnico, donde el blanco y el negro fueron integrados de la mano de Mandela en un pluralismo ideológico y racial. Con maestría Clint Eastwood no cesa de mostrar imágenes contrapuestas, como cuando empieza la película y de un lado se ve un partido de fútbol de niños negros y cruzando la calle un partido de jóvenes blancos jugando rugby. En un país de odios raciales, con un apartheid en su haber, Mandela que estuvo en prisión por un sistema, al que es capaz de perdonar e integrar en pos de la unidad de una nación, sería un modelo a imitar. En una escena, como un pantallazo, aparece un cartel que dice "Un equipo, una nación". A mis ojos asomaron algunas lágrimas de impotencia, porque siento que nuestra presidenta y todos los partidos opositores hacen lo imposible por agrietar esa pared que Mandela armaba con todos los ladrillos africanos, fueran del color que fueran. Ese arcoiris no es malo que exista, esas diferencias de colores, de ideas, hay que aceptarlas como un todo, para que la nación no se desintegre. La superación de nuestro país se dará cuando con las diferencias podamos componer un espectro indisoluble que nos ilumine y sea armónico en su diversidad y en su unidad.


































