Josiv Visariónovich Dzugachvili, nacido en 1879 en Giorgia —país ya desaparecido—, al entrar en política trocó su nombre por el de Josef Stalin, apellido que deriva de la palabra rusa, stal —acero—. En La Capital del 30 de abril pasado, leímos: "La foto de Stalin, ausente en los actos por la victoria rusa sobre el nazismo". Detalle omitido de ex profeso por el presidente de Rusia durante el ceremonial de recepción por la visita a ese país de la canciller alemana, Angela Merkel. Si bien es cierto que para muchos ciudadanos rusos, Stalin está considerado como un héroe, para otros, según el historiador italiano Doménico Losurso, está calificado junto a Hitler, de "monstruos gemelos", por ser ambos criminales antisemitas. El 27 de diciembre de 1929, por decreto de Narodny Komissar o Sovnarkon, como se hacía llamar, lugarteniente de Stalin bajo el rubro de atracción turística de la era stalinista en la Siberia, oficializó hoteles como cárceles para todo ciudadano sindicado como traidor al pueblo soviético. Aquellos establecimientos de deskulakización recibieron el nombre de Campos de Trabajos Colectivos, que años más tarde serian rebautizados como "Gulag", para unificar todas las cárceles del país. Latifundios que aún existen y que Wikipedia los considera centros de torturas físicas y psicológicas. Aún resuena en nuestros oídos el tango "Nieve" de Agustín Magaldi, cuando allá por la mitad de la década del treinta del siglo pasado, cantaba: "...rumbo a Siberia mañana saldrá la caravana... quien sabe si el sol querrá iluminar nuestra marcha de horror. Este sistema de los gulags, no pasado mucho tiempo desde su creación, fue adoptado por varios países dictatoriales, entre ellos Alemania, donde funcionó en Auschwitz, el triste y célebre campo de exterminio contra los judíos. Así también, no faltó la gran nación de la libertad y de la democracia, Estados Unidos, que tuviese su gulag en Guantánamo, donde los reclusos gozan de playa, sol y arena, más un buen servicio de seguridad: tres guardianes para cada uno como custodia y protección. La lista de gulags internacionales pasa cómodamente la docena. En rigor del limitado espacio de esta sección, nos detenemos en nuestro gulag, la Escuela de Mecánica de la Armada, con un saldo de 30.000 desaparecidos y de qué forma.


































