Durante la ceremonia de la misa, en el momento de las ofrendas, cada feligrés ofrece su limosna. Estando en mi primer año de la secundaria, en plena formación de mi persona, fue que recurrí a un sacerdote muy joven (tal vez para alivianar el peso de la culpa que lleva un “pecador”) para sacarme una duda. “Padre, ¿cúanto tiene uno que poner de plata en la limosna?”. Él me respondió: “Obligación no tenés ninguna, pero si lo hacés, que sea de corazón y respecto al monto un importe que te cueste”. ¿Que me cueste? “Claro, que ese dinero dado te prive, por ejemplo de ir al cine, o de comer una hamburguesa con tus amigos”. “¿Y qué se hace con ese dinero?”. “Bueno, por ejemplo se compran alimentos con los que les damos de comer todos los días a personas en situación de calle…” Comprendí en ese momento, sin saberlo, el concepto de “redistribución de la riqueza”. Son muchos los puntos que se les critican a este gobierno. Y posiblemente sean todos o muchos de ellos reales. No es mi intención hacer una “fundamentalista defensa” de estos últimos 10 años. Sí, en particular, hablar de una sola medida tomada por este gobierno que expresa de manera nítida “la doble moral de los argentinos”. Creo que de haberse dado cuenta (y permítanme la arrogancia), este proyecto no hubiera tenido problemas en tener continuidad por cuatro años más. Considero como una de las injusticias más grandes de la vida que “la distancia que existe entre una persona pobre y una persona rica sea infinita”. Y, si bien lo enunciado es una injusticia en sí misma, la hace mayor el hecho de que una persona no hace ningún mérito para ser millonaria, sencillamente el destino hace que lo sea. Siguiendo el mismo razonamiento, ¿qué culpa tiene una persona que nace en un rancho con techo de chapas, que padece con su familia 40 grados de calor en verano y 10 bajo cero en invierno? Su destino al nacer ya está sentenciado. Podrá ser cartonero o ayudante de albañil, o trabajador en el puerto, o hacedor de zanjas. Los “negros de mierda” son eso, personas que tuvieron la mala suerte de nacer en una villa. Es ahí cuando a uno le viene el sueño de ser Robin Hood, sacarle al más rico para darle al más pobre. Pero es el gobierno, quien debe subsanar esta injusticia. Fueron dos las medidas a tal efecto. Una la de ponerle retenciones al campo. Es una locura pagar 40.000 pesos de retenciones, dijo un chacarero, tanta locura como ganar 3.000.000 de pesos proporcionales a tal retención. Personas con 500,1.000,10.000 hectáreas lloran como indigentes que viven en una plaza. Pagar la asignación universal por hijo es darles una ayuda a los pobres, garantizar el calendario de vacunas (disminuyendo la mortalidad infantil) y asegurar el cursado de la escuela, para darles una herramienta más a “los negritos”, así pueden defenderse en la sociedad. Ojo, que tengo claro que ganancia no debe gravar a la clase media baja, que sólo le alcanza lo que ganan para vivir. Sí a la gente acomodada que de ninguna manera acepta compartir una partecita de lo mucho que gana, por pensar que eso es literalmente un robo o una confiscación. Hay que ser solidarios, dicen, pero cuando les tocan el bolsillo, doble moral.
Gustavo Pignani
DNI 18.112.932
Como una mueca macabra del destino, el viernes 13 de noviembre un viento desolador de odio y muerte se llevó más de 130 vidas en la que fuera mi hogar durante casi ocho largos años. Muchos recuerdos se agolparon, buscando salir a gritar una impotencia sin límites. Mis viejos amigos, que me abrieron sus hogares y su solidaridad, están sufriendo. Mis estudios, trabajos y sueños por recuperar la vida en Argentina algún día. Se los debo en gran parte. Mi padre, a quien no veía desde hacía seis años recorriendo con una mirada casi adolescente, la París de 1981, justo en el momento de un ballottage histórico; Miterrand –socialista– enfrentaba a Giscard, –gaullista –. Disfrutaba charlar –como podía, claro está– con todos y cada uno. Mi padre festejaba la democracia en su plenitud; el derecho de elegir libremente. Sin obstáculos ni miedos. Argentina. Fines de noviembre. Transitamos los últimos días hacia el primer ballottage argentino. La primera vuelta dejó una señal inequívoca de hartazgo hacia el gobierno saliente. Atrás quedan 12 años, tres gobiernos distribuidos entre dos personas. Empieza a quedar atrás también una forma de concebir el poder, con una enorme concentración en el Ejecutivo, principalmente de cajas financieras (impuesto al cheque, a las ganancias, retenciones, entre otras), luego de medios de comunicación (la inmensa mayoría de los medios audiovisuales y en menor medida gráficos y radiales dependen directa o indirectamente del gobierno) y una voz de mando todopoderosa sobre gobernadores, que sin el auxilio del Ejecutivo nacional no alcanzan a cubrir los gastos corrientes. La corrupción infiltrando impúdicamente toda la estructura del Estado. Pero ya finaliza este período. Por último, se empieza a desvanecer un relato modelado sobre la trágica historia argentina reciente, que nace un 24 de abril de 2004 cuando en la Esma, Nestor Kirchner pide perdón por “20 años de silencio del Estado argentino”. Había olvidado –y borrado de un plumazo– el fundacional juicio a las juntas militares, decretado por Raúl Alfonsín apenas cinco días después de asumir (Decreto 158, del 15-12-1983), contra Fuerzas Armadas con su logística intacta y a sus jefes militares. Un despropósito. De todos modos el balance final de estos 12 años no se ha realizado aún y tomará un tiempo para que así suceda. De lo que sí estoy seguro es que esta fisura premeditada en que se arrojó a la población argentina, con la vieja premisa, dividir para reinar, deberá ser una de las tareas inmediatas a realizar por las futuras autoridades argentinas y también por cada uno de nosotros. Ayer tuvimos una fiesta de la democracia, poder elegir en libertad. Un rumbo, un camino, otro modelo de sociedad. Personalmente lo hice con la emoción del recuerdo de mi padre, disfrutando de su único ballottage, allá en la lejana París de hace 34 años. Miterrand finalmente ganó y Francia alternó, desde ese entonces en el poder a presidentes socialistas y gaullistas sin ninguna dificultad, como debe ser en una verdadera sociedad democrática. Aunque ahora los vientos de la muerte los golpeen como pocas veces en su historia y yo piense en ellos sin descanso. Francia me sigue enseñando que debemos disfrutar una tierra en paz y una democracia en plenitud. Finalmente, los días grises se están terminando.
