Tipos raros realmente somos nosotros, los argentinos. Y por supuesto es necesario que me incluya a través de este relato. Cuando el mundo se sumerge en una crisis descomunal, nuestros índices florecen aliviados. Y cuando la realidad es a la inversa, como por ejemplo en el año 2001, nos contentamos diciendo que "Dios es argentino". Lo que ocurre es muy simple, en realidad es el espejo el que nos acosa a diario. Hoy, sin ir más lejos, los delincuentes que traspasan nuestras fronteras con chapas de "barras heroicos", y al llegar a destino en Sudáfrica nos los devuelven como lo que realmente son, "bastarda basura social". Pero qué pretendemos descubrir, con nuestro bagaje de fétida corrupción instalada en todos los estamentos de nuestra sociedad. Pero por favor conciudadanos, dejémonos de mostrar alardes y delirios de grandeza, y pongamos una vez por todas a los más honorables y lúcidos en los lugares más prominentes para conducir nuestra Nación. Porque yo les confieso que si algo nos sobra entre los argentinos es justamente talento. Y si bien es cierto que como dice el tango "veinte años no es nada", ojo al piojo que ya llevamos contados doscientos.


































