Frente a mi necesidad de contar con un vehículo usado para movilizarme opté por dirigirme a una concesionaria oficial. Entendí que era el lugar adecuado porque la documentación debe estar necesariamente en regla y la condición técnica del vehículo ha de ser adecuada, sin trampas ni sorpresas. Craso error el mío. El vehículo en cuestión exteriormente representaba su verdadera edad de 5 años y estaba muy aceptable. Inspeccionando más a fondo observé que el cuentakilómetros indicaba un uso normal (137.000 kms). Pero encontré detalles sugestivos que me intrigaron. Traje un par de personas idóneas para que me asesoraran y descubrimos que el auto estuvo anteriormente propulsado por GNC, o sea con un uso mucho mayor que el indicado. Los lugares de fijación del tanque de gas habían sido hábilmente disimulados con prótex al igual que un trozo roto del piso del baúl. Obviamente, el auto estaba más elevado en su sección posterior. Al hacer la inspección más detallada descubrimos que el volante de dirección había sido repintado para disimular el desgaste. Asimismo no funcionaban los niveles de combustible ni marcador de velocidad, resultado de un trabajo defectuoso al retrasar el kilometraje. La radio funcionaba sólo en AM, no así en FM. Y así podría seguir indefinidamente. Concretando, informo que algunas concesionarias oficiales no son serias y proceden igual que muchos revendedores desconocidos y sin cartel. Por razones obvias no puedo dar el nombre de esa concesionaria: sólo sé que representa a una marca francesa y la ubicación está en calle Mitre, entre Montevideo y Zeballos.




