Oscar Dinova
De eso no se habla
Mucho se habla de los “meses” de vacaciones que tienen los docentes, de las ausencias y licencias, de los días de paro. Ahora bien, de aquellos que tenemos la vocación, nos comprometemos con nuestro trabajo día a día, creemos que la educación puede cambiar al mundo, creemos en las personas que tenemos adelante, los alentamos para que ellos crean también en sus capacidades, y vamos más allá de nuestra asignatura, porque así lo sentimos y porque fue nuestra elección ser docente, de eso no se habla. Ingresamos a la docencia y pasamos años trabajando de reemplazantes, en Rosario, o fuera de la ciudad; pasamos a interinos, llegamos a una institución, permanecemos en ella años, en mi caso cinco, conozco personas que más, y luego por un sistema, no sabemos cuál va a ser nuestro destino. No importa tu trabajo realizado en el último tiempo, tu compromiso con la institución, tu conocimiento de la realidad que se desarrolla en ella, los lazos formados con los alumnos y cada miembro de la institución. Nada importa, de esto tampoco se habla. Es un sistema que funciona así y hay que acostumbrarse. Todos los docentes dicen lo mismo: “No te preocupes, todos pasamos por lo mismo”, o lo están atravesando, a pesar de tener años en la docencia. ¿Para qué reflexionar sobre este punto, verdad? ¿Nunca nadie se preguntó por qué el sistema funciona así? Creo que este es un gran desgaste que sufrimos los docentes, y parece que a nadie le interesa. Eso sí, las exigencias y los desafíos que se le presentan al docente son cada vez más grandes. Mientras tanto lucha también con la estabilidad laboral y la de su familia. Próximos a un nuevo concurso, deseo que todos tengamos trabajo.
María Belén Louha
Suba general de inmuebles
En mi calidad de contribuyente de la tasa general de inmueble digo: el gobierno representado por Mónica Fein, solo analiza la suba de servicios, tasas, contribuciones, pero no tiene en cuenta el perjuicio que está causando a los propietarios linderos y otros, con la autorización a construir edificios de tres plantas, en zonas residenciales, (barrios de casa bajas), originando encerronas, mayores consumos de luz, gas, cloacas, escurrimiento natural y otros.
Mi pregunta es quiénes serán responsables de la desvalorización que sufrirán dichos inmuebles, ya que los funcionarios pasan y los daños quedan. El ciudadano común debería conocer que puede hacer reserva de derechos de reclamar indemnización por disminución de valor de su propiedad, sin perjuicio de integrar una acción colectiva contra la Municipalidad de Rosario, que impulse el resarcimiento por pérdida de valor de inmuebles de la zona.
Sin otro particular, la saludo atentamente.
Angela Mabel Carosi
Los árboles mueren de pie
El dramaturgo español Alejandro Rodríguez Álvarez, más conocido como Alejandro Casona, publicó en 1949 la conocida obra teatral “Los árboles mueren de pie”. Los que no mueren de pie son los árboles abatidos por las tormentas, que en el mejor de los casos terminan su existencia forestal obstruyendo una vereda o una calzada, pero que algunas veces caen sobre casas y automotores provocando serios daños materiales, molestias y lo que es peor, accidentes personales leves, graves y hasta fatales. La tormenta del jueves 19 en nuestra ciudad, hizo que un jacarandá aplastara un auto y dañara un camión en avenida Francia y Catamarca; en tanto que un palo borracho en la zona de Alberdi cayó sobre una casa de Larrechea al 1700, cortando además cables eléctricos y telefónicos, afectando asimismo a un coche estacionado frente a la vivienda. Felizmente, en ambos casos no hubo que lamentar víctimas por esos milagros del destino. Se sabe que los vecinos reclaman a la Dirección de Parques y Paseos, por ejemplares de gran porte que presentan inquietantes indicios de sustentabilidad; pero tal vez por la extensión del parque arbóreo los reclamos no siempre son atendidos. Los concejales María Eugenia Schmuck y Sebastián Chale elevaron en abril pasado a la Municipalidad un pedido de informes sobre el trabajo cumplido por la citada Dirección, porque al parecer no cumple con el debido mantenimiento del arbolado en el área urbana. Con el famoso y preocupante fenómeno del “Niño”, está pronosticado un verano en la zona Litoral que pasará a la historia climatológica por las profusas lluvias y vientos intensos.
Precipitaciones, vientos, árboles añosos y raíces deterioradas constituyen un potencial peligro. Por eso creo que la Dirección de Parques y Paseos de Rosario y la región, deberán extremar recursos humanos y técnicos para prevenir en lo posible accidentes. Nada de creer aquello de que “los árboles mueren de pie”.
Edgardo Urraco